En la antesala de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para el 1 de julio de 2026, el sector agropecuario yucateco alza la voz para pedir participación activa en un proceso que, dice, podría redefinir el futuro productivo del país por al menos dos décadas.
Miguel Carbajal Rodríguez, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) Capítulo Yucatán, advirtió que las consultas y trabajos preparatorios, iniciados en la segunda mitad de 2025, no pueden quedar únicamente en manos de cancillerías o especialistas.
“Su alcance rebasa con mucho lo arancelario: reencuadra las reglas bajo las que el campo mexicano produce, invierte, exporta, paga salarios e innova”, señaló.
Carbajal enfatizó que el agro no puede mantenerse al margen, viendo el proceso desde la gradería. “No se trata de ser observadores, sino de participar, fijar postura y anticiparse”, señaló.
De acuerdo con el líder empresarial, en 2023, la producción agropecuaria y pesquera de México sumó casi 299 millones de toneladas con un valor económico de aproximadamente 1.545 billones de pesos.
“Ese mismo año, las exportaciones agroalimentarias alcanzaron un máximo histórico de 51,874 millones de dólares”.
Impulsor clave
En Yucatán, donde existen más de 60 mil unidades de producción agropecuaria y forestal y una superficie agrícola superior a 400 mil hectáreas, el T-MEC ha sido un impulsor clave de competitividad y exportación, señaló Miguel Carbajal Rodríguez, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) Capítulo Yucatán.
“El T-MEC dejó de ser un acuerdo centrado únicamente en aranceles. Hoy define estándares laborales y ambientales exigibles. Si el agro mexicano no se involucra en la discusión, otros lo harán por él”, subrayó.
“Callar es ceder la narrativa; participar es ejercer el derecho de construir el futuro del sector”.
Uno de los puntos más relevantes de la revisión del tratado será definir si se extiende 16 años más.
“Recordemos que el T-MEC vence en 2036 si no se extiende; una decisión de extensión en 2026 lo llevaría a 2052, con revisiones cada seis años”, explicó.
“Vincular sustentabilidad con competitividad debe ser prioridad”, afirmó. “Si logramos que las prácticas responsables se traduzcan en ventajas comerciales, México puede convertirse en un referente regional de producción verde”.
Carbajal Rodríguez insistió en que la transición hacia nuevos estándares no debe recaer solo en el productor.
“La revisión abre una ventana para articular, en paralelo al T-MEC, cooperación técnica y esquemas financieros (bancos de desarrollo, fondos climáticos y plataformas trilaterales) que permitan incorporar inteligencia artificial para monitoreo de cultivos, blockchain para trazabilidad y analítica de datos para inteligencia de mercados, sin comprometer la rentabilidad del campo”.
A la par, reconoció peligros latentes: el riesgo de que capítulos laborales y ambientales se conviertan en barreras de facto, la posible desaceleración de inversiones en 2025 y 2026, y la asimetría regulatoria frente a Estados Unidos.
Por ello, el CNA Yucatán plantea una postura clara: “Más que pedir privilegios, el sector agropecuario debe exigir equilibrio. Necesitamos reglas claras… condiciones simétricas… y mecanismos de apoyo transicional que distribuyan de forma justa los costos de la adaptación”.
Para el dirigente, el T-MEC ya no solo regula comercio, sino viabilidad productiva y laboral. “El T-MEC ya no se limita a regular flujos de mercancías: es el marco que determina quién produce, bajo qué estándares y a qué costo”.
Carbajal Rodríguez concluye con un llamado contundente en vísperas de la renegociación: “Lo que se negocie en los próximos meses definirá la capacidad del campo para seguir creciendo, innovando y exportando con dignidad. En una negociación de esta magnitud no hay neutralidad posible: quien no habla, negocia en silencio su propio margen de supervivencia”.
