La cacerolita de mar es un invertebrado marino milenario y en peligro de extinción cuyo saqueo se ha hecho evidente en días recientes en la costa oriente del estado, ante la creciente demanda como carnada para la pesca del pulpo.
Investigadores y pescadores lamentan el daño ecológico que representa esta práctica que aunque saben que es ilegal lo siguen haciendo.
En las últimas semanas, se ha dado a conocer la captura furtiva y el contrabando de esta especie, que es llevada hasta el puerto de Progreso para su comercialización con la flota mayor.
Pescadores veteranos de Río Lagartos aseguran que hasta hace unos 10 años, solían ver a la cacerolita en las orillas del mar, la ciénega y la ría.
Indican que cuando llegaban turistas era común mostrarles a estos animales como parte del ecosistema, y hasta les decían que es conocida como cucaracha de mar: incluso en el antiguo puente de madera que conectaba con Las Coloradas, era casi seguro encuentrar al menos una cacerolita.
Hoy, reconocen, su presencia ha disminuido drásticamente y saben que esa especie no se pesca porque no sirve para comer, pero en esta temporada la sacan porque se usan como carnada para la pulpeada.
Al respecto, el Diario entrevistó a dos especialistas para abordar la importancia de este ser vivo en el entorno natural y los riesgos que corre ante una multitud de circunstancias que actualmente enfrenta como especie en peligro.
Un papel importante para la vida
El doctor en Ciencias Juan José Sandoval Gio, investigador del Tecnológico Nacional de México, advierte que la cacerolita de mar es endémica de la península de Yucatán y cumple funciones ecológicas vitales.
Su papel ecológico es fundamental, ya que de sus huevos se alimentan aves migratorias y diversas especies marinas, por ejemplo.
En ese sentido, la doctora Reyna Cristina Collí Dulá, investigadora por México, comisionada de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), señala que “es un organismo clave. Su presencia o ausencia nos dice mucho sobre el estado de salud de los ecosistemas costeros”.
Además, aclara que el animal no se trata de un crustáceo, sino un pariente lejano de los arácnidos.
Los especialistas indican que su sangre es valiosa en la industria biomédica mundial por sus propiedades únicas para detectar endotoxinas.
También refieren que ésta es rica en cobre y hemocianina, se ha convertido en un recurso valioso en la industria farmacéutica, utilizada para garantizar la esterilidad de los equipos médicos.
Incluso, añade Sandoval Gio, en Estados Unidos su sangre se utiliza para extraer el LAL (lisado de amebocitos de Limulus) un compuesto útil para asegurar la inocuidad del material quirúrgico, medicamentos y vacunas, entre otros.
La doctora Collí Dulá, por su parte, comparte que su equipo ha desarrollado metodologías para usar la sangre de la cacerolita como un indicador biológico.
A través de la hemolinfa se analiza la presencia de metales pesados y microplásticos en los hábitats donde esta especie habita, como Chelem y San Felipe.
“El origen de esta especie data de hace 250 millones de años; sin embargo, investigaciones recientes muestran una drástica reducción en sus poblaciones durante los últimos 25 años, debido principalmente a la destrucción de su hábitat y su uso como carnada”, precisa el doctor Sandoval Gio.
Afirma que el saqueo de este animal marino ha sido identificado como un delito ambiental, ya que la Norma Oficial Mexicana NOM-059-Semarnat-2010 prohíbe su captura por estar clasificada en peligro de extinción.
Investigaciones
Recuerda que desde 2014 su grupo de investigación ha desarrollado proyectos para estudiar su biología, toxicología y conservación, así como actividades de educación ambiental en comunidades como Río Lagartos y Holbox.
De hecho señala que un hallazgo preocupante ocurrió en 2021, cuando se detectaron residuos de glifosato, en cacerolitas muertas en cuatro localidades costeras de la Reserva de la Biosfera Ría Lagartos, siendo este el primer registro en México de bioacumulación de este contaminante en una especie marina.
“Es alarmante, especialmente porque en junio se reportó una mortandad masiva de organismos en la parte occidental de la ría, cerca de El Cuyo, aunque no se puede afirmar que las cacerolitas hayan muerto por contaminación, en una zona protegida no debería haber estos indicadores de daño ambiental”, expresa el doctor Sandoval Gio.
“Usarla como carnada, además de ilegal, representa un retroceso en los esfuerzos de conservación de una especie que forma parte del patrimonio natural de la península de Yucatán”, afirma el investigador del Tecnológico Nacional de México.
Ambos consideran que es necesario que la sociedad tome conciencia.
No se trata solo de proteger a la cacerolita por ser “una especie rara” o por el uso que se le da como anzuelo, sino porque su desaparición representaría un daño profundo al ecosistema, dice la doctora Collí Dulá.
“Todo lo que le hagamos al mar, el mar nos lo devolverá. Necesitamos cambiar nuestro enfoque. La cacerolita es solo una especie, pero lo que le pase a ella nos afectará a todos”, advirtió la especialista.
Es urgente fomentar una educación ambiental accesible, exigir el cumplimiento de las normas de conservación y reconocer que estamos frente a un organismo cuya pérdida nos pasará factura, añadió.— WENDY UCAN CHAN/VANESSA ARGÁEZ CASTILLA



