Yndira Sandoval Sánchez en un evento. La defensora de los derechos estuvo en Mérida por los 109 años del Primer Congreso Feminista
Yndira Sandoval Sánchez en un evento. La defensora de los derechos estuvo en Mérida por los 109 años del Primer Congreso Feminista

La violencia institucional y política, así como la física y psicológica y la corrupción no pueden seguir toleradas si queremos avanzar hacia una democracia real, señala Yndira Sandoval Sánchez, activista de los derechos humanos y de las mujeres.

Desde hace meses ella y su equipo desarrollan el Atlas Nacional de Agresores en el Poder, una herramienta digital que permitirá mapear y visibilizar a los agresores, deudores alimentarios y acosadores que ocupan cargos públicos.

Este atlas incluirá información sobre su ubicación, partido político, entidad federativa, tipo de delito y los actores que los protegen.

“Basta de mapear a las víctimas; tenemos que mapear a los agresores que gozan de buena salud, empezando por la impunidad”, apunta la politóloga.

“El atlas debe ser una herramienta de lucha y resistencia, pero también de pedagogía y concienciación. Necesitamos mapas y campañas de sensibilización para asegurar que las mujeres, en general, comprendan el poder que tienen en sus manos no solo para exigir justicia, sino también para decidir conscientemente por quién votan, sabiendo qué hay detrás de las figuras públicas que se presentan como sus representantes. Porque, como hemos visto, las mujeres somos las que más votamos, y nuestra voz es crucial para transformar las estructuras de poder”, dice.

“Herederas de una resistencia”

Mérida ocupa un lugar fundamental en la historia de la ciudadanía de las mujeres mexicanas, indica la activista Yndira Sandoval Sánchez, en el marco de su visita por la conmemoración de los 109 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán.

“Esta ciudad es la cuna de nuestra lucha y nuestra historia. Es esencial conocer de dónde venimos porque sin esa genealogía podríamos caer en el error de pensarnos huérfanas, cuando en realidad somos herederas de una tradición de resistencia y organización”, dice.

La activista recordó que en 1916, un año antes de que se promulgara la Constitución de 1917, las demandas de las mujeres ya estaban presentes, aunque en la Carta Magna no se les otorgó el espacio que merecían.

“En ese entonces los constituyentes, todos hombres, reconocieron que era osado que las mujeres del sureste se reunieran. Esa misma visión de incredulidad y resistencia al avance de las mujeres aún persiste en muchos ámbitos”, dice.

Además, enfatiza que los avances de hoy son fruto del trabajo colectivo de las mujeres de ayer. Hace 109 años un grupo de mujeres se reunió no solo para pensar en su propio bienestar, sino en el de las otras mujeres y niñas de todo el país, no solo las yucatecas.

La activista resalta que “cuando una mujer avanza no hay hombre que retroceda, pero cuando ellos avanzan sin nosotras retrocede toda la sociedad”.

Luego subrayó la clara diferencia entre cómo las mujeres y los hombres hacen política, señalando que las mujeres suelen pensar en el bienestar colectivo en sus reuniones, mientras que, los hombres tienden a perpetuar dinámicas que excluyen o violentan a las mujeres, ya sea en contextos informales o en espacios de toma de decisiones.