Es un mito decir que somos un pueblo pacífico, somos un pueblo reprimido que estalla ante el hartazgo y la provocación, somos el pueblo de la “extraña violencia” como dijo Octavio Paz.
Así lo expresa Gonzalo Navarrete Muñoz, cronista de la ciudad, escritor e historiador, al pronunciarse sobre los hechos acaecidos en Tekit, donde una mujer fue ultimada por un joven, el cual después fue asesinado por una turba.
Él alude al poema social por excelencia de Octavio Paz “Entre la piedra y la flor”, relativo al henequén, al dinero y el trabajo.
El cronista recuerda que Octavio Paz estuvo unos meses en Yucatán en el año de 1937, en ese tiempo escribió el poema “Entre la piedra y la Flor”, el cual en uno de sus párrafos expresa: “¿Qué tierra es esta? ¿Qué extraña violencia alimenta en su cáscara pétrea?”.
La esencia del pueblo
Navarrete Muñoz afirma que Paz, a pesar de estar poco tiempo en Yucatán, captó la esencia del pueblo yucateco, uno en el que existe una “extraña violencia” que surge bajo el hartazgo, la provocación, la ira contenida… que de momento estalla.
Es un mito hablar de que somos un pueblo pacífico, dice el cronista, y recuerda la Guerra de Castas, “una guerra salvaje, terriblemente salvaje, y la única en la que los indígenas han triunfado, en ningún otro lugar se dio ese triunfo”.
Hay que conocer la raíz del pueblo, y los gobernantes deben tener presente esto, trabajar y crear protocolos en caso de una irrupción violenta como la de Tekit, que fue “espantosa y horrible”, señala.
También considera que el pueblo yucateco es un pueblo reprimido, que de repente muestra su ira, como lo hicieron al golpear a ese “infeliz hombre, y no lo defiendo, pero hasta los asesinos tienen derechos, y ahí (Tekit) los que no lo estaban golpeando estaban festinando, eso es una violencia”.
Analogía
Hace una analogía del tipo de violencia que hay en Yucatán con los cenotes, que se ven bellos, tranquilos, de aguas transparentes, pero debajo hay venas de agua que jalan a quienes los exploran, y si no se tiene cuidado pueden jalar a una persona y causar incluso su muerte.
Un poco así es la figura de la paz en la entidad, un pueblo aparentemente tranquilo, pero que bajo su superficie encierra una extraña violencia.
Ante esto hace un llamado a trabajar contra eso, a tener protocolos de seguridad para que lo que pasó en Tekit nunca vuelva a pasar en la tierra del Mayab.
El historiador rememora que en 1542 se fundó Mérida, pero fue en 1847 cuando estalló la Guerra de Castas; es decir, tres siglos después de la Conquista, que reventaron los agravios soportados durante varios siglos.
En la actualidad, resalta en entrevista, hay que analizar si no hay una serie de focos encendidos, “conviene reflexionarlos”.
El cronista indica que el desarraigo y otras condiciones, así como las redes sociales, son un caldo de cultivo de la violencia y debe trabajarse para evitarla.
