Un incomprendido ritual de alivio para muchos, para los especialistas un callejón emocional sin salida cuando no se busca apoyo, así se puede describir la autoinfligencia de heridas.
Derivado de un trastorno límite de personalidad, lo mismo se manifiesta en adolescentes que en adultos jóvenes, y es más recurrente en mujeres que en hombres.
Autolesionarse en superficies del cuerpo como muñecas, muslos, antebrazos o en partes no expuestas es una condición consecuente a una autoestima baja, no saber cómo lidiar con las emociones, ansiedad, depresión y, lo más grave, un incontrolable deseo de callar lo que en realidad se quiere hacer evidente.
Los tiempos actuales en los que en la mayoría de los hogares las relaciones intrafamiliares son trastocadas por demasiados estímulos externos que provocan distanciamiento de los adolescentes y jóvenes respecto a sus padres, generando confusión y estados de frustración, son propicios para que se den las autolesiones.
La patología se manifiesta en la agresión física del individuo hacia sí mismo, paradójicamente buscando con ello liberar las emociones reprimidas desde el interior, una lucha intrapersonal que debería abordarse desde la perspectiva interpersonal (paciente, familia y especialista).
José Jesús Karam Espósitos, psicólogo clínico con maestría en consejería y psicoterapia comunitaria por la universidad de Carolina, dice que cuando se habla de la patología de autolesionarse “casi siempre estamos ante un caso de trastorno de personalidad limítrofe, que si bien no desemboca en la intención de quitarse por sí mismo la vida, se hace presente en aquellos individuos que no pueden manejar sus emociones e impulsos, hacer frente a los problemas, con una baja autoestima o con depresión”.
El psicoterapeuta indica que autolesionarse es una forma de liberar ese dolor interno convirtiéndose en una barrera contra el suicidio. “Como el paciente tiene en la autolesión un escape a sus emociones contenidas, no va más allá de esto, no quiere poner fin a su existencia, está al límite”.
“Las personas que se autolesionan lo hacen como un ritual de alivio; ellos se sienten desde el punto de vista emocional en un callejón sin salida a todo aquello que atormenta su mente”, subraya el especialista.
“El dolor que les produce autolesionarse es una liberación, un escape donde la idea del suicidio no tiene cabida y si bien, aunque en apariencia no quieren contarle a nadie lo que les está sucediendo, en el fondo desean que quienes le rodean se den cuenta para apoyarle”.
“El problema es que muchas veces, sobre todo en el caso de los adolescentes, los padres no saben cómo abordar este tipo de comportamientos. Los adolescentes evitan que sus heridas se hagan visibles, las ocultan de varias formas, tratan de no ser descubiertos porque no saben cómo van a reaccionar los demás”.
Según se sabe, la incidencia de casos por este problema es más alto en mujeres que en hombres, en una proporción de 40 varones por cada 60 mujeres.
Las razones de esto son diversas, pero se piensa que ellas suelen buscar ayuda entre sus congéneres o con un especialista, en tanto que ellos prefieren callar y llevar por dentro, no expresar, no manifestar, simplemente resistir, ignorar o evadir.
El también docente de la Escuela de Psicología de la Universidad Anáhuac Mayab recalca lo importante de que los padres estén muy al pendientes de la conducta de sus hijos y de aquellas lesiones que se hacen evidentes en su cuerpo, pero nunca recriminarles, mucho menos culparlos, por el contrario, lo más deseable es una reacción mesurada y un apoyo consecuente para canalizar los casos con el especialista.
Emociones
“Los muchachos en consulta refieren múltiples emociones atrapadas dentro que tratan de sobrellevar en un manejo intrapersonal, cuando lo idóneo es que dicho manejo sea interpersonal”, señala.
“Lo intrapersonal se refiere a nuestros pensamientos e interacciones propias; es decir, aquello que reflexionamos en nuestro fuero interno”.
“Lo interpersonal se refiere a las expresiones, tanto verbales como no verbales y físicas, que mantenemos para con los demás, es la forma en que trabajan los especialistas como los psicoterapeutas, cuya labor se entiende como la cura a través de la palabra, y los psiquiatras, que además se apoyan en la farmacología cuando existe una disfunción bioquímica a nivel cognitivo”, indica.
La literatura y los estudios especializados señalan que el trastorno límite de la personalidad (TLP) está caracterizado por un patrón de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la autoimagen y de los afectos e impulsividad interna.
El TLP comienza en las primeras etapas de la edad adulta, está presente en diversos contextos y se manifiesta por cinco o más de los siguientes criterios:
- Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo, real o imaginado. Suele tener un patrón inestable de relaciones interpersonales e intensas, en las cuales predomina una alternancia entre los estados de devaluación e idealización.
- Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
- Impulsividad en dos o más áreas que son autolesivas, como los gastos, el consumo de drogas, el sexo, la conducción temeraria y los atracones alimenticios.
- Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio (aunque no se intenten) o de autolesión.
- Inestabilidad afectiva caracterizada por ansiedad, episodios intensos de disforia o irritabilidad, que duran unas horas y, rara vez, más de unos días.
- Sensación crónica de vacío.
- Enfado intenso o dificultad para controlar la ira.
- Ideas paranoides transitorias, relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.


