“Las enfermedades reumatológicas afectan al 10% de la población y éstas incluyen al adulto joven, al mayor, también a los adolescentes y a los niños”, advierte el doctor especialista en reumatología José Antonio Cetina Manzanilla.
“Cuando ocurren en los niños y los adolescentes particularmente son más severas y el pronóstico es más reservado. De ahí la importancia de identificarlas oportunamente”, indica el también integrante del Colegio Médico de Reumatología y colaborador de esta editorial.
La fiebre, anemia, dolor articular y debilidad muscular son síntomas que no deben ignorarse, recalca.
En adultos y niños estas enfermedades tienen características propias y cambian según la edad, el género, así como una serie de factores genéticos, ambientales, inmunes y hormonales.
Respecto a los pequeños, es importante considerar a aquellos que padecen artritis. El especialista explica que la artritis no es un diagnóstico, es un término bien específico que únicamente detona que hay un compromiso del músculo esquelético. Las enfermedades en el niño por definición se consideran antes de los 16 años de edad.
“Esto es una característica importante y esto abarca un grupo de enfermedades inflamatorias y algunas de origen autoinmune. La más frecuente de todas ellas es la artritis idiopática juvenil. Quiere decir que no tiene un diagnóstico y una causa reconocida definitivamente, o sea, la causa es a veces multifactorial”.
La artritis idiopática juvenil no solamente se refiere a la artritis: es un conjunto de siete enfermedades que afectan a los pequeños que tienen ciertas características como la inflamación, que favorece a un estado de hiperactividad y que produce anticuerpos que a la postre causan daños en diferentes tejidos y articulaciones, subraya.
“Entonces, este grupo de artritis comprende la artritis reumatoide juvenil, como se llamaba antiguamente, o artritis crónica juvenil”.
Estas enfermedades incluyen las formas oligoarticular cuando son cuatro o menos articulaciones y la poliarticular con factor reumatoide positivo o negativo, las cuales tienen sus características propias, comenta.
Por ejemplo, la forma oligoarticular se presenta en jóvenes o niños de cinco a ocho años de edad y la poliarticular, sobre todo la negativa, puede presentarse en los pequeños de uno o dos años.
Por tal motivo, es importante identificar cuál enfermedad tiene el afectado.
Otro tipo es la forma sistémica, que se manifiesta con fiebre, dolor articular, anemia, entre otros síntomas.
Otras que se asocian a procesos inflamatorios son las inserciones tendinosas, que son artritis idiopáticas asociadas a tendinitis. La artritis que no reúne alguna característica se considera como tipo indefinido.
Las enfermedades reumatológicas más frecuentes en los niños en esta etapa antes de los 16 años son la artritis reumatoide juvenil y el lupus eritematoso, detalla.
En otros casos, añade, las enfermedades se localizan en la piel, cuyos síntomas pueden pasar inadvertidos como un sarpullido que puede ser característico del lupus eritematoso o de otros males como la artritis reumatoide juvenil de inicio en forma sistémica.
“Si mi paciente tiene fiebre, anemia, dolor articular, debilidad muscular, dolor pleural y las alteraciones cutáneas o bien uveítis, puede tener una enfermedad reumática. Lo importante de esto es que estos síntomas se comparten con distintos padecimientos”, enfatiza el galeno.
Algunas enfermedades tienen marcadores específicos como de inflamación, como son el factor reumatoide, la proteína C reactiva, la segmentación ovular y los anticuerpos antiCCP.
Otras son más complejas, en las cuales hay un trastorno de defensa alterada autoinmune y el organismo no reconoce lo propio y “piensa” que es extraño y lo agrede.
El reumatólogo dice que una de las características de la atención reumatológica en los pacientes infantiles y juveniles es que es tardía.
“Todas estas situaciones pueden darse y de ahí la importancia de identificar la enfermedad y ponerle nombre y apellido. Si hablamos únicamente de artritis o reumatismo no estamos diciendo nada”.
Otra enfermedad que recalca es la fibromialgia, un síndrome crónico caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga extrema, trastornos del sueño y problemas de memoria o concentración.
Es vital realizar una buena exploración física y un interrogatorio muy completo, afirma.
El doctor comparte que a los estudios se suma el del laboratorio y luego se realiza el proceso más importante, el tratamiento, el cual tiene diferentes características y cada persona tiene su tratamiento perfectamente definido. En ciertos casos está contraindicado el empleo de algunos medicamentos.
“No se debe emplear un medicamento particularmente, como algún esteroide, si no tienes un diagnóstico de presunción o ya confirmado”, asevera.
“En la actualidad el arsenal de medicamentos que tenemos ha aumentado notablemente. En los años 70 o 80 no contábamos con más que antiinflamatorios, cortisona, algunas sales de oro y nada más. Ahora contamos con medicamentos dirigidos hacia el blanco que está causando el problema, básicamente inflamación”.
“A la atención del paciente se suma la de los reumatólogos pediatras”, reitera el doctor Cetina Manzanilla.
Asimismo, puntualiza que las enfermedades reumáticas son tratables, no curables y ofrecen buena calidad de vida para los pacientes.
“Del término curable, no podemos hablar totalmente, pero se puede llevar a la remisión de la enfermedad y mantenerla apagada por otros años, quizás hasta por el resto de la vida”, expone.
Además, subraya que el ejercicio es muy importante, al igual que la atención del médico de primer contacto para canalizar al paciente y que éste reciba atención adecuada para tener una buena calidad de vida.
El médico añade que uno de los problemas es que los tratamientos no están al alcance de todos.
