Entre el cemento, las palas y los fuertes rayos del sol pasan los sueños y las metas de Laura María Cantú Canché, quien como muchas otras mujeres ha incursionado en un trabajo que se pensaba sólo para hombres y con esto pueda ayudar a su familia.
Ella es albañil, tiene 45 años y trabaja en una casa cercana a la avenida Itzaes. Hace de todo: lo mismo revuelve el cemento que lo transporta en carretillas, y no hay límites para su fortaleza y ganas de salir adelante.

En breve plática, explicó que tiene cinco hijos. Los más chicos son de 11 y 12 años y la falta de trabajo fijo la llevó a que, desde hace un año, decidiera trabajar como albañil.
“Antes trabajaba en una taquería, pero no hay trabajo fijo y mi pareja me dijo que le ayude y aquí estamos”, comentó.
Para ella no ha sido fácil el oficio, sobre todo por lo agotador que puede ser, pero no tiene límites. “Al principio sí fue muy complicado, se hacía cansado por el sol, pero con el tiempo te acostumbras”, dijo mientras sacudía un poco de mezcla que se le secó en las manos.

Carlos Pérez, su pareja, recordó que fue él quien le dio la opción de trabajar juntos en la albañilería porque se dio cuenta que las personas jóvenes que llegan buscando trabajo no son responsables y “dejan mal”.
“Por eso le dije a ella que me ayude y así estamos los dos… Aquí estamos saliendo adelante”, señaló Carlos.
Laura, como muchas mujeres, aún tiene muchas metas por cumplir y seguirá trabajando por ella y su familia.— Gabriel Chan Uicab

