El ganadero yucateco José Luis Ordaz Jiménez, con 61 años de experiencia en la crianza de ganado indubrasil de registro, forjador de campeones y ex dirigente de uniones ganaderas, quiere aportar su granito de arena para el control del gusano barrenador.
Una plaga que actualmente está presente en algunos ranchos del Estado.
Su interés particular es que la mosca “cochliomyia hominivorax”, cuya larva es el gusano barrenador, no se propague a mayor número de ranchos yucatecos, y afecte a la ganadería en general al ser una actividad económica muy importante para Yucatán, que está en constante disminución.
Prohíben movilización de ganado de Yucatán por el gusano barrenador
EI Diario informó el viernes 23 pasado que el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) prohibió la movilización de ganado de los estados del sureste al norte del país, ya que esta zona está libre de la plaga.
Además, el gobierno de Estados Unidos restringió las exportaciones de ganado mexicano.
Con vasto conocimiento veterinario que le da la administración de su rancho San Sebastián, en Cenotillo, Ordaz Jiménez sabe prevenir, detectar, eliminar y curar al ganado infectado del gusano barrenador.
“Porque es un problema que siempre ha existido en la ganadería”.
Sin embargo, con la experiencia que vivió en la década de los 90 cuando las autoridades sanitarias instalaron cientos de cajas con moscas estériles a las orillas de las carreteras y en montes cercanos a los ranchos.
Esto con el fin de contrarrestar a la mosca transmisora del gusano barrenador, no dudó en señalar que la mosca estéril es el método más efectivo para su control.
En amena charla en su hogar, destacó que lleva varios años en la ganadería. Inició en 1964 y toda su vida se ha dedicado a la actividad. Lidió contra el problema, él castró a cientos de toros y cuidó sus heridas sin que ninguno se infectara de manera descontrolada.
De los miles de toros que capó, solo un novillo murió por complicaciones, no por la infestación del gusano “devorador de hombres”.
En desacuerdo con la estrategia actual contra la plaga
El entrevistado está en desacuerdo con la estrategia actual cuando se detecta algún caso del gusano barrenador en un ganado.
Ya que opinó que hay un desperdicio de recursos públicos, dado que el cerco de 20 o 40 kilómetros en torno al rancho donde se detectó el brote no es la solución.
“Ese médico veterinario que manda rodear los ranchos donde aparecen los brotes de gusano y manda muchísima gente está ocasionando un gasto dimensional de millones de pesos”, señaló al Diario.
“Todos los que somos ganaderos sabemos cuál es la solución, se ha hecho con anterioridad con éxito y es la colocación de cajitas de moscas estériles en los montes.
Cuando empiezo a conocer lo que es el gusano barrenador es porque castraba cientos de toros. En ese entonces, en México no se aceptaban a toros con testículos, sino únicamente recibían novillos por el tipo de carne suave y grasa que tenía el animal.
Ibas a las ferias, veías toros lindos y gordos, pero no interesaban al mercado. Llegabas con un novillo más chico y gordo, enseguida lo vendías.
¿Qué teníamos que hacer los ganaderos de aquella época entonces? Castrar a los animales y engordarlos como novillos para que cuando llegue a la feria tengan salida”.
Explicó que los compradores preferían los novillos, pues tenían carne suave y cierta grasa, en cambio los toros, desarrollaban músculo y si era viejo, tenía carne dura.
Era tanta su experiencia en la castración bovina que en una ocasión apostó con un ganadero tabasqueño que quería capar un toro de 800 kilos porque ya no montaba, no servía para nada y lo quería vender, pero no había veterinario que lo hiciera.
Aceptó la apuesta monetaria que si moría el toro pagaría $15,000 y si vivía y resultaba un éxito la castración, aquel le pagaría sus servicios.
“Ese toro tenía los testículos como berenjenas grandes y yo estaba acostumbrado a castrar toritos de 200, 250 y 280 kilos. Para mí era lo más fácil del mundo es la castración”.
“No te puedo decir cuántos animales castré, pero fueron cientos de cientos”, dijo orgulloso.
Técnica infalible: castración bovina
Aprendió una técnica propia infalible y sabía tanto de medicina veterinaria por medio de la lectura de libros e intercambio de experiencia que solo le faltaba el título de médico veterinario.
“Le aprendí a un excelente médico veterinario que se llama Alfonso, que atendía a mis animales y tenía su farmacia veterinaria en la calle 56 con 59”.
Según relató:
“Un día no pudo acompañarme y me recomendó a un veterinario llegado de México de apellido León.
No confiaba más que en Alfonso, pero la urgencia de un caso hizo que aceptara su asesoría.
Él operaba como marca su libro, por lo que era tardado.
Castraba de otra manera, era más fácil y rápido, y él se sorprendió de mi habilidad y conocimientos, pues él operaba tres (ganados) y yo seis en un día”.
Los conocimientos avanzados del doctor León hizo que estrecharan una larga amistad, al grado que en una ocasión le preguntó por qué Yucatán no tenía una facultad de veterinaria si habían muchos ranchos ganaderos.
Como desconocía el motivo, el doctor León le pidió que gestionara una audiencia con el entonces gobernador Carlos Loret de Mola para que le proponga la construcción de esa facultad de veterinaria que hoy tiene la Uady en terrenos de la comisaría de Xmatkuil.
El mandatario estatal los atendió a ambos cuando escuchó la propuesta, la aceptó, donó el terreno y comprometió al doctor León para que sea su primer director.
Foco de infección
La Península de Yucatán concentra 232 casos del gusano barrenador.
Libre de plaga
EI Diario informó el viernes 23 pasado que el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) prohibió la movilización de ganado de los estados del sureste al norte del país, ya que esta zona está libre de la plaga.
Restringe exportaciones
Además, el gobierno de Estados Unidos restringió las exportaciones de ganado mexicano.
Casos confirmados
En Yucatán, se confirmaron seis casos del gusano barrenador distribuidos en Tzucacab, Halachó y Mérida.
