“En cualquier familia, ya sea yucateca o de otra parte del mundo, la desaparición de un ser querido provoca lo que llamamos una pérdida ambigua, porque este tipo de pérdida, a diferencia del duelo por una muerte clara, genera una incertidumbre que impide el cierre emocional” informa al Diario Francisco Javier Hernández Colín, docente de la Escuela de Psicología de la Universidad Anáhuac Mayab y exfuncionario federal en dependencias de seguridad.


“Las familias viven en un constante tira y afloja entre la esperanza y la desesperanza, lo que puede llevar a un agotamiento emocional significativo. La desaparición de personas no es un problema exclusivo de Yucatán ni de México, sino un fenómeno global”, asegura.
También refiere que es un tema de gran impacto social, el cual, afortunadamente, ya se visibiliza tanto por elementos gubernamentales como de la sociedad civil en general que está atenta.
De acuerdo con el reciente informe de la organización México Evalúa, advierte que la violencia en el país tuvo un aumento de alrededor del 70% en la última década si se consideran desapariciones, feminicidios y otros delitos contra la vida.
Con una trayectoria de más de 33 años en el servicio público, Hernández Colín dice que la desaparición de personas en el país inició hace más de 60 años.
“Los primeros registros de personas desaparecidas vienen de los años 60. Posteriormente, durante los años 70 se incrementó el número de personas desaparecidas, se agravó en los 80 y hubo una explosión en una política de gobierno que conocimos como la guerra contra el narco desde 2006”, revela.
El entrevistado fue director general del Instituto de Formación Profesional de la Procuraduría General del Estado de México, director general del Servicio Civil de Carrera, coordinador de asesores del procurador, director general adjunto del Centro de Inteligencia de la Procuraduría General de la República y director general adjunto de la Agencia de la Investigación Criminal, entre otros cargos que ocupó.
Al analizar el tema de las desapariciones, aclara que hay personas ausentes y desaparecidas, y que se deben diferenciar.
De igual manera, remarca que la participación activa de la comunidad en general es fundamental para ayudar a los familiares con estas pérdidas, así como las causas que pueden ser las relaciones con personas inadecuadas por estar vinculadas con la delincuencia, y la misma pobreza que los orilla a esos caminos.
“Los vecinos, colectivos e iglesias desempeñan un papel crucial en la búsqueda de personas desaparecidas. La solidaridad y el apoyo comunitario son vitales en estos momentos de crisis”, afirma.
Asimismo, destaca la importancia de visibilizar este fenómeno y las emociones complejas que enfrentan las familias afectadas, y comparte que esta situación ocasiona un choque inicial, seguido de negación y estrés crónico.
“Los familiares se ven inundados de ansiedad, insomnio y sentimientos de culpa, cuestionándose si podrían haber hecho algo para prevenir la desaparición”, indica.
En una familia sea yucateca o en toda familia, aunque cada una con sus particularidades, la desaparición de una persona querida o de un integrante de la familia genera lo que en psicología llaman una pérdida ambigua.
Se trata de una ausencia que provoca un desequilibrio psicológico, pero se diferencia con el duelo por muerte conocida, subraya.
“También está presente un proceso de negación en el que los integrantes de la familia, amigos y conocidos no lo aceptan, piensan y dicen ‘Esto no me puede estar pasando a mí. No, no, no creo que me esté ocurriendo’, y se presenta una evolución hacia un estrés crónico, porque la búsqueda y la esperanza hacen que la atención se mantenga hiperestimulada”, asevera.
El especialista explica que hay una hipervigilancia de los acontecimientos, aunque también provoca alteraciones en los ciclos del sueño, insomnio, y se acompaña de otros sentimientos como la culpa, ya que siempre hay un cuestionamiento familiar e individual: “¿Por qué no lo previne? ¿Pude haberlo prevenido?”.
Apoyo
Hernández Colín enfatiza la necesidad de apoyo profesional en estos casos.
“Es crucial contar con la participación de especialistas, quienes pueden ayudar en el proceso de terapia sistémica familiar para restaurar el equilibrio emocional”, afirma.
Este apoyo es esencial para facilitar la reestructuración familiar y prevenir patologías más graves derivadas de la pérdida ambigua.
Luego señala que las autoridades estatales, el gobierno federal y algunas instituciones hospitalarias, universidades, entre otras, suelen ofrecer este apoyo que básicamente consiste en lo que llaman clínicamente una terapia sistémica familiar y el manejo de la pérdida ambigua.
“Los especialistas van a ayudar en ese acompañamiento psicológico al restaurar el equilibrio emocional y funcional del sistema familiar que, como hemos dicho, está enfrentando una situación sin cierre porque no existe una muerte clara o algo que permita un cierre definitivo, por eso el apoyo psicológico de especialistas puede facilitarse la reestructuración familiar”.
Al hablar sobre la realidad en Yucatán, el académico menciona que, a pesar de la percepción de que aquí no ocurren tales problemas, la desaparición de personas es un fenómeno que aumentó a lo largo de los años.
El entrevistado recuerda que en 2006 hubo una explosión de este problema en la llamada guerra contra el narco.
“Es ahí donde se dio un incremento muy importante, lo que vemos ahora es la consecuencia de ese proceso histórico. En los últimos datos estadísticos a los que tenemos acceso, es muy conveniente ver que hay una línea de tiempo de lo que fue generando toda esta problemática”.
En su opinión, eso los tiene ahora “en un punto donde quienes trabajamos la salud mental podemos observar que los diferentes niveles de gobierno el federal, a través de la Secretaría de Gobernación, y los estados formaron áreas especializadas para atender este problema”, cita.
Por ejemplo puntualiza que, desde 2000 hasta 2017, el gobierno federal creó la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas.
Pese a que se creó en 2017 como consecuencia de esta historia que se viene gestando décadas atrás, en 2018 en otro gobierno federal la Segob empezó a atender este problema con la Comisión Nacional y los diferentes niveles de gobierno emprendieron acciones conjuntas.
Sin embargo, el experto cree que lo que caracteriza a este nuevo modelo de prevención del delito y justicia en el país, a diferencia de las décadas anteriores, es que ahora se atiende mucho las causas, se observa que las personas desaparecidas podrían estar relacionadas con actos delictuosos y la variable de la pobreza es un elemento importante para que esto ocurra.
“De ahí la relevancia que de 2018 a 2025 hayan salido de la pobreza más de 13.5 millones de habitantes, y también haya programas de becas que fortalezcan la adherencia de los jóvenes a las escuelas. Esto nos lleva a reflexionar lo importante que en las causas es la participación de la familia para que esto no ocurra”, manifiesta el especialista.
Por otro lado, el docente también aborda el ciclo emocional que enfrentan las familias durante la búsqueda de un ser querido.
“La esperanza y la desesperanza coexisten, y esto puede llevar a un aislamiento social y a una pérdida de identidad familiar”, indica. Este proceso, según Hernández Colín, puede derivar en problemas clínicos y desorganización familiar.
Por eso, sugiere a la sociedad a trabajar en conjunto con las autoridades para abordar el problema de las desapariciones.
“Es fundamental que todos, desde nuestras respectivas trincheras, contribuyamos a buscar soluciones efectivas y a apoyar a las familias afectadas con este complejo problema”, concluye.— DAVID DOMÍNGUEZ MASSA
DiariodeYucatán
Desapariciones Un grave problema que crece
El psicólogo Francisco Javier Hernández Colín aborda este tema desde su experiencia.
Solidaridad y apoyo
Con una trayectoria de más de 33 años en el servicio público, el experto afirma que “los vecinos, colectivos e iglesias desempeñan un papel crucial en la búsqueda de personas desaparecidas. La solidaridad y el apoyo comunitario son vitales en estos momentos de crisis”.
Aislamiento social
Además, recalca que “la esperanza y la desesperanza coexisten, y esto puede llevar a un aislamiento social y a una pérdida de identidad familiar”.
Problemas
Este proceso, según Hernández Colín, puede derivar en problemas clínicos y desorganización familiar. Por eso, sugiere a la sociedad trabajar en conjunto con las autoridades para abordar el problema de las desapariciones.
