Desde la infancia y hasta la vida adulta, diversas formas de violencia se normalizan dentro del entorno comunitario. Palabras, acciones y condiciones cotidianas, que en ocasiones escalan hasta la agresión física, afectan la vida de miles de mujeres.

En ese contexto se presentó el cortometraje “Teene’ in k’a abae’ Martha (Yo soy Martha)”, seguido del foro “Las violencias que atraviesan las mujeres en contextos comunitarios”, un espacio que abrió el diálogo sobre las problemáticas que forman parte del día a día de quienes viven en estos entornos.

La proyección se realizó en el auditorio Eduardo Urzaiz Rodríguez del Campus de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), con la asistencia de integrantes del Congreso del Estado, personal del Instituto de Investigaciones Legislativas, autoridades académicas, estudiantes y representantes de la asociación civil Kuxa’an.

Antes de la exhibición, Jim Mendiburu Manzanilla, presidente de la organización Kuxa’an, explicó que el cortometraje surgió como una herramienta para promover la prevención de la violencia contra las mujeres.

“La intención de este material es sencilla, pero poderosa: contar con un recurso didáctico cercano, capaz de sensibilizar y facilitar el diálogo sobre la prevención de la violencia”, dijo.

Asimismo, señaló que el proyecto fue realizado en lengua maya, con el propósito de acercarse a las comunidades originarias y fortalecer la comunicación en su propio contexto cultural.

Después de la proyección se llevó al cabo el foro “Las violencias que atraviesan las mujeres en contextos comunitarios”, en el que participaron la diputada Naomi Peniche López; Karina Tun Poot, originaria de Kinchil; la abogada Fabiola García Magaña, y la psicóloga Grisell Ku Salas.

La primera reflexión giró en torno a las emociones que genera la historia de Martha. Desde el ámbito legislativo, la diputada Naomi Peniche señaló que el cortometraje visibiliza formas de violencia que suelen pasar desapercibidas, aun cuando no existan agresiones directas, y subrayó que ante estos casos deben prevalecer la empatía y la sororidad.

Karina Tun Poot relacionó el relato con la realidad de muchas mujeres que viven en comunidades rurales, mientras que la psicóloga Ku Salas destacó que la historia invita a reconocer la vulnerabilidad que enfrentan mujeres, niñas y adolescentes, así como a cuestionar qué acciones personales pueden contribuir a visibilizar estas problemáticas.

Por su parte, la abogada García Magaña señaló la presencia de violencia simbólica y estereotipos de género que condicionan la vida de la protagonista, además de la falta de información y la imposición de decisiones determinadas por factores culturales.

Posteriormente, las participantes analizaron el acercamiento de Martha a distintas formas de violencia a lo largo de su vida. La diputada Peniche mencionó frases y conductas que se reproducen de manera inconsciente dentro de las familias, como la idea de que las mujeres no deben estudiar o que la maternidad es su única responsabilidad.

Karina Tun Poot destacó los momentos del relato en los que la protagonista enfrenta discriminación, acoso y obstáculos para acceder a la educación. En tanto, Fabiola García Magaña cuestionó si las decisiones del personaje responden a su voluntad o a un camino impuesto por el entorno, además de señalar la falta de información sobre sus derechos.

Desde la perspectiva psicológica, Grisell Ku Salas explicó que las violencias pueden comenzar incluso antes del nacimiento y mantenerse a lo largo de la vida mediante discursos familiares, estereotipos y relaciones que reproducen estas prácticas.

Durante el foro también se reflexionó sobre el momento en que Martha afirma con fuerza su nombre. Karina Tun Poot interpretó esta escena como un reconocimiento al esfuerzo y la resistencia de las mujeres, en especial en las comunidades rurales, donde desde niñas asumen responsabilidades dentro del hogar.

Desde su perspectiva, ese grito sintetiza una historia de trabajo, lucha y persistencia, y representa la convicción de seguir adelante para alcanzar sus propios objetivos.

La psicóloga Ku Salas añadió que ese instante simboliza la voz interior que impulsa a decir “basta” y a transformar la propia vida, una fuerza que surge tras diversas experiencias y que invita a cuestionar los roles asumidos, así como a identificar aquello que cada persona necesita cambiar o reconstruir.