MÉRIDA, Yucatán.— En forma muy inusual inició su conferencia el afamado músico, productor y explorador sonoro Alyosha Barreiro en la clausura de la Cumbre Sociedades de Paz Ch’abajel en el Centro de Convenciones Siglo XXI: un shtttt convocando al silencio absoluto al público y luego, una serie de aplausos lentos que aumentaron de tono hasta que el salón retumbó de este singular sonido.
Barreiro quiso demostrar el impacto que tiene la música en las personas, en las masas humanas y qué vital es para construir la paz en el mundo.
Y puso ejemplos de conciertos multitudinarios en la estela de la luz de Ciudad de México cuando la sociedad tenía miedo por la guerra contra el narcotráfico que emprendió el entonces presidente de la república, Felipe Calderón, y no pasó nada, al contrario, miles de personas disfrutaron un espectáculo de luz y música sobre la polémica estela de gran altura.

“El arte de la música se convierte en una fuerza de transformación”, dijo el músico. “La música, el teatro o el concierto, la OSY que tienen aquí que es tan fuerte con la música clásica que aprendemos algo nuevo en cada evento de estos. En una ciudad y un país donde el arte tiene esta labor importante y este gobierno federal ha carecido dejar que el artista tenga voz”.
“De todo podemos aprender un poco, de la pintura, la música, del arte, desde esto podemos luchar por la paz”, reiteró. “La buena convivencia es igual a las flores, si regamos y abonas a la persona de enfrente vamos a florecer como sociedad de sana convivencia. Es que así, que cada quien abone y riegue al de enfrente para que se transforme y para que cambie”.
Barreiro ofreció el viernes pasado la conferencia “Códigos sonoros ancestrales: la cultura electrónica como medio para la paz y la creatividad” donde destacó que durante la filmación de una parte de la película de James Bond en Ciudad de México le pidieron que organice un mega desfile del Día de Muertos y así, el arte sin necesidad de palabras para transformar generó una
gran participación, generó sonrisas y una unidad mexicana para sacar adelante este reto cinematográfico. Es lo mismo que ocurre cuando la música penetra en lugares conflictivos, el arte tiene esta gran capacidad de unir y de lograr la reidentificación de los mexicanos.
“Imaginemos un mundo donde la injusticia, el crimen, de todas estas cosas que las autoridades no dicen, pero que el artista podría hablar sin compromiso político a través de su música”, reiteró. “Desafortunadamente, ahora hay gente que no tiene mayor interés para decir lo que está pasando en el mundo, pero eventos como Ch’abajel son necesarios cada vez más para que las personas levanten la voz. Ustedes como jóvenes tienen que levantar la voz”.
Lamentó que la juventud de hoy, que es el futuro, esté viviendo con cinco generaciones atrás, como en la época de los tatarabuelos porque no les importan los temas importantes. Por ello, hay que inspirar a la juventud para que por medio del arte y la música despierte de este letargo. Y puso el ejemplo de la canción África que cantaron intérpretes de todo el mundo para
denunciar que ese continente estaba muriendo de hambre en 1985.
A los políticos no les interesó hablar de la hambruna de África, pero a los músicos sí. Y esa canción se volvió icónica y despertó el interés mundial para ayudar a ese continente, en especial a Etiopía.
“El arte tiene un poder de llegar más allá, que ni los políticos pueden llegar. Nos volvemos embajadores del mundo porque somos los más escuchados”, dijo Barreiro. “La única forma de llegar a la paz es trabajar en nosotros mismos. No juzgar a otros, dejemos de juzgar, ser responsables uno mismo es importante, es la clave. Ser responsable no solo es proveer a los hijos de alimentos, no es eso la responsabilidad. Si no, que me hago cargo de lo que digo, de lo que hago, de lo que siento, si no nos hacemos cargo de nuestras vidas de forma responsable, no tendremos paz individual, colectivo y comunitario”.
“El arte tiene un gran poder que nos sensibiliza. Acuéstense en su cama cada vez que tengan tiempo, pongan música, vean un concierto y verán que paz se siente”, sugirió. “Hoy, la música es como un producto más desechable, pero escúchenla, escuchar música nos activa, nos hace pensar en respuestas, te hace reflexionar, muchas veces es escuchar nada más, pero es gratificante,
otras veces aprendemos a escuchar y hallar mucha paz. Necesitamos autodisciplina, la paz no es un destino, te sale una violencia interna cuando oyes música electrónica, por ello hay que ser muy disciplinado”.
El músico, creador de un vídeo ceremonial de la cultura mexicana ancestral con bailarines autóctonos que aprecian y sienten sus raíces, señaló que es muy buena la participación cívica, la resolución pacífica de conflictos y de educar a las generaciones futuras en la cultura de la paz para que México tenga una convivencia armónica. Por ello, él organiza e imparte cursos sobre la importancia de la música, porque es todo un tema social cuando la gente acude a algún concierto de música electrónica porque creen que es un encuentro de drogadictos, porque así los ha tachado la sociedad, como drogadictos.
Recordó que en la administración de Marcelo Ebrard, cuando fue jefe de gobierno de Ciudad de México, le encargó un proyecto cultural para que se metiera a los barrios marginales, reclutaron jóvenes artistas, impulsaron la educación con el argumento de que es el futuro de las personas, organizaron conciertos en el zócalo capitalino, dieron cursos de fotografía y constató los muchos beneficios sociales que aporta la música. Pero no sólo eso, la música genera líderes positivos, crea conciencia sobre un mejor futuro, sobre una sociedad que necesita cambios drásticos y positivos, saca a la juventud de la calle y da opciones de aprendizaje de cosas nuevas y positivas. Además, la música permite hacer amigos, te emociona y si lo repites en forma constante te apasiona, y si lo repites como un hábito, te vuelve buena persona y amigable.
“Vivimos en un tormento de vida, nunca vamos a llegar a la paz si no le enseñamos al cerebro cosas buenas, hay que repetir y aprender cosas buenas. La música reacomoda estas emociones y físicamente el cerebro transforma, si observan a los aficionados a la música clásica, a los del reggeton, es una fórmula que ya conocemos y la debemos practicar para hallar la paz”, señaló.
“Si no podemos ser sensibles a la paz, si no somos sensibles a la tragedia que se genera sin ella, ¿cómo podemos amar algo si hay ausencia de paz”.
Dijo que él tocó en un concierto Vive Latino y metió 55 danzantes de la cultura ancestral y fue una experiencia que reidentificó a millones de mexicanos que “nos hizo sentir orgullosos de nuestras raíces de raza”.
“El artista tiene una voz que contagia, gritar toda la noche es terapéutico, en los conciertos es divertido, te la pasa muy bien, ves a la juventud brincando, es sanador y te aleja de los vicios más conocidos”, subrayó.
“México es uno de los países con más rituales, nos identifica con nuestro bagaje cultural, lo hemos perdido un poco. Ya perdimos la costumbre de arreglar el espacio donde vivimos, de arreglar nuestra cama, de respetar a la gente, pasamos años difíciles con la pandemia, pero nos reidentificamos y tenemos que inspirar a las nuevas generaciones”.
