Maximiliano Pinochet, una zarigüeya rescatada, y su cuidadora, María Ofelia Pérez Milán, visitan escuelas para concienciar a los niños sobre el cuidado de la fauna.
Maximiliano tiene apenas 10 meses y llegó a manos de María Ofelia cuando ella lo encontró tirado en la calle una tarde.
Según relató, alguien probablemente lo había abandonado, y su amor por los animales la llevó a recogerlo, llamar al veterinario de sus gatos y preguntarle qué podía hacer por el marsupial.
El veterinario le realizó un chequeo y le informó que se encontraba deshidratado, anémico y extremadamente delgado. Ante el diagnóstico, ella le preguntó: “¿Qué hacemos?, ¿me ayudas?”.
Sin conocimientos sobre el cuidado de una zarigüeya, decidió seguir las indicaciones del especialista. Así cambió la vida de Maximiliano y, junto con él, la de Ofelia.
La “mamá” de Maxi, como lo llama con cariño, mencionó que un dato importante es que, si las orejas de una zarigüeya son blancas, aún necesita de su madre. En cambio, si son negras, ya es independiente.
María Ofelia forma parte de un grupo que ayuda a los animales, y tras la recuperación de Maxi, decidieron iniciar una campaña de concienciación sobre su especie. Como parte de esta iniciativa, buscaron apoyo mediante un reportaje, y una amiga le sugirió crear un perfil en Facebook para Maxi.
Según Ofelia, la página tiene el mismo objetivo que la campaña: invitar a la gente a respetar a estos animales. También le crearon perfiles en Instagram y TikTok.
Ofelia Pérez enfatizó que el mensaje principal es que los dejen en paz. “No es que los adopten, porque es complicado. No pedimos que los adopten, pero sí que los respeten”, expresó.
Como sugerencia, mencionó que, si alguien encuentra una zarigüeya herida, puede llevarla al veterinario y ayudar en su recuperación para posteriormente liberarla. Sin embargo, en el caso de Maximiliano, cuando ya se había recuperado, el veterinario le indicó que no podía ser liberado, pues, al haber sido criado por un humano, buscaría el contacto con otras personas, lo que podría poner en peligro su vida.
María Ofelia interpretó esto como una señal de que Maximiliano debía convertirse en un mensajero itinerante para fomentar el respeto por la fauna. Así nació la idea de visitar escuelas, especialmente aquellas con niños pequeños, que están en pleno proceso de aprendizaje. La primera visita fue a una escuela privada, donde los niños lo recibieron con entusiasmo, tanto que tuvieron que programar una segunda visita. En esta ocasión, los niños le hicieron pancartas y hasta le compusieron una canción.
Desmiente mitos de las zarigüeyas
Otra recomendación de la activista es que, si se encuentra una zarigüeya en el patio, se le pueden dejar frutas y agua abundante, ya que forman parte de su dieta.
La señora Pérez Milán desmiente los mitos en torno a estas especies. Asegura que, en los 10 meses que lleva con Maxi, él jamás la ha mordido y convive perfectamente con otros animales.
En su hogar, Maxi comparte espacio con perros y gatos. Recalcó que es falso que transmitan rabia y explicó que, debido a su baja temperatura corporal, el virus de la rabia no sobrevive en ellos, a diferencia de perros y gatos, cuya temperatura es más alta. Además, las zarigüeyas cuentan con un sistema inmunológico excepcional, por lo que no requieren vacunas.
Mencionó que son animales sanos, con una dieta basada en frutas, y especies muy limpias y al ser nocturnos, Maxi duerme durante el día y explora la casa por la noche.
En ocasiones, por las tardes, le colocan su arnés y lo llevan al parque de La Plancha, donde llama la atención de grandes y chicos.
Su cuidadora aprovecha esos momentos para explicar la importancia de esta especie. Comentó que, en una sola noche, pueden consumir hasta 4,000 garrapatas.
La entrevistada compartió que la esperanza de vida promedio de las zarigüeyas es de dos años, pero en cautiverio puede prolongarse hasta cinco o seis años.
Como mensaje final, pidió a la ciudadanía que respete a estas especies y evite atropellarlas. “Déjenlas cruzar tranquilamente, no pasa nada por cinco segundos de retraso”, mencionó. También advirtió que esta especie podría estar en peligro de extinción.
Finalmente, recomendó que, si alguien rescata a una zarigüeya, puede llevarla al Parque Zarigüeñal, ubicado en Vergel, o a la Facultad de Veterinaria. Concluyó con una reflexión: “Si tú puedes respetar la vida, ¿por qué no respetarla?”.


