Más allá de las herramientas y reparaciones, en una época en la que poco a poco los motores eléctricos cobran auge, aún se mantienen talleres dedicados a la reparación de bicicletas.
Es difícil encontrar uno que sea atendido por mujeres, como es el caso del que administra Adriana Pérez Maya, cuya familia y ella llevan 30 años dedicándose a la restauración y reparación de bicicletas.
Con la enseñanza de su difunto padre, Adriana aprendió la labor de reparar bicicletas desde pequeña.
“Mi papá nos enseñó tanto a mi hermano como a mí”, dijo Adriana al Diario.
Además, destacó que nunca importó que fuera mujer para que le enseñaran el oficio al que hoy se dedica como lo hiciera su padre. Sin embargo, señaló que esta labor también implica retos importantes.
“El trabajo es cómo buscarle el detalle (a las bicicletas). A veces hay trabas porque ya vienen diferentes, hay que buscarle”, dijo.
Para Adriana Pérez reparar una bicicleta es toda una labor que requiere un detalle minucioso, pues “hay bicicletas sencillas y hay otras no lo son tanto”.
En su experiencia, “los problemas más comunes son aquellos que tienen que ver con las ruedas, ya que hay que cambiarle los balines, hay que dejar bien apretado todo lo de la rueda, los ejes…”.
Sobre su labor, la entrevistada indicó que mantiene una actualización constante y que su taller es de los pocos que siguen arreglando bicicletas.
Rompe con un mito
Lo anterior, mencionó, se debe a que, pese a las nuevas tecnologías y la llegada de las bicicletas eléctricas, aún hay quienes prefieren lo tradicional y gracias a ellos es que se mantiene el taller, que es “el sustento que les da de comer”.
El camino para tener el taller, que hoy maneja junto con su mamá y su hermana desde el fallecimiento de su papá, ha tenido varios cambios y se han pasado altibajos, el más común es que crean que por ser mujeres no pueden hacer buen trabajo.
“Nos decían ‘no me lo vas a dejar bien, mejor no, espero a que venga el dueño’. Con el paso del tiempo hicimos nuestra clientela”, señaló.
“Hay puro hombre en este rubro, a veces sí hay que hablar fuertecito, no groseramente, para que nos den nuestro lugar”, compartió.
Su época más fuerte fue en la pandemia. Explicaron que se debió al regreso de la gente a la movilidad en bicicletas y hoy día se mantenido no con la misma afluencia, pero sí con la suficiente para que su taller siga funcionando.
Adriana y su familia están orgullosas de lo que han logrado e invitan a la gente a seguir usando la bicicleta no solo por salud, sino por los pocos talleres que aún existen, ya que les dan trabajo.
