MÉRIDA, Yucatán.— El artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano señala, a la letra: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”, a pesar de lo anterior, los casos de allanamiento y de abuso policial cometidos por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Yucatán, continúan.
Una familia del fraccionamiento Chenkú acusó a policías de esta corporación, asignados al Sector Poniente, de cometer abuso de autoridad —y otros delitos como lesiones, daño y robo— al ingresar sin permiso u orden judicial a su vivienda, con el pretexto de detener a una persona señalada como ladrón por una joven que, al final, se habría desistido de la denuncia por “confusión”.
Tarde de horror en Chenkú
De acuerdo a lo relatado por la joven K. C. P., los hechos ocurrieron el viernes 17 de febrero entre las 4:30 y las 5 de la tarde en una vivienda ubicada muy cerca del campo deportivo del fraccionamiento Chenkú, media hora después de que, una persona de nombre Eduardo A. C., llegara a dicho lugar donde también funciona un negocio.
“Ese muchacho llegó a la tienda, que es también nuestra casa, y yo cerré la reja porque lo invitamos a comer. Como media hora después llegaron las unidades 4000, 4003, 6447 y 4466 de la Secretaría de Seguridad Pública y los policías nos dijeron que les abramos porque lo iban a detener, que porque una muchacha, que estaba con ellos, lo estaba señalando de robar en un coche”, dijo la joven.
La persona que relató los hechos explicó que el joven señalado dio la cara a los agentes de la SSP y a quienes explicó que estaba llegando de su trabajo, por lo que, a petición de los uniformados y para demostrar que no había participado en ningún delito, abrió su mochila y sacó sus pertenencias para que los oficiales y la joven que lo acusaba las vieran.
“¿Alguna de estas cosas es suya?“, le perguntó el joven a los policías y a la que denunciaba el robo y ella dijo que no, aunque no desistió, en ese momento, de su queja.
Policías insisten en realizar la detención
Ante la insistencia en los señalamientos por parte de la mujer, los policías insistieron a los propietarios del domicilio que abrieran las puertas para que puedan efectuar la detención, pero al no haber un fundamento legal o válido para la acción, flagrancia en el supuesto y no existir un objeto material del delito, como indica el “Protocolo de actuación del primer respondiente”, los ciudadanos se negaron a permitirles la entrada.
Entonces, uno de los agentes fue por una cizalla que estaba en la patrulla y con ella comenzó a cortar los candados del negocio para ingresar a la propiedad privada, sin permiso de los propietarios.
“Mientras unos cortaban los candado, llegaron más policías y se subieron al techo de mi casa para brincar hacia el patio y poder entrar por atrás“, señala la denunciante.
Segundo intento de diálogo con los elementos de la SSP
La joven explicó que, en ese momento, llegó a la casa el señor José Armando C. C. de 62 años de edad, padre de la denunciante, quien tiene una discapacidad consecuencia de un accidente de tránsito y cuenta con prótesis internas que le permiten caminar apoyado con muletas, quien en un primer momento trató de platicar con los agentes, pero éstos se comportaron de manera agresiva con él y lo acusaron de ser cómplice de robo.
“¿Tú viste que robó? Muéstrame las pruebas; es más bájate del techo de mi casa”, dijo el señor a los agentes. “Vamos a entrar. Y te callas, porque si no, piso este block para que se caiga en tu cabeza. Tu casa está fichada”, recibió como respuesta de uno de los elementos uniformados.
“Tengo órdenes de Vila y Saidén”, aseguró un policía
Cuando el hombre abrió la reja para entrar a su vivienda, los elementos uniformados trataron de ingresar a la fuerza, K. C. P. y su padre trataron de forcejear con ellos para evitar que entren.
“Mi papá les dijo que si no tienen una orden de un juez para entrar no van a entrar, pero el policía le dijo a mi papá ‘tengo órdenes de Vila y Saidén de que si tengo que entrar a las casas, me meta sin permiso para detener a alguien’. Entonces a mí me empujaron, a mi papá lo tiraron al piso. Uno de ellos vino, me agarró del cuello y entre dos me tiraron al suelo para quitarme mi teléfono con el que estaba grabando y los puso en su bolsa. Los otros agarraron a mi papá y él comenzó a decirles que tenía fracturas en una pierna y que había tenido cuatro operaciones, que lo iban a lastimar o volver a fracturar, pero un policía le dijo ‘si yo quiero te fracturo las dos piernas’. Le pusieron las esposas y lo arrastraron hasta la calle, lo estaban golpeando, lo estaban pateando, pisando…” relata la quejosa, quien explica que los policías causaron destrozos dentro de su negocio y amenazaron con romper todas las vitrinas si el muchacho no se entregaba.
Lesionan a una mujer y a una menor de edad
Durante la agresión y el uso de la fuerza injustificada, los elementos también lesionaron a una mujer, madre de K. C. P, y a una niña de seis años de edad, a quien uno de los agentes empujó y le causó una herida cortante en un dedo con las esposas.
La joven explicó que, para evitar que los policías lleguen a más, el muchacho se entregó y se lo llevaron detenido. También se iban a llevar al señor por “entorpecer la labor policial“, pero uno de ellos se percató de que las esposas le habían provocado una herida cortante y le dijo a su compañero que “mejor no”, porque estaba lesionado. El policía que arrebató el dispositivo móvil lo entregó a su dueña, pero ya había borrado los vídeos y las fotos de la acción policial, las únicas que se guardaron fueron las que se fueron a la “carpeta segura“, indicó la quejosa.
Ya entrada la noche, comenta la mujer, los mismos policías regresaron a la casa y dijeron que les “comentaron que algo había pasado.” “Mi papá les empezó a relatar porque no los había reconocido, pero uno de ellos lo empezó a culpar y le empezó a decir que fue su culpa por meterse y que qué raro que ahora sí use sus muletas’“, dice.
Vecinos, testigos de la agresión
En la zona se entrevistó a varios vecinos, una de ellas dijo que fue testigo de la agresión, observó desde que los oficiales se metieron a la casa, golpearon a la joven y la violencia que ejercieron en contra de José Armando. “En la noche, como a las dos horas regresó y se hizo pasar como comandante de la zona. Pero como lo reconocí, le dije que qué pregunta si él lo hizo, pero no me respondió y le dijo a su compañero ‘vámonos, vámonos’ y se fueron”, dijo la vecina.
Otros vecinos se limitaron a decir que sí observaron la agresión y la forma en que los agentes entraron a la casa. Otros señalaron que hubo personas que grabaron la agresión, pero los policías se acercaron a ellos y le dijeron que “cuidadito y lo suban a redes. Mejor no se busquen problemas”.
Turnado a la FGE “por amenazas” y liberado sin cargos
Sin dar detalles de la actuación policial, se le preguntó a la SSP sobre la detención de la persona señalada como E. A. C. confirmando que sí estuvo en la cárcel pública ese mismo día viernes 17, pero indicaron que fue turnado a la Fiscalía General del Estado por “amenazas”, es decir, la policía lo detuvo por robo, que fue la primera acusación que le hicieron, posteriormente, se pudo averiguar que la persona que lo había acusado se habría desistido con el argumento de que “lo confundió”. Finalmente el detenido, se supo, fue liberado el domingo 19 sin ningún cargo en su contra.
Queja ante Derechos Humanos
Don José señaló que ese mismo día su familia llamó a la Comisión Estatal de Derechos Humanos para presentar una queja la cual quedó asentada con el número “96”, pero también les dijeron que en caso de no acudir en los siguientes cinco días a la Codhey a ratificar la queja, la denuncia sería desechada. “Yo gano 50 o 60 pesos al día, tengo una discapacidad ¿cómo voy a ir hasta la colonia México? NO tengo dinero. El dinero que teníamos en una latita se lo llevaron los policías, el dinero para que pague mi veta se lo llevaron ellos”, señaló don José Armando.
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