Jóvenes se comunican por medio de la lengua de señas. Integrantes de asociaciones, estudiantes y familias participaron en una caminata en el Paseo de Montejo para exigir inclusión y reconocimiento de derechos
Jóvenes se comunican por medio de la lengua de señas. Integrantes de asociaciones, estudiantes y familias participaron en una caminata en el Paseo de Montejo para exigir inclusión y reconocimiento de derechos

La comunidad sorda caminó ayer por la mañana desde el Monumento a la Patria rumbo al de Felipe Carrillo Puerto en Paseo de Montejo, acompañado de integrantes de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey), en una marcha en la que avanzaron juntos para visibilizar su lucha y expresarle a la población que hace falta derribar barreras.

La actividad se llevó al cabo en el marco del Día Nacional de las Personas Sordas, que se celebró el pasado viernes 28.

Para quienes participaron, esta fecha es una oportunidad para que la gente comprenda que la lengua de señas es un idioma y que acciones tan simples como incluir subtítulos en el cine o en contenidos audiovisuales pueden abrir horizontes.

Antes de que iniciara la caminata, María Georgina Canto Ramírez, del Instituto Cultura Sorda (Inculsor), compartió unas palabras por medio de su intérprete, en las que compartió lo que significa para ella ver a la comunidad reunida.

Se dijo contenta, pero también habló del dolor y la urgencia detrás de su causa. Señaló que es necesario abrir la mente para buscar accesibilidad y que “es muy importante romper estas barreras que existen”, pues para muchas personas sordas sigue siendo complicado comunicarse o pedir ayuda.

Asimismo, recordó que la falta de intérpretes en asociaciones deportivas ralentiza procesos y genera discriminación. Mencionó que en la Asociación Mexicana para la Comunicación y Superación de las Personas con Discapacidad Auditiva (Ame) también enfrentan dificultades que duelen.

Luego expresó su deseo de que el próximo año vuelvan a reunirse y valoró el esfuerzo de quienes hacen posible estos encuentros.

Tras el mensaje, se pidió a los asistentes mantener el orden para iniciar la caminata, debido al paso constante de bicicletas en la zona. La marcha avanzó con asociaciones deportivas de personas sordas, integrantes de Ame, estudiantes de la Uady y de Derecho, familias convocadas y personal de la Codhey.

Aunque eran muchos, María Canto insistió en que el número no es lo esencial, sino que la ciudadanía comprenda que la lengua de señas es un idioma y que pequeñas acciones, como poner subtítulos en el cine, pueden transformar su acceso al mundo.

Discriminación

Uno de los señalamientos que compartieron fue que la discriminación sigue presente, especialmente cuando se asume que una persona sorda “no puede” o está en desventaja frente a alguien oyente.

Para las personas de la comunidad, la equidad empieza por reconocer que están en igualdad de condiciones y lo único distinto es la forma de comunicarse.

De igual manera, se destacó que existen diferentes formas de ser sordo; hay quienes oralizan, solo hacen señas, quienes aprendieron en casa o no tuvieron acceso a terapias. Por eso, se insistió en que no se puede generalizar ni meter a toda la comunidad en una misma categoría.

“Las personas sordas tenemos el poder, estamos empoderadas, sordos con S mayúscula”, subrayó María Canto.

Cuando la marcha finalizó, los participantes compartieron un momento ameno en el que contestaron algunas preguntas para ganarse algunos regalos, y posteriormente convivir en un lugar que habían acordado.— KARLA CECILIA ACOSTA CASTILLO

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