El feminicidio representa un acto de violencia que está en el ámbito de la salud pública, no es un acto privado, porque intervienen diversos elementos, advierte Nancy Walker Olvera, coordinadora de la agrupación Ciencia Social Alternativa A.C.

Integrante también del colectivo Frente por los Derechos de las Mujeres en Yucatán, señala que quitarle la vida a una mujer por razones de género es sólo un reflejo del persistente patriarcado o machismo que hace pensar a los hombres que las mujeres siguen siendo de su propiedad.

El año pasado, recuerda, oficialmente se registraron cinco y en lo que va de este año ya son seis. “Pero creo que aquí lo importante es resaltar la grandísima contradicción de que Yucatán es un estado seguro”.

Agresiones en el hogar

En Yucatán el crimen organizado no se ha manifestado como en otros estados de la República, pero la violencia se encuentra dentro de las casas, señala Nancy Walker Olvera, coordinadora de la agrupación Ciencia Social Alternativa A.C.

Creo que en estos tiempos podemos visivilizar esta violencia desde las familias, las redes sociales, los medios de comunicación, las escuelas, desde las mismas instituciones, indica.

No está de más decir que en Mérida se cuenta con un Instituto Municipal de la Mujer, así como con un refugio para la mujeres víctimas de violencia, recuerda. Hay una Organización No Gubernamental que tiene un refugio para mujeres y el gobierno del Estado ha impulsado que en los municipios exista ya por ley una instancia municipal de la mujer y además se han implementado los Centros Violeta.

Rebasados

Aquí lo que sucede es que la realidad rebasa muchas veces los presupuestos que se tienen para las necesidades de las mujeres con respecto al fenómeno del feminicidio, que de ninguna manera es un acto privado, es un asunto de salud pública. Con el feminicidio se llega al extremo de quitarle la vida a una mujer justamente por el hecho nada más de ser mujer.

En cuanto a las cifras, indica que en 2022 se registraron, “entre comillas”, oficialmente alrededor de 10,500 casos de violencia y prácticamente la mitad correspondió al interior del Estado y la otra mitad a Mérida.

La licenciada Walker, integrante del colectivo Frente por los Derechos de las Mujeres en Yucatán, también expresó lo siguiente:

—Hay que señalar que la violencia no tiene mucho que ver con los recursos económicos, ni con el nivel educativo, la ubicación donde se viva, si es en el sur o en el norte, etcétera; es directamente proporcional a la población de mujeres porque eso tiene que ver con esta cultura en la que parece que se permite el abuso de poder frente a las mujeres.

—En Yucatán hay que recordar también que tenemos uno de los primeros lugares en el caso de la violencia intrafamiliar. Tenemos la situación de abusos sexuales contra menores, contra adolescentes y de ahí las cifras de embarazos de jovencitas.

—Frente a todas estas denuncias, por ejemplo, sabemos que los sistemas de justicia están altamente rebasados y no se puede cumplir con ofrecer un camino y un seguimiento al proceso para que se haga justicia a las mujeres que sufren diversos tipos de violencia.

—Si hablamos de esos 10,500 casos del año pasado, también hay que señalar que muchos más se quedaron dentro de las familias, de los corazones de las mujeres.

—Cuando se llega a reportar uno, existe un verdadero calvario para la mujer, para encontrar al violador, al agresor, el que intentó matarla, el que no paga pensiones, etcétera.

Ciclo

—Ahora, la violencia que se vive dentro de los hogares, de las familias, poco a poco nos va llevando a agresiones mucho más fuertes que luego desembocan en los feminicidios.

—Por ejemplo hay relaciones que empiezan a establecer un chantaje con mentir, engañar o ignorar, con poco a poco irse imponiendo, menospreciar, humillar; esto va muy ligado con la violencia que se ejerce, la violencia psicológica y emocional.

—Después viene ya la fase donde empieza la agresividad ya muy significativa donde se destruyen, por ejemplo, artículos personales, se empieza a jalar, a golpear y finalmente se entra a una etapa donde ya las amenazas son más contundentes.

—Hay amenazas con armas, amenazas de muerte o bien obligan a las parejas a tener relaciones sexuales y entonces se cometen violaciones, mutilaciones hasta que finalmente la última agresión en estos casos ya está tipificada como feminicidio.

—Es este círculo de la violencia donde a muchas mujeres les cuesta trabajo salir también por infinidad de situaciones que tienen que ver con los recursos económicos, con el letargo y el tiempo en el que han estado de este círculo vicioso que es el ciclo de la violencia.

—Hay ocasiones en que después de la agresión viene una reconciliación, pero finalmente la mujer acaba siendo asesinada; es cuando se convierte en víctima de un feminicidio.

Magnitud

—Sí se denuncia, pero no se logra exponer la magnitud de los hechos que acontecen cotidianamente y eso es por cierta violencia institucional y porque es un verdadero calvario llevar a buen término una denuncia por violación, por abuso sexual, no se diga por agresiones.

—En esto del feminicidio hay una situación donde deberían intervenir el sector salud, el educativo, el social, las relaciones comunitarias en donde cada quien tendría que hacer su parte.

—Por su puesto, también exigir a las autoridades y a las dependencias que acompañen y que resuelvan, que sean mucho más efectivas.

—Hoy contamos con este protocolo para la investigación del feminicidio, pero no hay como trabajar en la prevención y también en este caso en la oportunidad de las situaciones económicas, brechas de desigualdad entre hombres y mujeres en términos laborales, por ejemplo de salarios, de horas de trabajo.

—Entonces de qué manera se puede ofrecer a una mujer una salida de esa situación; es muy complicado si no cuenta con algún tipo de acompañamiento y recurso.

Conciencia

—Creo que poco a poco vamos haciendo conciencia de la magnitud del problema y se establecen redes de apoyo, a las mujeres es importante decirles cuáles podrían ser los elementos para tomar en cuenta y, en caso de riesgo, tener un plan de seguridad, saber con quién contar en caso de las agresiones.

—Creo que sería interesante animar a todas y a todos a no dejar solas a las mujeres que detectamos pasando por una situación difícil de violencia.

—Animar quiere decir acompañar, estar presentes, poder construir con ellas un plan de seguridad y de las diferentes dependencias ayudar a conseguir recursos, trabajos; animar a las jóvenes a adolescentes para que no dejen los estudios y que se crean que son merecedoras de tener un proyecto de vida, no dependiendo de la pareja.

—Sí hay que ver que es una situación, un problema que está entre nosotras; pero también de nosotras depende el hecho de impulsar para generar cambios, educando no nada más a las mujeres a que se cuiden sino a los hombres, que no tienen derecho a agredir a nadie.

—En toda esta situación hay que desactivar a quienes están agrediendo y hay que empoderar a quienes por cualquier situación no han podido contar con estos recursos, económicos y laborales.— CLAUDIA SIERRA MEDIN