• Harley López González, de 58 años de edad, comparte sus experiencias y su proceso de trabajo como afilador, oficio en el que empezó a los 13 años y que aprendió de su padre

Harley López González ha dedicado su vida al oficio de afilador, una labor que ya no se encuentra comúnmente en la ciudad.

“Lo aprendí de mi papá. Desde que tenía 13 años empecé a trabajar y a buscar clientes. Salgo todos los días, recorro las colonias desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde”, comparte Harley, de 58 años de edad.

A lo largo de los años ha utilizado métodos tradicionales, como la máquina de pedal con un rin de bicicleta R28, impulsada por un mecanismo de poleas.

Este aparato artesanal le permite afilar cuchillos, tijeras, machetes y otros utensilios, aunque también ha incorporado tecnología moderna, usando su motocicleta equipada con esmeril electrónico y piedra de afilar.

El sonido del silbato del afilador aún resuena por las calles. Cuando la gente lo escucha, sale corriendo a que les afile sus herramientas.

Los precios varían entre $15 y $30, dependiendo del tamaño del artículo.

A lo largo de su carrera Harley ha tenido experiencias diversas, como aquellos clientes que no pueden pagarle, pero también ha aprendido a sobreponerse.

“A veces no tienen el dinero, pero entiendo, es parte del oficio”, reflexiona.

En promedio atiende hasta 10 clientes al día, aunque sus meses más fuertes son octubre, noviembre y diciembre, y los más bajos, de enero a marzo.

A pesar de ello, Harley sigue adelante, viajando a lugares como Campeche o Valladolid para seguir desempeñando este oficio que aprendió de su padre.

Con pesar, reconoce que este oficio está siendo desplazado por productos más baratos y por avances tecnológicos, lo que lo ha llevado a un proceso de devaluación y posible desaparición.

Sin embargo, el entrevistado hace un llamado a la sociedad para que apoyen a los afiladores y así mantener viva una tradición.