El corazón del barrio de San Sebastián late con fuerza en días de feria. Sus calles, con puestos, juegos y aromas tentadores, se convierten en un punto de encuentro para quienes buscan disfrutar de la gastronomía local, las atracciones mecánicas y el ambiente festivo que distingue a este sitio meridano.
El barrio vive nuevamente sus noches más animadas del año. La tradicional feria, punto de encuentro para vecinos y visitantes, ha convertido el parque, el campo deportivo, la iglesia y sus alrededores en un espacio donde la convivencia familiar, los sabores típicos y las atracciones se entrelazan con el sentido de identidad.
Alrededor de la sede parroquial, en el corredor ferial, los puestos ofrecen una amplia variedad gastronómica como tacos y tortas de carne asada o pastor, carnitas michoacanas, perros calientes. También hay elotes, esquites, kibis y piedras. Y desde luego, las infaltables marquesitas, papas fritas y salchipulpos. Para refrescarse hay helados, granizados y aguas frescas, donde la pitahaya es la estrella por la temporada.
La zona de juegos mecánicos —integrada por la rueda de la fortuna, el carrusel, barquitos y motos giratorias, canastillas locas, brincolines y “tomblins”— es uno de los principales atractivos.
Entre los más pequeños, el carrusel se mantiene como el favorito, mientras que las canastillas locas son la opción predilecta de los más aventureros. A un costado, los juegos de destreza ponen a prueba la puntería de los visitantes, y una pequeña sala de arte brinda a los niños la oportunidad de expresarse con acuarelas.
Los comerciantes señalan que este año la afluencia ha sido favorable. “Todavía quedan algunos días para que la gente venga a disfrutar, así que los esperamos con mucho gusto”, comentan con optimismo.
Visitantes al barrio de San Sebastián
Entre los testimonios de quienes acuden, Ignacio Mex relató que llevó a su hijo a subir al carrusel y terminó la noche con un globo, algodón de azúcar y una alcancía como recuerdo.
Alexa Domínguez explicó que su atracción favorita es la quema de los toritos, a lo que asiste cada año junto con sus vecinos para vivir “pura adrenalina”. En tanto, Doryan Rodríguez comentó que disfruta la rueda de la fortuna “porque no es tan alta y no da tanto miedo”.
Más allá de las atracciones y la gastronomía, la feria de San Sebastián representa un encuentro con la tradición. Año tras año, familias enteras se congregan para convivir en un ambiente de alegría, reforzando los usos y costumbres que dan identidad al barrio mágico.
Entre las actividades más esperadas se encuentra la quema de toritos y cipreses que realizan los gremios en honor a la Virgen de la Asunción, un espectáculo que combina fe, color, pirotecnia, emoción y diversión.





