Hace años los zapatos duraban más, porque estaban hechos con materiales de mayor calidad, actualmente la mayoría del calzado es desechable y cada día más caro; sin embargo, aún hay gente que opta por llevarlo a reparar con los zapateros, un oficio que se cree en vías de extinción, pero cuya realidad es otra.
Guadalupe E. Quintal Morales estudia la Licenciatura en Derecho y lleva 10 años en el oficio de zapatera.
Ella comenta que su abuelo Rubén Quintal fue quien inició el negocio en 1955. Empezó en Hunucmá y después se instaló en el mercado García Rejón.
En 1975, el padre de Guadalupe siguió la tradición, pero por situaciones laborales tuvo que dar la batuta del negocio a su esposa y a Guadalupe.
“Yo empecé aquí en 2014, a mis 16 años. Mi padre fue el que me enseñó lo básico del oficio y pasando el tiempo fui aprendiendo sobre la restauración no solo de calzado, pues ahora también reparamos bolsos, maletas, correas, todo lo relacionado con la piel o el vinil”.
“También hacemos zapatos para las personas veganas y modelos especiales ortopédicos, entre otros productos”.
“Ya llevamos tres generaciones en el oficio, es un trabajo muy noble en el cual podemos ayudar a las personas, sobre todo a restaurar artículos como bolsas o zapatos que tienen un valor sentimental”, dice Guadalupe Quintal.
Su madre, Amalia Morales Díaz, es la gerenta del negocio y también zapatera, antes era ama de casa y al pisar por primera vez el taller tuvo la sensación de que su vida cambiaría, pero lo que más ha valorado es poder estar al lado de su hija.
Amalia también se dedica a poner las tapas de los zapatos, a la costura a mano y colocar remaches. Lo único que no utilizan ella y su hija son las máquinas, ya que tienen mucha potencia.
Amalia ha aprendido a ser cálida con los clientes, pero al mismo tiempo tener carácter y honestidad.
Frank Mendoza G. lleva 17 años trabajando con Guadalupe y Amalia, él trabaja con una máquina de costura italiana, un equipo que puede ser peligroso si uno no se concentra.
Desde los 13 años Franck fue aprendiendo entre amigos el oficio de zapatero, al que le ha tomado cariño.
“Ayudar a la gente es lo que más me gusta de este trabajo, la economía no permite tener un calzado nuevo, así que repararlo es mucho mejor que comprar uno, el zapatero es un oficio de arte, un oficio con futuro”, comenta.— Sofia Vital Chablé
De un vistazo
Futuro
La familia Quintal considera que el oficio de zapatero sí tiene un futuro, ya que al poder restaurar zapatos de marca y reparar todo tipo de calzado y bolsos permitirá tener clientes que deseen economizar y no perder sus zapatos y bolsos favoritos.
Puesto
Amalia Morales Díaz y Guadalupe E. Quintal Morales están a cargo de una reparadora de zapatos y bolsos en el Bazar García Rejón



