Desde hace más de tres décadas, Las Patronas se han convertido en un referente de ayuda humanitaria en México. Este colectivo, integrado principalmente por mujeres de la comunidad de La Patrona, en Veracruz, brinda alimentos, techo y acompañamiento a migrantes que viajan a bordo del tren de carga conocido como “La Bestia”.
Su labor, que empezó con la entrega de comida al paso del ferrocarril, se ha extendido con los años a la operación de un albergue, atención médica, gestión de apoyos legales y acompañamiento en situaciones de alta vulnerabilidad.
La historia no comenzó como un proyecto estructurado, sino con una serie de eventos muy afortunados. Así lo explicó al Diario en entrevista Norma Romero Vázquez, actual coordinadora del colectivo.
Según recordó, todo surgió en 1995 a partir de una reacción inmediata de sus hermanos, ante el hambre de quienes viajaban en el tren. “Fue algo espontáneo, no planeado. Solo respondimos a una necesidad”.
En ese momento, el apoyo se limitaba a lo que la familia tenía en casa. Su madre, Leonila Vázquez Alvízar, fundadora del movimiento, fue determinante para dar continuidad a la iniciativa.
“Ella siempre compartía lo que tenía, y eso fue lo que nos enseñó”, relató.
Con el tiempo, el incremento en el número de migrantes obligó a ampliar la organización y a buscar redes de apoyo con comerciantes, donantes y voluntarios.
Continuar su legado, promesa a su madre
Leonila partió en 2025 y como última voluntad encomendó a su hija no abandonar el proyecto.
Norma Romero remarcó que durante los primeros ocho años los alimentos salían de la propia economía familiar. Posteriormente, comenzaron a recibir donaciones de mercados y establecimientos locales, lo que permitió sostener y ampliar la ayuda.
“Era una recolecta constante. Todo se aprovechaba para preparar la comida”, explicó.
El contacto directo con los migrantes también transformó la comprensión del fenómeno.
“Al principio no sabíamos qué estaba pasando. Pensábamos que eran personas que viajaban por gusto, pero luego conocimos sus historias”, dijo. A partir de esos testimonios, identificaron problemas como la violencia, la falta de oportunidades y el desplazamiento forzado.
Las Patronas en la actualidad
A más de 30 años de distancia, el trabajo del colectivo se ha diversificado.
Además de la entrega de alimentos y agua, actualmente ofrecen alojamiento temporal, atención médica, asesoría para la obtención de visas humanitarias y apoyo en procesos de reunificación familiar. También desarrollan actividades comunitarias y de sensibilización.
El camino no ha estado exento de dificultades. Norma Romero reconoció que en sus inicios enfrentaron críticas y resistencias. “Nos decían que estábamos perdiendo el tiempo o que nos íbamos a meter en problemas, pero nunca dudamos de lo que hacíamos”.
Entre las experiencias que han marcado su trayectoria compartió el caso de un migrante de piel oscura y gravemente herido que no pudo ser atendido en servicios médicos del pueblo, por su condición de indocumentado.
Ante esta situación, tuvieron que intervenir con los recursos disponibles.
“Para mí no era un ilegal, era una persona”, subrayó, al referirse a la importancia de reconocer la dignidad humana más allá del estatus migratorio.
Su piel, la sangre de su ropa y la forma en que las personas del tren lo sostuvieron mostró a los ojos de Norma un Cristo Negro, a quien se encomendó para lograr ayudarle.
Emocionada hasta las lágrimas, compartió cómo esto fue una señal para continuar sirviendo sin distinción de ningún tipo y la alegría de haber salvado una vida.
En cuanto al flujo migratorio, señaló que este ha variado con el tiempo. Mientras que en años anteriores llegaron a preparar hasta 800 “lonches” en un solo día, actualmente ante los asuntos gubernamentales de Estados Unidos, las cifras oscilan entre 100 y 200 dependiendo del contexto.
Aun así, enfatizó que la necesidad persiste y que las condiciones se han vuelto más complejas.
El proyecto del colectivo, así como su fuerza y anécdotas, fue compartido durante la conferencia “Las Patronas, servicio sin fronteras”, realizada en la Universidad Anáhuac Mayab, en el marco de las XVIII Jornadas de Humanidades Exposible Pensar, efectuadas del 23 al 26 de marzo bajo el lema “Atrévete a servir”.
La coordinadora señaló que cuando ya no esté en esta tierra, le gustaría ser vista como una mujer que defendió sus convicciones y demostró que es posible generar cambios desde lo cotidiano.
Norma Romero estuvo acompañada de Itaviany Avendaño Andrade, quien es voluntaria y apoya en temas migratorios.
Su participación generó una respuesta positiva entre la comunidad estudiantil, no solo por la asistencia a la conferencia, sino por el interés manifestado fuera del auditorio.
Estudiantes se acercaron a dialogar con las integrantes del colectivo, expresar su reconocimiento e incluso compartir proyectos inspirados en su labor, como un cartel elaborado dentro de las actividades académicas.
Las jornadas reunieron a más de tres mil estudiantes de 30 licenciaturas en actividades orientadas a la reflexión y el compromiso social, incluyendo paneles, concursos y presentaciones culturales.
Al cierre, el maestro Julio Enrique Sauma Castillo destacó el impacto de la visita. Señaló que la participación activa de los estudiantes, las preguntas y los acercamientos posteriores reflejan el interés generado por el testimonio.
Además de la conferencia, indicó, se realizaron encuentros más cercanos con grupos de liderazgo, lo que permitió un diálogo directo con los alumnos.
Asimismo, subrayó que algunos manifestaron su intención de integrarse a labores de voluntariado.
“El objetivo se está cumpliendo”, expresó, al referirse a la capacidad de este tipo de experiencias para motivar la reflexión y sembrar inquietudes en los jóvenes, incluso cuando los resultados no son inmediatos.
El colectivo comparte sus redes sociales en Instagram (@laspatronas_ddhh) y Facebook @lasmeraspatronas (La Patrona), para seguir las actividades que por más de 30 años han servido al prójimo en su trayecto hacia el “sueño americano”.
