Los recientes casos de avistamientos de cocodrilos, como el ataque a un pescador en el malecón de Río Lagartos, son motivo de preocupación y debate en la sociedad sobre cómo convivir con estas especies.

A la cuestión en cuanto a que si se están tomando las medidas necesarias para evitar situaciones de riesgo, el profesor José Manuel Mukul Yerves, especialista en manejo y medicina de fauna silvestre, ofreció su perspectiva sobre el tema.

El profesional dice que estos encuentros no son casuales ni eventos aislados, sino el resultado de una convivencia forzada entre humanos y fauna en territorios compartidos.

“Nosotros los humanos hemos ocupado territorios que originalmente eran suyos. Ellos ya estaban ahí antes que nosotros, y es natural que si se sienten amenazados reaccionen. No es maldad, es defensa”, comentó Mukul.

El profesor señaló que existen dos tipos de avistamientos: los positivos y los negativos. Los negativos son los que dejan daños o lesiones, en tanto que los positivos implican observaciones seguras y controladas, gracias a la implementación de protocolos integrales.

¿Qué son exactamente estos protocolos?

Mukul explicó que en estados como Chiapas y Oaxaca ya se aplican guías específicas para tratar los avistamientos de fauna silvestre, pero en Yucatán aún no se han implementado.

En caso de un encuentro con cocodrilos, el especialista recomienda mantener una distancia prudente. Recordó que estos animales habitan principalmente cuerpos de agua y son más activos durante la noche y el amanecer. Sugiere utilizar lámparas para detectar el brillo de sus ojos y, sobre todo, no subestimar su capacidad de movimiento, ya que pueden desplazarse con rapidez en tierra firme y no sueltan a su presa una vez atrapada.

“El peligro no está solo en el agua. La mordida de un cocodrilo puede causar desmembramientos. Por eso, jamás deben ser tocados, provocados o alimentados”, advirtió.

Además, hizo un llamado a las autoridades para reforzar la señalización y fomentar la conciencia social sobre la importancia de respetar a la fauna silvestre.

“Más allá de catalogar a un animal como peligroso, debemos entender su ecosistema. Muchos ataques ocurren por imprudencias humanas: entrar en zonas prohibidas, ignorar advertencias, o acercarse para tomar fotos”, explicó.

También destacó que una gran parte de los incidentes se da con personas en estado de ebriedad: “La falta de conciencia y el subestimar el riesgo provocan tragedias que podrían evitarse”.

Según Mukul, en Yucatán ha faltado una coordinación efectiva entre autoridades municipales, estatales, académicas y de protección civil para establecer rutas claras de atención: desde servicio médica y hospitales de referencia, hasta la capacitación de cuerpos de rescate y protocolos para la reubicación de fauna.

“Los cocodrilos son una especie protegida en México; no pueden ser sacrificados ni reubicados sin un motivo justificado”, recalcó.

En el estado, la especie más común es el cocodrilo de Morelet, que habita en lagunas, manglares y cuerpos de agua dulce. Aunque no siempre son visibles, su presencia es constante. Ante una emergencia, se debe recurrir a Protección Civil, quien canalizará el caso con la dependencia correspondiente, como bomberos, policía o la Profepa, encargada de la fauna silvestre.

Para concluir, el maestro dejó un mensaje claro: es momento de aprender a convivir. “No se trata de ver a los cocodrilos como enemigos, sino de comprender que compartimos el mismo entorno. Mientras más sepamos de ellos, menos riesgos correremos. No es valentía acercarse, es imprudencia. Respetemos su espacio y cuidemos el nuestro”, concluyó