En los últimos años la Península de Yucatán ha enfrentado un crecimiento urbano desmedido que amenaza a las especies endémicas.
Aunque no todas están en riesgo de extinción, muchas enfrentan amenazas serias que podrían reducir drásticamente sus poblaciones si no se toman medidas urgentes y adecuadas.
El biólogo Marco Alpuche Pech habló sobre algunas de estas especies y cómo el impacto de la urbanización ha hecho que peligren, así como las consecuencias del cambio climático en la fauna local.
Hay diferentes categorías para clasificar el estado de los animales en peligro de extinción, según distintos organismos nacionales e internacionales como la Semarnat.
Muchos animales dentro de la Península se encuentran en diferentes grados de riesgo; algunos están amenazados, otros en protección especial y otros pocos en peligro crítico de extinción.
El oso hormiguero, el puercoespín, el armadillo, el jaguarundi, el ocelote, el tigrillo y el jaguar son algunas de las especies que se encuentran en un grado de riesgo.
También hay murciélagos y ratones endémicos, así como el loro yucateco, el carpintero yucateco o la matraca yucateca. Anfibios como la rana ladradora yucateca y el sapo borracho son otros ejemplos de fauna específica de la región.
Uno de los grupos más vulnerables ante esta situación son los mamíferos, ya que son muy sensibles, requieren condiciones muy específicas para realizar sus actividades y al ser perturbados, sea con la invasión de su hábitat o la deforestación, tienden a huir lejos.
Esto representa un problema porque la mancha urbana no les permite escapar a un refugio seguro.
“Yucatán es un estado conformado por un ecosistema llamado selva baja caducifolia. Muchas veces no se le reconoce como tal, ignoramos que vivimos en él”, explicó el biólogo.
Aunque no siempre las veamos, las especies habitan ahí, donde crecen fraccionamientos, se extienden carreteras o se excava para obtener materiales de construcción.
Urbanización, un grave riesgo
La urbanización es uno de los factores que más afecta a estas especies. “No se le ha dado abasto a la selva; grandes parches de vegetación se han desplazado, se han perturbado”.
Incluso los animales que sobreviven al desmonte a veces quedan enterrados bajo cemento. “Muchas veces la maquinaria se lleva consigo todo el suelo donde habitaban las ranas y ahí se quedan atrapadas para siempre”.
Las iniciativas de conservación son limitadas y no cuentan con los recursos necesarios, mientras que organismos como la Profepa no aplican sanciones estrictas para el tráfico ilegal de especies o la devastación de hábitats.
La aprobación de proyectos sin estudios previos también se ha vuelto un factor que contribuye a la pérdida del hábitat de las especies endémicas.
Hay algunas organizaciones no gubernamentales que realizan proyectos para la conservación, como la asociación “DUMAC”, que se dedica a la restauración de zonas costeras para ayudar a las aves migratorias.
El cambio climático complica las cosas. “La temporada de sequía se estira muchísimo. La temporada de lluvias se empieza a reducir o a presentar comportamientos irregulares”, destacó el especialista.
Los golpes de calor, la falta de agua, el aumento de huracanes y las lluvias intensas afectan tanto a especies con madrigueras como a aquellas que viven en dunas y manglares. “Por supuesto que tanto las temperaturas como los huracanes ponen muy en riesgo a las especies”.
