• Los custodios del santuario guadalupano: José Ernesto y Mario Alberto Huchín Bates, William René Yam Rosado y José Sandoval Domínguez

Mario Alberto Huchín Bates es uno de los muchos hombres y mujeres que, con devoción y compromiso, cuidan y protegen el legado espiritual de la Virgen de Guadalupe en el Santuario Guadalupano.

Con ocho años como custodio, Mario no solo vela por la seguridad de la imagen, sino que se convierte en un pilar fundamental para los miles de peregrinos que cada año visitan el santuario en busca de bendiciones y consuelo.

“Sentimos mucho la presencia de la Virgen, tenerla cerca es muy emotivo”, comparte Mario.

Su vinculación con la Virgen comenzó hace años, cuando un compañero lo invitó a unirse al grupo de custodios.

En ese momento Mario no imaginó que esa invitación transformaría su vida. La devoción hacia la Virgen y la cercanía con su imagen le dieron un sentido profundo a su labor.

Desde ese día Mario y sus compañeros custodios han asumido con seriedad la tarea de garantizar que los fieles puedan venerar a la Virgen de Guadalupe en un ambiente de respeto y seguridad.

La labor de los custodios guadalupanos va más allá de la protección de la imagen de la Virgen.

“Nuestra misión principal es cuidar la imagen, pero también debemos mantener el orden dentro del santuario, especialmente con la multitud de peregrinos y antorchistas que llegan cada año”, explica.

Durante las festividades, especialmente el 11 y 12 de diciembre, el santuario se convierte en un punto de encuentro para miles de devotos que llegan a rendir homenaje a la Virgen.

Los custodios se encargan de mantener la seguridad y apoyar a los peregrinos en todo lo que necesiten.

“Nosotros ayudamos en todo lo que se nos pide: desde dar información hasta ayudar a los peregrinos con sus cargas o incluso guiarlos hacia el lugar adecuado para que puedan descansar o participar en las celebraciones”, comenta Mario.

Para él, el cuidado de la imagen de la Virgen y la ayuda a los peregrinos van de la mano, ya que ambos aspectos son vitales para que la experiencia religiosa sea significativa y ordenada.

La labor del custodio de la Virgen de Guadalupe

Ser custodio no es una tarea sencilla. El grupo se organiza en turnos rotativos para cubrir todo el año, pero en especial durante las festividades de diciembre, donde el número de fieles aumenta considerablemente.

Mario explica que son 22 custodios que se dividen en tres turnos los domingos y entre semana en días alternos.

“Tenemos una rutina organizada para asegurarnos de que el santuario esté siempre vigilado y que los peregrinos reciban la atención que necesitan”, dice.

Los custodios varían en edad, pero todos comparten el mismo compromiso con la Virgen.

Las edades de los integrantes oscilan entre los 18 y 60 años, lo que aporta una rica diversidad de experiencias y perspectivas.

Durante el 10, 11 y 12 de diciembre el trabajo de los custodios se intensifica. A medida que los peregrinos llegan desde diferentes partes del estado y hasta el país, la responsabilidad de los custodios también crece.

“A partir del día 10 llegan los peregrinos. Cada año hay más y la labor de los custodios se convierte en un compromiso aún mayor”, comenta Mario.

A pesar de las largas horas de trabajo, señala, el sentimiento de pertenencia y la devoción hacen que el esfuerzo valga la pena.

Ser custodio no es solo un compromiso personal, sino familiar. Mario revela que su esposa también participa activamente en las actividades del santuario, lo que refuerza el lazo familiar en torno a la devoción guadalupana.

“Es un trabajo que se hace en conjunto, no solo con mis compañeros custodios, sino con mi familia. Mi esposa me acompaña y también mi hermano, juntos compartimos este compromiso”, expresa.

Este apoyo familiar es fundamental para muchos custodios, ya que el trabajo en el santuario requiere dedicación y tiempo, especialmente durante las festividades.

Sin embargo, Mario asegura que el trabajo no es complicado, sino más bien una labor de amor.

“Es un compromiso que uno asume con el corazón, el tiempo que le dedicamos es un regalo que nos damos a nosotros mismos por estar cerca de la Virgen y servir a los demás”, agrega.

Los custodios no solo cuidan la imagen de la Virgen, sino también el comportamiento de los peregrinos, sobre todo los antorchistas.

Mario hace hincapié en que es fundamental que los antorchistas sigan las indicaciones del santuario para evitar accidentes.

“Se les recomienda que no ingresen al santuario con las antorchas encendidas. Lo ideal es que las apaguen antes de entrar, ya que el fuego puede representar un peligro tanto para los fieles como para la imagen de la Virgen”, explica.

A pesar de las restricciones, los antorchistas son siempre bien recibidos y los custodios se aseguran de que vivan su experiencia en forma segura y respetuosa.

Cada año los custodios de la Virgen de Guadalupe renuevan su compromiso con la fe, el servicio y la comunidad, convirtiéndose en guardianes de una tradición que es mucho más que una imagen: es un símbolo de esperanza y devoción para miles de mexicanos.

Religión Tradiciones

La figura y santuario de la Virgen de Guadalupe tiene a sus custodios en Mérida.

Esfuerzos

Los custodios guadalupanos no solo son guardianes de la imagen de la Virgen, sino también de la tradición religiosa que se celebra cada año. Su dedicación y esfuerzo permiten que miles de peregrinos vivan una experiencia ordenada y segura, fortaleciendo la fe y la comunidad en torno a la Virgen.