La urbanización acelerada en Yucatán tiene un impacto irreversible en comunidades originarias como Cholul y Dzityá, que enfrentan retos significativos para preservar sus tradiciones y costumbres, advirtió Felipe Salvador Couoh Jiménez, coordinador de la licenciatura en Historia de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.
“Hay un impacto irreversible, en el sentido de que, a medida que ingresan culturas diferentes —incluso si provienen de otras partes de México—, los habitantes originarios se ven obligados a limitar algunas de sus prácticas tradicionales. Por ejemplo, el encendido de fuego o de cohetes entra en conflicto con las normas impuestas por los recién llegados”, explicó.
En un análisis realizado a solicitud del Diario —en el cual expuso el problema y sus implicaciones culturales—, el académico destacó que la llegada de nuevos residentes, quienes con frecuencia construyen grandes mansiones en contraste con las condiciones más humildes de los habitantes originales, también contribuye a la erosión de las tradiciones locales.
“Esto sofoca muchos usos y costumbres de las poblaciones originarias”, señaló.
Couoh Jiménez subrayó la importancia de las fiestas tradicionales, la lengua maya y las redes familiares como bases sólidas de resistencia ante la urbanización.
“Las unidades familiares y comunitarias en Yucatán son fundamentales para soportar las embestidas de prácticas ajenas. Sin embargo, a medida que fallecen los adultos mayores —vínculo central de unificación—, las nuevas generaciones se ven atraídas por lo que en antropología llamamos ‘esnobismo’, abandonando sus tradiciones y aceptando lo nuevo”, lamentó.
El coordinador advirtió que, conforme se debilita la unidad familiar, los jóvenes tienden a someterse a las nuevas imposiciones y a olvidar sus prácticas tradicionales. “Es triste, pero la fortaleza para resistir se basa en la comunidad y en el conocimiento que los mayores transmiten. Sin ellos, los jóvenes quedan vulnerables”, comentó.
La llegada de foráneos y extranjeros afecta de manera contundente las dinámicas sociales de las comunidades, dijo.
“Cuando una población no tiene la suficiente fortaleza para resistir la invasión de nuevos vecinos, se pierden valores y se desmorona la memoria histórica y patrimonial. La llegada de gente de fuera de Yucatán puede llevar a la pérdida de prácticas culturales, de nuestra lengua y, eventualmente, de nuestra identidad”.
El académico alertó sobre el riesgo inminente de perder memoria histórica y patrimonial si no se implementan políticas educativas y gubernamentales que respalden a las comunidades originarias.
“Es vital articular las prácticas gubernamentales con la ciudadanía para resistir estos embates. Debe existir una política educativa que fomente la preservación de las tradiciones, usos y costumbres”, enfatizó.
Couoh Jiménez manifestó que, sin una colaboración efectiva entre el gobierno y la sociedad civil, las prácticas culturales y la lengua maya corren el riesgo de desaparecer. “Lo nuevo, que a menudo se presenta como innovador, puede acabar siendo privilegiado, y si no se actúa, se cederá poco a poco nuestro patrimonio y nuestra cotidianidad”.
Finalmente, insistió en que las unidades familiares y comunitarias —pilar de la vida cotidiana en Yucatán— deben mantenerse unidas y sólidas en sus valores culturales y patrimoniales para soportar embates externos. “Todo depende del arraigo que tengan para enfrentarlo”, reiteró.
