A lo largo de mi andar en cargos públicos tuve que leer, aprender, conocer y en muchos casos presentar modificaciones en materia de Transporte Público, ya que desde que fui regidora, mi primer cargo, la materia me apasionó porque es verdaderamente relevante que se tenga acceso a un transporte digno y justo para toda la gente que vive no solo en las ciudades sino en todas las comunidades de nuestro lindo Yucatán, pues sin duda esto les dará una mejor calidad de vida.

El transporte público surgió en Europa en el siglo XIX, entre 1820 y 1830, específicamente en las áreas urbanas de París y Londres, fue llamado: ómnibus y funcionaban tirados por caballos. Se inventó principalmente para resolver problemas de movilidad y organización social ocasionadas a consecuencia del crecimiento de la mancha urbana. Su objetivo original fue mover a muchas personas de forma eficiente y sobre todo a un precio accesible para los que menos tenían. La primera ciudad en tener transporte público urbano organizado fue Nantes, Francia, en 1826, creado por Stanislas Baudry, al poco tiempo se lo copió París.

Cuando las ciudades crecieron en población, caminar ya no era suficiente para llegar al trabajo, a las escuelas o a los mercados, de ahí la necesidad del transporte público que le permitió a los peatones cubrir distancias mayores de manera rápida, dando paso a una nueva herramienta social: transporte público urbano.

En aquel entonces, no todos podían costear un carruaje privado equivalente a como ahora lo es un automóvil. Por esta razón surge el transporte público colectivo. Y fue pensado como una opción barata y compartida.

Para implementar este sistema, fue importante ordenar el tráfico y la vida urbana en función de evitar tener una multitud de carros o de carruajes individuales, de tal manera que este sistema tenía que ser planeado eficientemente para ayudar a reducir el congestionamiento vehicular. Aunque lamentablemente hoy la congestión existe en todas las ciudades, pero este tema lo dejaremos para otro día.

Sin duda también fue esta nueva modalidad vehicular un impulsor de la economía al conectar barrios lejanos con los centros de comercio y trabajo lo que permitió que más personas accedieran a empleos, educación y servicios.

Promover la inclusión social fue una manera de integrar a las diferentes clases sociales en la vida urbana al darles un medio de moverse a bajo costo.

En aquella época se inicia con grandes carruajes para hasta 15 personas, tenían rutas fijas, horarios y se pagaba un boleto con un precio que era más accesible que un alquiler de coche. El transporte público realmente inició, cuando algún empresario o inversionista vislumbró la oportunidad de hacer un negocio, pero desde entonces el estado, ayuntamientos o gobiernos daban permisos concesionados, aunque en aquella época no recibían financiamiento público.

Con el tiempo, cuando las ciudades crecieron y éste servicio se volvió esencial, poco a poco estos sistemas pasaron de ser un negocio privado a ser un servicio regulado y controlado por los gobiernos. El metro de Londres, surgió por el crecimiento industrial y la necesidad del traslado masivo de trabajadores con un trasporte rápido y subterráneo para unir los barrios periféricos con el centro. Así, en 1863 se inauguró la primera línea, fue una verdadera revolución pues en el primer año transportó a 9 millones de pasajeros. Se construyó con capital privado, con autorización del Parlamento, cuyo papel era regularlo y otorgar los permisos correspondientes pues fue hasta 1933 que se nacionalizó la red bajo el London Passenger Transport Board financiado con fondos públicos.

El transporte público nació como un negocio privado. Pero su importancia social lo convirtió después en un derecho y así este servicio esencial se convirtió en una obligación que los gobiernos financian y regulan con mecanismos para que sea accesible, seguro y socialmente justo.

Hoy en día, el transporte público es un derecho humano y por tanto los diferentes Estados impulsan la sostenibilidad, la diversidad de modalidades y la ca lidad de este servicio y esto se logra a través del financiamiento con fondos públicos en el presupuesto anual.

Existen muchas maneras de financiar el servicio de transporte, uno es el subsidio directo, que consiste en que el Estado paga parte del costo real del boleto para que al usuario le cueste menos. Por ejemplo, si un viaje cuesta 30 pesos en la operación, el pasajero paga 10 y el gobierno aporta 20.

Otra manera de subsidio es en impuestos específicos, es decir, se usan ingresos de gravámenes a la gasolina, al automóvil, al turismo o a la propiedad, etc. y se destinan al servicio de transporte en los presupuestos anuales de los gobiernos.

Otra modalidad del uso de tributos es cuando el gobierno planea, invierte, construye y mantiene metros, trenes, estaciones, autobuses y luego ellos mismos los operan o los concesionan con mucha regulación formando parte del sistema nacional coordinado a empresas privadas mediante contratos claros y específicos. El boletaje es único: puedes usar un solo boleto o abono para viajar en tren, bus, tranvía o barco. Este es el sistema que se emplea en Suiza.

En todos los casos la tarifa es regulada, no se deja a la libre competencia el precio del boleto. La autoridad fija una tarifa socialmente aceptable, también en muchas partes se hacen descuentos para estudiantes, adultos mayores, personas con discapacidad. Se planifican rutas, no solo se ponen rutas rentables en zonas ricas, también se garantiza y esto es lo más importante, el servicio en las colonias periféricas, aunque den menos ganancias. De tal manera que se establece normas sobre seguridad, frecuencia, accesibilidad, mantenimiento y condiciones laborales de los choferes.

En Yucatán, se creó el sistema de tarjetas, que permiten a los usuarios viajar en varios transportes con un solo pago para que no sea más caro. Cambiando de un autobús a otro hasta llegar a su destino. Este sistema se tomó de modelos que funcionan en otros lugares, como por ejemplo la Ciudad de México o Madrid, en donde además el transporte es directamente operado por el gobierno para asegurar el servicio, aunque no sea rentable.

Ejemplo. En la Ciudad de México el metro cuesta 5 pesos el boleto, pero el costo real es mucho más alto entre unos 15 o 20 pesos por viaje, la diferencia la cubre el gobierno de la ciudad.

En Madrid, el abono mensual del transporte público cuesta entre unos 21 a 60 euros, dependiendo de la zona, pero el costo real, es varias veces mayor. La diferencia la paga el gobierno regional y el Estado con subsidios.

A esto se le llama subsidio y se otorga para cumplir con una obligación gubernamental con los ciudadanos.

Otros ejemplos actuales son el Metrobús en la Ciudad de México y aquí en la península de Yucatán el Tren Maya, en los que el gobierno invirtió en infraestructura, y cuya operación en estos momentos la tiene concesionada al Ejército Mexicano bajo control militar, el boleto que pagan los pasajeros no cubre el costo real de operación, mantenimiento e inversión por lo que el proyecto depende de subsidios.

Con este planteamiento retrospectivo del origen y los retos de la movilidad actual, podemos estar de acuerdo en que el sistema del Va y Ven en la ciudad de Mérida es una alternativa real y digna para todos los ciudadanos que nos merecemos trasladarnos eficientemente, con comodidad y con seguridad.

Este servicio es un derecho humano como la salud y la educación y tiene que costarle a la autoridad, para garantizar que el gasto diario para el usuario sea accesible y el servicio sea de calidad. Es la manera de que se atienda a quienes no pueden pagar más y se destine dinero público pensando en la población económicamente vulnerable.

El diálogo entre autoridades y concesionarios debe de ser, por lo tanto, la herramienta para lograr el entendimiento entre las partes, los contratos efectuados se deben de respetar, porque no fue fácil llegar a acuerdos para pasar de un servicio deprimente y de tercer mundo, al que se logró con el nuevo sistema del Va y Ven y no debemos retroceder a los viejos vicios que ambos tenían y cuyo principal afectado es el usuario.

Tristemente se puede constatar que se está derrumbando un trabajo que costó mucho tiempo, dinero y esfuerzo a todos los involucrados, es decir gobierno, concesionarios y sobre todo a los usuarios, quienes esperaron décadas para ver circular a su servicio vehículos modernos, no contaminantes, puntuales e inclusivos, aspirando tener en Mérida y en todo el Estado un servicio de primer mundo que apenas iniciado ya está a punto de desaparecer con el reciente cambio de gobierno.

Me parece atroz lo que está sucediendo.

¿Tú cómo lo ves?— Mérida, Yucatán

Exdiputada

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