La comunidad científica ha encontrado en los arribos de sargazo la oportunidad de contener y reutilizar esta biomasa para que se pueda usar o aplique en sectores como la cosmética, el tratamiento del agua y la agricultura.
Incluso sus residuos pueden ser aprovechados en su totalidad. Y a esto se le conoce como aprovechamiento integral.
La doctora Beatriz Escobar Morales, investigadora del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), quien trabaja en la elaboración de biocarbón a partir del alga marina, explicó al Diario cómo es el proceso para estas aplicaciones que van desde la cosmética hasta los biofiltros.
“Cuando sintetizamos nanopartículas con extractos de sargazo, queda un residuo. A ese residuo aún le podemos dar valor agregado transformándolo en biocarbón. Es el contexto completo de una economía circular”, manifestó.
El biocarbón que obtienen tiene una alta área superficial —de 1,500 a 2,000 metros cuadrados por gramo—, lo que lo hace útil para diversas aplicaciones.
Una de ellas son los biofiltros –estructuras que utilizan materiales porosos para atrapar contaminantes– que se colocan en sitios donde se acumula el alga y donde hay mal olor por ácido sulfhídrico.
“El azufre queda atrapado en la estructura carbonosa del biocarbón”, indicó.
Otra de las aplicaciones que se han realizado en el laboratorio es utilizar los biocarbones con diferentes áreas superficiales, dependiendo del proceso de síntesis, y los que tienen menor área son utilizados en jabones.
“Ya pasaron pruebas para eliminar bacterias de las manos”, señaló.
Estos productos podrían competir con los jabones comerciales hechos con carbón activado, aunque aún falta camino por recorrer.
“Si quisiéramos que fuera para uso facial, necesitaríamos pruebas cosméticas y permisos”, aclaró.
¿Es lo mismo que el carbón activado que se vende comercialmente?
“Exactamente. De hecho, así surgió la idea. Veía que estaba de moda: helados, pan, todo con carbón activado”, apuntó.
La especialista destacó que los encargados de realizar estas investigaciones en el CICY trabajan con responsabilidad en cuanto a los riesgos que puede implicar el uso del sargazo.
“Hemos logrado reducir los metales pesados que contiene el sargazo por debajo de la norma, pero somos muy cuidadosos. No recomendaríamos algo sin pruebas físico-químicas adecuadas”, afirmó.
Otro aspecto prometedor del biocarbón es su competitividad frente a productos similares en el mercado.
“Tiene más área superficial que muchos carbones activados comerciales. El reto ahora es hacer estudios económicos que demuestren que también es más barato producirlo”, recalcó.
Algunas cadenas hoteleras en el Caribe ya producen jabones con biocarbón de sargazo y los ofrecen a sus huéspedes.
“Eso demuestra que si hay disposición, se puede transformar esta problemática en una cadena de producción con valor”, concluyó.
