• En las vacaciones de Semana Santa las playas yucatecas reciben numerosas familias. Sin las medidas adecuadas, podrían ocurrir accidentes
  • Tanto en las playas como en albercas y cenotes, se deben respetar las indicaciones de seguridad que señalan corrientes o profundidad

Las vacaciones de Semana Santa están cerca, y las carreteras que conducen hacia la Península de Yucatán comienzan a poblarse de familias que buscan descanso entre los atractivos turísticos en la región, como playas, ojos de agua, piscinas y cenotes, que serán una pausa en la rutina.

Se trata de una temporada donde el equipaje suele traer todo lo necesario para disfrutar de la arena, el sol y el mar.

Sin embargo, entre los preparativos hay un elemento que con frecuencia se pasa por alto, pero es determinante tomarlo en cuenta: la seguridad, especialmente cuando se viaja con menores.

Accidentes viales, uno de los principales riesgos en vacaciones

Las vacaciones empiezan al pisar la arena o sumergirse en el agua, aunque la planeación y la seguridad comienzan en el vehículo, en la manera en que se organiza el viaje y en las decisiones que se toman al volante.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en México los accidentes viales continúan siendo una de las principales causas de muerte entre menores de edad, una realidad que transforma cualquier carretera en un espacio que exige atención constante.

Por ello, reforzar las medidas de seguridad no es una recomendación opcional, sino una responsabilidad compartida.

Luego de tener papeles y servicio automotriz en orden, el uso del cinturón de seguridad para todos los ocupantes del vehículo es el primer filtro de protección.

A pesar de su sencillez, sigue siendo una de las medidas más efectivas para reducir lesiones graves en caso de accidente.

A ello se suma la importancia de evitar distracciones, particularmente el uso del teléfono celular mientras se conduce.

Asimismo, respetar los límites de velocidad y las condiciones específicas del camino, que en esta temporada suelen implicar mayor tránsito, tramos en reparación o conductores fatigados.

Atención adicional al viajar con niños

Viajar con menores implica una atención adicional. Los niños deben ocupar siempre el asiento trasero y utilizar sistemas de retención infantil adecuados a su edad, peso y estatura.

Las sillas portainfantes, lejos de ser un accesorio, funcionan como un escudo diseñado para absorber impactos y mantener al menor en una posición segura.

Su uso correcto puede reducir de manera significativa el riesgo de muerte y lesiones graves en caso de colisión.

La realidad muestra que, aunque su uso ha aumentado en los últimos años, persisten prácticas de riesgo.

Es común observar a menores viajando sin sujeción adecuada, compartiendo cinturón con un adulto o incluso siendo sostenidos en brazos.

Estas situaciones, que pueden parecer inofensivas en trayectos cortos o a baja velocidad, se convierten en un peligro extremo ante cualquier frenado repentino.

La física no concede excepciones, ya que la fuerza de un impacto multiplica el peso del cuerpo, haciendo imposible que un adulto pueda sostener a un niño.

Además, se suma un factor menos visible, pero también importante, la instalación incorrecta de las sillas. Un sistema mal colocado o inadecuado para el tamaño del menor pierde gran parte de su efectividad.

Por ello, verificar su correcta colocación antes de iniciar el viaje resulta tan importante como llevarla en el auto.

La seguridad en carretera involucra reconocer diferentes factores, como los límites del conductor. La fatiga es un enemigo silencioso que puede aparecer tras varias horas de manejo continuo.

Planificar paradas para descansar, hidratarse y estirar el cuerpo no solo mejora la experiencia del viaje, sino que reduce significativamente el riesgo de accidentes.

En ese mismo sentido, nunca se debe dejar a un menor dentro del vehículo ni siquiera por períodos breves, debido al riesgo de golpe de calor, especialmente en climas cálidos como el de la región.

Una vez alcanzado el destino, el escenario cambia, pero no la necesidad de estricta vigilancia a los menores. Las playas, albercas y cenotes, símbolos de recreación en la Península, también representan espacios donde los niños pueden estar expuestos a riesgos considerables.

Ahogamientos, entre las principales causas de muerte infantil

La OMS determina que el ahogamiento figura entre las principales causas de muerte infantil en el mundo, especialmente en edades tempranas. El agua, por su naturaleza, no anuncia el peligro. Los ahogamientos suelen ocurrir en silencio y en cuestión de segundos.

En este contexto, la supervisión constante se convierte en la herramienta más eficaz. No basta con estar presente; es necesario mantener una atención activa, sin distractores. El uso del teléfono móvil, las conversaciones prolongadas o cualquier actividad que desvíe la mirada puede abrir una ventana de riesgo.

Josué Álvarez Medina, paramédico certificado, comparte que una de las estrategias más difundidas para prevenir incidentes es la llamada regla 10/20: se trata de observar al menor cada 10 segundos y poder alcanzarlo en un máximo de 20.

Esta medida, sencilla en apariencia, responde a la rapidez con la que puede desarrollarse una situación de peligro en el agua.

De igual manera, refiere que la cercanía física es otro elemento clave, especialmente con niños menores de cinco años. Permanecer a una distancia que permita intervenir de inmediato puede marcar la diferencia.

Asimismo, se sugiere evitar que los pequeños queden bajo la supervisión de otros niños, incluso si éstos son mayores. La responsabilidad y la conciencia, deberá imperar siempre en un adulto, los niños nunca deben estar solos en ningún paseo.

El experto en primeros auxilios recomienda el uso de chalecos salvavidas en actividades acuáticas, particularmente en cenotes o al ingresar al mar, lo que añade una capa adicional de protección.

Respeto a indicaciones

A esto se suma la importancia de respetar las indicaciones de seguridad en cada espacio, como las banderas en playas o las normas específicas en albercas y cuerpos de agua naturales.

Estos lineamientos no son meras formalidades, son respuestas a condiciones que pueden cambiar rápidamente, como corrientes, profundidad o visibilidad.

Incluso en entornos que se perciben como controlados, como las piscinas privadas en casas, clubes u hoteles, el riesgo no desaparece.

De hecho, una proporción significativa de los ahogamientos infantiles ocurre en estos espacios, donde la confianza puede llevar a relajar la vigilancia”, advierte.

La familiaridad del entorno no sustituye la necesidad de atención constante.

El paramédico recalca que todas estas medidas responden a la lógica de la anticipación. La prevención no consiste en reaccionar ante el peligro, sino en reducirlo al máximo.

Las vacaciones de Semana Santa están pensadas para el descanso, para el disfrute familiar y la creación de recuerdos que perduren. Mismos que pueden construirse y ser positivos cuando la seguridad forma parte del viaje.

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