Como cada año, la comunidad libanesa que vive en Mérida conmemoró el Día Mundial del Migrante Libanés y destacó la presencia de estos extranjeros en Yucatán desde hace 150 años.
El Club Libanés de Mérida, que preside el licenciado Ricardo Elías Dájer Lixa, organizó tres actividades hoy domingo para conmemorar esta efeméride en la ciudad: una mini expo de fotografías, objetos antiguos árabes, ropa tradicional y una narrativa de la historia de algunos destacados libaneses de Yucatán; una ofrenda floral ante el monumento del migrante, y una misa católica que ofició el presbítero Luis Alfonso Rebolledo Alcocer, sacerdote de la iglesia Nuestra Señora de Líbano y rector del Seminario Conciliar de Yucatán.
El presidente del Club Libanés, Ricardo Elías Dájer Lixa, y su padre Ricardo Dájer Nahum, cónsul honorario del gobierno de Líbano en Mérida, fueron los oradores de esta conmemoración realizada en el Club Libanés de la ciudad y ambos destacaron el esfuerzo del trabajo, el espíritu de lucha, el deseo de prosperidad de los libaneses venidos a Yucatán, su alta identidad y permanencia del máximo valor que los distingue: su unidad familiar.

“Durante la segunda mitad del siglo XIX nuestros ancestros tomaron la valiente y dolorosa decisión de abandonar su país de origen, dejar atrás su trabajo, su cultura, su patria y su familia para buscar nuevos horizontes y mejores oportunidades de vida”, destacó Dájer Lixa en su discurso.
“Es muy importante hacer patente el enorme agradecimiento a México por recibirlos y en especial a Yucatán que es el gran estado que les brindó nuevas oportunidades para que forjen una nueva historia que sigue vigente al día de hoy”, señaló el joven dirigente.
“Cada segundo domingo de marzo se conmemora el Día Mundial del Migrante Libanés, preparamos una exposición pequeña para resaltar los valores de nuestros ancestros que es fundamental para nosotros las nuevas generaciones estar conscientes de nuestra herencia, la cual es vital para fortalecer esta comunidad para que sea unida y solidaria. Es indispensable seguir conociendo y difundiendo los valores de nuestra cultura de nuestros antepasados, es un gran legado que hoy nos
distingue y representa”.

En su turno, Dájer Nahum dijo que hace 150 años empezó esta gesta de sus ancestros libaneses cuando se atrevieron a sacar la casta y cruzar a otro continente y llegar a esta parte del mundo que es México y Yucatán. Dijo que la exposición montada en el lobby del Club Libanés es apenas una pincelada del trabajo exitoso y esforzado y el compromiso social de los primeros migrantes que llegaron a Yucatán.
“Vinieron a trabajar duro y lograron el éxito con la cultura del esfuerzo, tenían compromiso social, como lo demostró el señor Cabalán Macari Tayun, quien donó en su totalidad el edificio de la escuela secundaria número 1 ‘Agustín Vadillo Cicero’”, recordó.
La comunidad libanesa ha logrado perpetuar su presencia en Mérida no solo con el club social y la iglesia, sino que el Ayuntamiento de Mérida le ha dado nombre a dos avenidas que reconoce a ese país: avenida Líbano y avenida “doctor Fernando Elías Dájer Nahum”.

De acuerdo con el cónsul honorario Ricardo Dájer, en Yucatán hay una comunidad de casi 8,000 personas de origen libanés que conservan sus apellidos, pero la cifra llegaría a unos 10,000 porque muchas personas perdieron el apellido original porque se casaron con mexicanos o porque adoptaron el apellido español en vez del árabe.
En las últimas décadas, Quintana Roo está captando mayor número de migrantes libaneses por su condición de polo turístico y ya supera a Yucatán. Con datos extraoficiales sabe que en Quintana Roo, principalmente Cancún, han llegado 200 familias y en Yucatán unas 20.
La crisis bélica y desastres naturales en el Medio Oriente no ha ocasionado una llegada masiva de libaneses a la Península de Yucatán.

En la exposición libanesa se exhibió una máquina de escribir con teclado en idioma árabe que usó el cónsul honorario Juan Macari Canan, un telégrafo donde se comunicaban y realizaban operaciones comerciales, un bate y pelota del destacado beisbolista Zacarías Auais Kmaid, inquilino del Salón de la Fama del Deporte Yucateco, maletas y pequeños textos de empresarios exitosos como la señora América Mir Abud, una costurera que tuvo una fábrica y tienda en Ciudad de México y emigró a Texas, Estados Unidos, donde se dedicó a la alta costura hasta su fallecimiento; don Juan Macari que tuvo fábricas de fibra de henequén, el ingenio de azúcar La Joya, y los Abraham con sus tiendas San Francisco de Asís.
La ofrenda floral la realizaron los directivos del club y la embajadora, señorita Regina García Salomé, y también los invitados formaron la palabra Líbano en árabe con flores que después depositaron al pie del Monumento al Migrante.
La misa que ofició el padre Rebolledo llenó la iglesia de feligreses y destacó la petición a los asistentes de que hagan un mundo más humano y que sean más sensibles como cristianos.

