La familia de Carmen Erosa González vino de Cancún, Quintana Roo, para aprovechar el “puente” de la Revolución Mexicana en Mérida, pero la sorprendió una torrencial lluvia en el parque zoológico del Centenario que terminó abruptamente su paseo dominical.
Carmen Erosa llegó acompañado de su padre, Gustavo Erosa, y de sus nietos Sebastián y Natalia. Llegaron al Centenario a las 9:30 de la mañana.
En ese momento el tiempo era agradable, el sol brillante y una multitud disfrutaba los juegos infantiles, la observación de animales cautivos, de las botanitas y la sombra los frondosos árboles que cubren los andadores de todo el parque de diversiones.
Lo primero que hizo cuando entró en el Centenario fue comprar boletos para el paseo en el icónico trenecito.
Le costó a un $1 cada boleto, pero como todavía no arrancaban las locomotoras decidió recorrer un rato el área de animales.
No sabía que el trenecito es como un “rockstar” que atrae multitudes. Cuando llegó a la formación de la larga fila empezó una ligera llovizna, pero arreció y se convirtió en un torrencial aguacero de más de una hora.
Venta de nailon, un buen negocio
La gente sorprendida buscó refugio debajo de los toldos del teatro, en el área de restaurantes, en la estación del trenecito y en todo lugar que tuviera algún techo y protegiera a los niños y toda persona de la lluvia.
De repente apareció un vendedor de impermeables y nailon y en cuestión de minutos agotó la cantidad que tenía a la mano. Hizo su “agosto” en noviembre porque vendió los impermeables a $30 el de adulto y $25 el de niños.
Ella compró cuatro impermeables, es que así gastó $110 en esos plásticos.
A este gasto inesperado habría que sumarle los juguetes inflables de sus nietos: al varón le compró uno de figura de tigre en $70 y a la niña una de flamenco en $50 que se desinfló en minutos durante la búsqueda de un refugio que los proteja del agua de lluvia.
Con este inconveniente, la familia de Cancún no pudo disfrutar el día familiar ni del primer día del “puente” por el aguacero.
“Venimos desde Cancún por el bendito ‘puente’, pero nos agarró la bendita lluvia”, dijo entre sonrisas la visitante. “Llegamos a las 9 y media, como no empezaba a dar vueltas el trenecito nos pusimos a pasear, compré mis boletos, pero en eso nos agarró la lluvia”.
Aunque no se molestó por el gasto y por no subir al trenecito, Carmen Erosa consideró que fue un mal domingo de paseo por la lluvia y la mojada, pero esperaba que el tiempo le permitiera disfrutar otros lugares de la ciudad.
“El señor de los plásticos hizo su ‘agosto’, los vendió todos”, dijo sonriente.
La lluvia matutina no solo mojó y terminó abruptamente el paseo dominical de cientos de personas que estuvieron en el Centenario desde la mañana, sino que puso en apuros a los padres de familia con niños pequeños que no llevaron paraguas, nailon o algún artículo que los proteja del aguacero.
Desesperados, compraron bolsas de basura que habilitaron como impermeables o se resguardaron debajo de las grandes sombrillas de los vendedores ambulantes o fijos quienes no alcanzaron lugar en los toldos y techos de concreto.
Creciente
El agua también afectó el litoral oriente del estado, aunque en este caso no fue por la lluvia.
Una creciente sorprendió a los habitantes de los puertos de San Felipe, Río Lagartos y Las Coloradas la tarde de ayer, pues agua del mar inundó varias calles.
Pescadores tuvieron que buscar espacios seguros para resguardar sus embarcaciones para que no sufran daños y se espera que hoy lunes el agua regrese a su estado normal después de este fenómeno natural.
Los efectos se empezaron a sentir desde la tarde del viernes cuando los vientos arreciaron, pero no se había notado que el agua rebase el malecón para adentrarse a las vías de circulación de la comunidad.
Durante la inauguración del festival del pulpo generaban una temperatura agradable y frío para quienes no están acostumbrados al clima que se deja sentir.
Ayer no se registraron lluvias, por lo que existe seguridad de que se trata de la creciente que provoca la posible cercanía de algún fenómeno natural del que ya están acostumbrados los porteños.
En San Felipe los signos de la creciente se notaron en la zona conocida como Playa Bonita, donde el agua alcanzó las letras en las que suelen colgar hamacas los visitantes, sobre todo en la temporada soleada de Semana Santa.
En la zona del malecón algunas embarcaciones fueron aseguradas para evitar los golpes con los muros de contención, mientras que en Río Lagartos alcanzó algunas habitaciones cercabas a la orilla del río donde se fondean las lanchas.
Hasta al caer la noche, Protección Civil reportaba que no se habían registrado daños en embarcaciones, tampoco fue necesario desalojar a quienes habitan cerca de las zonas donde el agua logró llegar.— Joaquín Chan Caamal / Isauro Chi Díaz
