Reciente protesta en el centro de Mérida en contra del maltrato animal. Los actos de crueldad, normalizados por la sociedad, pueden evolucionar a agresiones contra personas, advierte un psicólogo
Reciente protesta en el centro de Mérida en contra del maltrato animal. Los actos de crueldad, normalizados por la sociedad, pueden evolucionar a agresiones contra personas, advierte un psicólogo

Ante el reciente aumento de casos de maltrato animal en Mérida y otros puntos de Yucatán, el psicólogo clínico Antonio de Jesús Sarlat Acuña señala que estas conductas deben dejar de verse como hechos aislados o menores.

Éstos constituyen actos de violencia que pueden escalar hacia conductas más graves si no se atienden en forma oportuna, advierte.

Egresado de la Universidad Anáhuac Mayab y con formación en psicoterapia focalizada en las emociones, logoterapia y terapia cognitivo-conductual, el profesional refiere que detrás de un acto de crueldad contra un animal puede estar el inicio de una escalada de violencia social que incluso puede culminar en homicidios.

“Todo empieza por un acto que a lo mejor muchos dicen: ‘No es tan relevante o no es tan importante’. Y no. Sí es importante porque de ahí derivan otras acciones que son más dañinas al tejido social”, explica.

El especialista subraya que el maltrato animal no es una antesala, sino una forma de violencia en sí misma. Así lo define la Organización Mundial de la Salud: el uso de la fuerza con la intención de causar daño. En el caso de los animales, la violencia suele quedar impune.

“Si dañamos a un perrito, muy probablemente haya estos elementos detrás: ausencia de culpa, de remordimiento, justificación del daño y una profunda indiferencia”, señala en entrevista con el Diario.

Estos síntomas forman parte de lo que la Asociación Americana de Psiquiatría describe como trastorno de la personalidad antisocial, alerta.

Uno de los datos más inquietantes es que en México siete de cada diez mascotas sufren algún tipo de maltrato, pero solo el 0.01% de estos casos se castiga, según datos de 2023.

Esta realidad, dice Sarlat Acuña, refuerza un sistema de impunidad y desensibilización social ante la violencia.

“La persona que no recibe un castigo no aprende que hay una consecuencia de sus acciones… Se normaliza el sufrimiento de los perritos y eso deteriora el tejido social”, explica.

El maltrato animal no solo es una señal de alerta, sino también un síntoma de carencias profundas durante la infancia.

Para el especialista, los esquemas mentales que permiten justificar la violencia tienen su origen en la falta de necesidades psicológicas básicas durante los primeros años de vida: apego seguro, validación, límites, juego y autonomía.

Cuando estas necesidades no son cubiertas se forman esquemas tempranos mal adaptativos, que justifican actos agresivos y llevan a pensamientos del tipo: “lastimo antes de que me lastimen” o “puedo hacer lo que quiera sin consecuencias”.

“Cuando papá y mamá, por ejemplo, utilizan la humillación dentro de su crianza eso también predispone a la formación de esquemas de violencia”, advierte.

Además, en la infancia puede diagnosticarse el trastorno negativista desafiante, que en la adultez puede evolucionar a un trastorno antisocial de la personalidad.

En esos casos, explica el especialista, los agresores no sienten culpa, justifican su conducta violenta y pueden llegar a cometer delitos cada vez más graves.

La exposición constante a actos de violencia, incluso contra animales, puede moldear el comportamiento de niños y adolescentes. “Si un niño presencia que su papá maltrata animales, es muy probable que se empiecen a forjar estos esquemas”, señala el psicólogo.

El problema se agrava cuando estos actos no generan rechazo social. La cultura de la minimización (“solo era un perro”, “exageras”, “no es para tanto”) refuerza la idea de que estos comportamientos no son graves. Pero sí lo son, y mucho.

Una violencia que escala

El psicólogo Sarlat Acuña, quien actualmente labora en Meeting Doctors —con presencia en España, México, Brasil, Polonia y República Checa, entre otros países—, explica que esta desensibilización puede llevar a violencia doméstica, delitos sexuales y eventualmente homicidios.

La buena noticia es que hay tratamiento, aunque no todos son efectivos, dice.

El profesional destaca la terapia de esquemas, una evolución de la terapia cognitivo-conductual, como uno de los métodos más eficaces para tratar trastornos de personalidad como el antisocial.

Sin embargo, advierte que estos pacientes suelen ser resistentes a la terapia, ya que sus síntomas son egosintónicos, o sea, no los perciben como un problema.

“Una persona con este trastorno puede golpearte y decirte: ‘Te lo merecías’. No siente nada. Esa es la gran dificultad para tratar estos casos”, comenta.

El tratamiento requiere al menos un año y más de 16 sesiones continuas. “Son trastornos que han acompañado a la persona toda su vida”, señala el experto.

El psicólogo hace un llamado a la sociedad para romper con la indiferencia y exigir consecuencias legales y sociales ante el maltrato animal. “Así como robar tiene una consecuencia, lastimar a un perrito también debería tenerla”.

Jorge Iván Canul Ek es licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación y actualmente reportero de la Agencia Informativa Megamedia. Tiene 22 años de trayectoria en los medios, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2004. Los temas de arte y cultura, comunidades, ciudadanos y espectáculos son su especialidad. Con especial gusto por la crónica para el desarrollo de sus historias.