Empresarios que asistieron a la primera Cumbre Empresarial de Líderes del Comercio, los Servicios y Turismo en Mérida escucharon con atención la historia de éxito de Bisila Bokoko, la lideresa del comercio de España en Estados Unidos (2005 a 2012), una mujer de raza negra que se abrió paso en el difícil mundo de los negocios y una lideresa 100% humanista.
Ella narró con amenidad su historia, dio sus mejores consejos a los empresarios mexicanos de la Concanaco y los exhortó para que usen su poder como líderes para cambiar vidas en forma positiva. Igualmente, les pidió que no sean soberbios porque esto siempre los lleva al despido de un trabajo o una mala inversión.
Bisila ha contado su historia en medios de comunicación de mayor prestigio en el mundo, aparece en portadas de revistas sociales y empresariales y la llaman “la reina de África que nació en Valencia”. Además, escribió el libro “Todos tenemos una historia que contar”.
Es una mujer de negocios, emprendedora, filántropa y dueña de la agencia de desarrollo empresarial BBES con sede en Nueva York que promueve marcas de mercados internacionales.
Su primera mala experiencia que tuvo por el color de su piel fue a los siete años de edad en un colegio, dijo. La sentaron junto a un niño de piel blanca y éste lloró para que la quitaran porque se podría volver negro y no quería “contagiarse”.
Cuando llegó a su casa le dijo a su padre: “me han llamado negra en el colegio”. En respuesta le pidieron: mírate en el espejo. ¿De qué color eres?
Ella respondió: “Creo que de color marrón”.
Su padre le respondió: “Eres negra y mujer, dos problemas con lo que vas a lidiar en tu vida y no la vas a tener fácil”.
Siendo ella de la primera generación africana nacida en España, sabía que todo lo que ella haga tendría una trascendencia para los africanos. Por ello, tenía que ser un buen ejemplo de vida.
“Ese día no sólo me llevé un susto sabiendo que era negra, sino que me pusieron el continente de África en los hombros porque todo lo que hiciera afectaría a todos los demás africanos”, contó.
“Ese hecho tuvo una influencia en mi vida, a partir de ese momento toda mi educación cambió. Me empezaron a dar libros para que entendiera el concepto de la negritud y la africanidad en el mundo. También cambiaron mis lecturas, me tiraron mis revistas de música pop a la basura. Me dieron a leer libros serios, como filosofía, política, geopolítica, todo eso a la edad de nueve años”.
Familia
“Tus padres te venden la idea de que tienes que estudiar mucho para que te vaya súper bien en la vida. Les dije estudiaría arte dramático, que quería ser artista y ellos me respondieron: un momento, no venimos de África para que seas actriz”, recordó. “Tienes que estudiar cosas serias. Estudié derecho y economía pensando que vendría un futuro espectacular para mí. Terminé la carrera y no me contrataban. Tenía una máquina de escribir, en cada ocasión escribía mi currículum y lo llevaba a la empresa que me interesaba, pero la respuesta era la misma: nos encantó su currículum, pero no tenemos una vacante”.
“Era difícil para mí hallar un trabajo con la firma de abogados porque no había muchos negros en las empresas y supermercados. Sin embargo, un día llegó a sus manos un libro que explicaba que si cambias tu manera de pensar, cambias tu realidad. Que todos tienen una narrativa interna… si dices que es difícil y no puedo, exactamente así será tu vida y realidad”.
Eso la hizo pensar que podría cambiar su estructura mental, su camino de crecimiento personal y fue cierto, porque todo cambio para ella.
En una clase final de su maestría de comercio exterior abrió sus expectativas y se dijo “anda, esto es para mí”. Compitió por una beca en el Instituto Valenciana de la Exportación y resultó seleccionada. Y esto la llevó a su sueño más grande de su vida: vivir y trabajar en Nueva York.
“No sabía por qué quería vivir en Nueva York, pero lo visualizaba en mis sueños”, relató. “Quiero contarles cómo sucedió ese sueño porque muchas veces, y hablo en nombre de las mujeres, queremos algo, pero no pedimos lo que queremos”.
“Cuando me acogieron en ese instituto me dejaron en la oficina de Valencia, que es lo último que quería, pero no me imaginaba que allí tendría un regalito. Por primera vez habían nombrado a una mujer como directora general de la empresa donde trabajé como becaria a principios de 2000. Era raro ver a mujeres dirigir grandes empresas. Cuando lo supe me pregunté cómo ha llegado ella aquí”.
“En el primer día de trabajo de la nueva directora general me la topé en el ascensor y se me quedó mirando y le pregunté cómo le fue en su primer día de trabajo, me preguntó quién era, le dije que la becaria del departamento de información, y me respondió que le fue bien”.
“Tengo una pregunta, ya que te tengo aquí y quién sabe cuándo podría hablar de nuevo. ¿Qué has hecho para ser directora general?, quiero ser directora general algún día. Me dijo que estudió derecho y me dije, no voy mal, también estudié derecho”.
“Como se dio la conversación, le dije que tengo un sueño y me encantaría que la enviaran a la oficina de Nueva York y que no se iba a arrepentir”, contó. “No te conozco, ¿por qué no hablas con tu jefa y que venga ella a hablar conmigo y vemos?”.
“Les cuento esta historia porque a veces la persona que puede cambiar el tren de tu vida está allí y no le decimos nada, nos quedamos con la boca pequeña, soñando y sin hablar”, dijo. “Yo sabía que de becaria a directora general era un camino muy largo, pero la vida me la había puesto adelante y era el día para preguntar y pedirle lo que yo quería”.
“Esa conversación fue mi pasaporte a Nueva York y a esa mujer la considero hasta hoy como mi escalera y sigue estando en mi vida. Nunca hay que olvidarse de las personas que te han abierto las puertas y ella fue una de ellas”.
Desde la oficina de Nueva York inició su carrera en los negocios, ayudaba a vender productos españoles a Estados Unidos, se involucró al 100 y fue promotora de las primeras inversiones españolas en Estados Unidos, principalmente de banco Santander e Iberdrola.
Esta capacidad hizo que diera el salto a la Cámara de Comercio de España en Estados Unidos donde trabajó siete años, acumuló una experiencia global que capitalizó cuando fue despedida, y creó su empresa y una fundación de ayuda a África, donde construye bibliotecas y fomenta la lectura.
Por ello, cuando oyó y recibió la invitación para venir a Mérida donde estarían los líderes de las 257 cámaras empresariales no dudó en aceptar porque quería conocer una cámara empresarial que piensa como una sola voz, que realiza proyectos conjuntos y mantiene una unidad y solidaridad.
“Me dije: ‘tengo que apoyar al mundo cameral’. Creo en las cámaras de comercio, veo cómo cambian vidas. Los empresarios y emprendedores tenemos la posibilidad de cambiar vidas, a veces no nos lo creemos, no somos conscientes de nuestro poder, nos quejamos de los gobiernos, de cómo funcionan las cosas, pero cada día que alguien entra por la puerta y trabaja contigo estas cambiando la vida de una persona”.
Ella puso el ejemplo de la pandemia del Covid-19 donde los gobiernos no sabían cómo proceder, pero los empresarios buscaron fórmulas de ayuda, si no había muchas mascarillas, las fabricaron. “Por ello, esta pandemia mundial fue la que con mayor rapidez se resolvió en la historia de la salud pública por por la colaboración empresarial”.
Los siete años de trabajo en la Cámara de Comercio de España en los Estados Unidos fueron increíbles para ella. Estuvo en el momento en que las relaciones entre ambos países sólo era de exportación de España a Estados Unidos.
Luego, los inversionistas españoles compraron bancos, produjeron energía y crearon alianzas estratégicas. Sin embargo, esa posición encumbrada donde todos recurrían a ella por sus conocimientos y emprendimiento también ocasionó su despido de la cámara española.
“El gran enemigo del éxito es la arrogancia. Yo pequé de ello. Esos siete años, donde me sentaba con los más importantes empresarios, que me dejaron crear y cambiar las cosas no supe entender la verdadera función de un líder”, señaló.
“El consejo era de personas muy serias, pero tenía un presidente de cámara maravilloso. Es el mejor líder que he conocido y que me dejó crecer. Eso es lo que hace un líder, deja crecer a otros líderes. Ese presidente es señor de origen cubano americano y siempre que le proponía algo, como la incursión en la moda española en el mercado estadounidense, siempre lo aceptaba para ver cómo funciona la idea”.
“Además, acabamos con la separación empresarial donde cada uno veía por sí mismo. Cuando empezaron a llegar las marcas españolas al mercado de Estados Unidos fue un aterrizaje suave y propusimos que un abogado especializado en propiedad intelectual y un contador experto en sistemas fiscales trabajara para todos”.
“Eso hace una cámara empresarial, puede sentar en la mesa a las personas que por lo general no quieren cambiar”.
“También aprendí que si no te invitan a sentarte a la mesa, te invitas sola. A veces nos quejamos porque no hay tantas mujeres en los puestos importantes, no las visibilizan”.
“Estoy segura que no estaría aquí en Mérida si no hubiera tenido que derrumbar muchas puertas. Hay que aporrear la puerta una y otra vez hasta que caiga. Si no tu narrativa no cambia. Hay dos maneras de funcionar en esta vida: una, como víctima de la circunstancia y la otra, crear una nueva narrativa tuya”.
Se sentía en la gloria por su éxito laboral, se creía la reina del mambo porque todos la llamaban para alguna asesoría. Aceptó que no supo ver las circunstancias cuando cambiaban y habría que adaptarse. Al ser humano no le gustan los cambios, les cuesta trabajo. Eso pasa cuando llega una nueva administración, todo vuelve a cambiar y ella no supo adaptarse y la echaron a la calle.
Ese estatus de privilegio la perdió y lo notó hasta en los aeropuertos cuando mostraba su documento de directora de comercio de España. Su salida fue sin una despedida a sus colaboradores ni la dejaron sacar sus pertenencias, más que una cajita con la fotografías de sus hijos.
“Mi vida dio un giro total. Cuando trabajas en una cámara sabes de todo un poco, pero no sabes nada. No eres experta en nada, había pasado toda mi vida ayudando a hacer negocios, pero nunca había hecho los míos”, contó. “Decidí, que si me gusta hacer lo que me da la gana iba a crear mi propia empresa”.
“Lo único que se me ocurrió ese día del despido fue llamar a mi madre, estaba desolada y necesitaba calor humano y familiar. Cuando subes o bajas ves a las mismas personas, hay que cuidarnos de quienes nos rodean, porque nos olvidamos que la familia siempre va a estar allí en los momentos más duros”.
“Por ello hay que tener el hábito de cuidar a los que nos quieren. Monté mi propia empresa, emprendí el negocio en la cocina de mi casa. Esa misma semana me divorcié de mi primer marido. Toda tu vida se va. A eso le llamo la noche oscura del alma, es un túnel donde no sabes cuánto tiempo pasará, pero te sirve para hacer tu mejor versión. Te autoanalizas para saber por qué me echaron del trabajo y te conoces mejor”.
“En este autoanálisis reconocí que fui arrogante, no supe escuchar, pensé que sabía más que otra gente. Toda esa soberbia cuando lo entiendes lo puedes cambiar para mejorar y eso hice”.
Fomentó una empresa para ayudar y ahora sabe que el mejor negocio que hay en el mundo es hacer el bien. Se puede hacer el bien y ganar dinero. Ella integró sus conocimientos sobre el comercio exterior y sus raíces africanas, por lo que realiza trabajo social que la hace feliz: construye bibliotecas en África para combatir el analfabetismo educativo y cultural.
Además, entendió el gran valor de la diversidad y la integró a sus negocios con mayor éxito.
“El liderazgo tiene tres dimensiones: el primero es el auto liderazgo, liderarse asimismo, es tener primero una visión, el líder necesita saber hacia dónde va en un mundo tan cambiante y que cada vez entendemos menos”, explicó. “Tenemos que compartir esta visión y estimularla”.
“El líder tiene que tener carácter y tiene que trabajar diario para que desarrolle su proyecto y lo entiendan los otros. Tiene que tener responsabilidad, si las cosas salen bien o mal es su responsabilidad. El líder tiene la capacidad de tener esa determinación de que las personas lo sigan, aunque te equivoques, estás convencido que es el camino correcto y entiende sus emociones para entender la de los demás”.
El líder conduce desde la positividad y reconocimiento al esfuerzo. Es más importante los elogios que un aumento de sueldo porque está comprobado que el dinero se gasta, los elogios no solo te hacen sentir bien sino que empodera a la persona.
Son necesarios el entendimiento y respeto de las culturas de otros países, de tener flexibilidad porque en el mundo de los negocios hay que pensar que no sólo son locales, sino globales.— Joaquín Chan C.
