En parte de México los bolardos son estructuras ya comunes a lo largo de calles y avenidas, pero recientemente se pueden ver en Mérida.
Estas columnas pequeñas, de materiales como concreto o acero, se utilizan principalmente para proteger a los peatones y controlar el tránsito.
Sin embargo, su efectividad depende en gran medida de su correcta instalación, mantenimiento y la cultura vial de los conductores.
Bolardos en Mérida, ¿recomendables?
El ingeniero en seguridad vial René Flores Ayora comparte su perspectiva sobre la utilidad, ubicación y los problemas que enfrentan estos elementos de seguridad para peatones.
Para Flores Ayora, los bolardos son fundamentales en la protección de los transeúntes, incluyendo a las personas con discapacidad, y en el control del tránsito vehicular.
“Su función principal es garantizar la seguridad”.
Al actuar como una barrera física, estos elementos evitan que los vehículos invadan zonas peatonales, sobre todo en áreas concurridas o cercanas a esquinas donde los riesgos de accidentes son altos.
Los bolardos son más efectivos cuando se colocan en puntos estratégicos, como en las esquinas y en las rampas peatonales, explica el ingeniero.
Sugiere instalarlos en calles donde la acera y el pavimento están al mismo nivel, con una distancia de 30 centímetros hacia el interior de la acera.
Esto reduce la posibilidad de que sean dañados por vehículos que, al maniobrar, los golpean y doblan.
Respecto a su diseño, Flores Ayora recomienda que tengan una altura mínima de 90 centímetros y máxima de 1.20 metros, con luz integrada o cinta reflejante de grado diamante para que sean visibles de día y de noche.
“Estos detalles, ya sean en color blanco, amarillo o rojo, permiten que los conductores identifiquen la presencia del bolardo y eviten atropellarlo”, subraya.
¿Falta cultura vial sobre los bolardos?
“Falta más difusión, se necesita hacer una infografía para que todos, desde los niños hasta los adultos, sepan qué son y para qué sirven”, señaló.
Inidcó que la falta de conocimiento sobre el propósito de los bolardos es evidente y se traduce en daños continuos a estas estructuras.
En su opinión, una mayor difusión ayudaría a que los ciudadanos respeten estos elementos y comprendan su valor en la seguridad urbana.— Darinka Ruiz
