Estudioso, aunque no le gustan las matemáticas, apasionado del deporte, especialmente del fútbol, el kick boxing y el muay thai, y también amante de la música y del canto, amiguero y con la aspiración de tener a futuro un auto, una casa y una vida independiente.
Así es Mateo Mojica Castillo, un chico de 15 años, con Síndrome de Down, que ha sabido, con ayuda de su familia, abrirse paso para desarrollarse como cualquier otra persona de su edad:
Va a la escuela regular, tiene amigos, va el cine, juega fútbol con sus vecinos, tiene responsabilidades en casa como los demás integrantes, y que a pesar de saber y entender que tiene una discapacidad, no ha dejado que esto lo defina.
Mateo, joven con síndrome de Down que vive su vida sin límites
No se siente diferente de sus demás compañeros, y quizá esto es uno de los motivos por lo que ha podido integrarse plenamente a la escuela y a las actividades propias de un adolescente cualquiera.
Con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down, que se conmemoró ayer, entrevistamos a Mateo, quien llega al Diario acompañado de su papá.
Iniciamos la plática para conocer un poco más sobre él, y descubrimos a un joven inteligente, que sabe expresarse bien y es mucho más extrovertido que otros chicos de su edad.
No tiene reparo en contestar las preguntas que le hacemos, y en hablar de cómo es su vida.
Cuenta que una de las cosas que más le gustan es escuchar música, particularmente a José José, ya que es un gusto adquirido a raíz de que su abuelo escuchaba a este cantante.
También le gusta cantar, tan es así que su decisión sobre lo que quiere ser en la vida profesional, está entre el fisiculturismo o ser cantante.
Actualmente cursa el tercero de secundaria en la escuela Monarca. Comparte que le gusta ir a la escuela, y sobre todo hacer amigos.
Esto no solo se circunscribe a la escuela, pues también tiene amigos en la cuadra donde vive, y con quienes todas las tardes juega la “cascarita” de fútbol.
Presume que tiene buenas calificaciones, siendo sus materias favoritas química, educación física y tutoría. Las matemáticas, aunque no son “su coco”, no le gustan porque multiplicar, sumar o restar no es algo que le interese.
Como cualquier otro chico de su edad gusta de usar la computadora y el celular, la computadora básicamente para hacer las tareas, y el celular para conversar con sus amigos por WhatsApp. También suele ver vídeos musicales por YouTube.
Mateo, ejemplo de inclusión: “No me siento diferente”
Al preguntarle sobre su condición y si siente que esto ha sido un obstáculo para lograr lo que quiere en algún momento de su vida hasta ahora, afirma categóricamente que no, pues ha tenido la capacidad de hacer y tener muchos amigos, de convivir con ellos y con su familia.
No siente que sus amigos lo vean o traten diferente que a los demás, pues se ha integrado totalmente, y hace lo mismo que hacen todos.
Le agrada convivir con sus compañeros de escuela, hacen tareas juntos juegan, ocasionalmente van al cine, entre otras actividades.
Sobre su gusto por el deporte, indica que además del fútbol practica el kickboxing y muay thai, en las que ha aprendido sobre defensa personal.
Siente que el hacer ejercicio es parte importante de su rutina diaria, que le ayuda en su bienestar. Por ello acude a clases, de lunes a jueves una hora, y el viernes dos horas.
Mateo tiene dos hermanas, una de 27 años y otra de 19, con las que asegura que se lleva muy bien, y quienes cuenta le ayudan siempre, “cuando tengo un problema, ellas me apoyan”.
A otros jóvenes que tienen alguna discapacidad les dice, que al igual que él pueden lograr muchas cosas y hacer lo que les gusta.
Al pensar en el futuro, dice que le gustaría trabajar, tener un coche y construir su propia casa.
Con apoyo de su familia
Juan Hernán Mojica Ruiz, padre de Mateo, subraya que lograr que su hijo se integre a la sociedad y tener los alcances que hoy tiene en su desarrollo, es algo en lo que influyó de manera importante la aceptación de su condición, y el trabajar toda la familia junto con él en los temas relativos a su formación desde muy pequeño, con estimulación temprana y terapias para que pudiera tener un desarrollo físico y mental.
“Comenzamos a trabajar y aprender junto con él, porque no sabíamos qué era esto, fue un trabajo en familia, porque todos nos tuvimos que involucrar, y lejos de que fuera una carga, fue algo que significó una unión familiar, porque logramos que él fuera un miembro más de la familia totalmente regularizado“.
Revela que Mateo no tiene ningún tipo de concesión en casa, lo tratan exactamente igual que a sus hermanas, tiene regaños, castigos y premios cuando los amerita.
En este momento de su vida, considera que el deporte ha sido un factor clave para su hijo, porque ha desarrollado habilidades motoras importantes, le ayuda también en la parte mental, a forjar el carácter, y en otros aspectos.
“Verlo desarrollarse en el deporte me hace pensar que pudiera ser incluso un ejemplo para otros padres, porque hacemos deporte juntos y esto crea una conexión que les puede ayudar a pertenecer: pertenecer a un estilo de vida, a un grupo, porque el entrenamiento es en equipo, se aprende disciplina, marcialidad y todo esto le brinda fortalezas que va adquiriendo para la vida“.
Apunta que Mateo es un ejemplo de que sí se puede la inclusión en cualquier actividad, y en este mes de marzo que es la conmemoración del Día Mundial del Síndrome de Down, resalta que es importante visibilizar las capacidades que tienen estos niños y lo que se puede lograr.
Por supuesto, sabe que hay un abanico amplio de discapacidades, incluso dentro una misma discapacidad, pero con el trabajo continuo se puede lograr que salgan adelante.
El mensaje que quiere dar es que ahora saben que la discapacidad no necesariamente es una limitante.
Sobre Mateo, expresa que no busca ser tratado de manera distinta. Tampoco busca ocultar quién es. Lo que quiere es algo mucho más simple, y al mismo tiempo más profundo: ser visto como cualquier otra persona: participar, disfrutar, aprender, avanzar… Porque al final, más allá de cualquier diagnóstico, Mateo no está tratando de ser un ejemplo, está, simplemente, viviendo su vida.


