“El crecimiento inmobiliario en Yucatán representa una oportunidad histórica, pero también una responsabilidad”, afirma Claudia Pérez Aguilar, presidenta de la Asociación Mexicana de Profesionistas Inmobiliarios (AMPI) en Mérida.
“El reto no es crecer más, sino crecer mejor: con datos, con legalidad, con profesionalización y con planeación que garantice que la vivienda siga siendo un motor de desarrollo y, al mismo tiempo, un elemento de equilibrio social para todos los yucatecos”.
“Es fundamental preguntarnos qué pasaría con el valor de las propiedades compradas por pánico si Yucatán ve vulnerado su blindaje de seguridad”, advierte.
Aunque Mérida sigue siendo una de las ciudades más seguras del país, destaca, la percepción de inseguridad aumentó, pasando del 31.5% en diciembre de 2024 al 39.2% en marzo de 2025, según datos del Inegi.
La profesional aborda la creciente preocupación del “boom” inmobiliario en Yucatán, que, a su opinión, está íntimamente ligado a la percepción de inseguridad en el resto del país, y plantea interrogantes cruciales sobre el futuro del mercado en la región.
Respecto a la preocupación de crecer de mejor manera en el aspecto legal, profesional y planeación en el rubro inmobiliario en Yucatán, Claudia Pérez Aguilar, presidenta de la Asociación Mexicana de Profesionistas Inmobiliarios (AMPI) en Mérida, señala que “este diferencial de seguridad es esencial”.
“Si se erosiona, las propiedades más vulnerables a corrección no serán las de uso mixto, sino los lotes de inversión y departamentos comprados como refugio de capital”.
La empresaria también destaca que la seguridad es solo uno de varios factores que influyen en el valor de las propiedades.
“Yucatán no solo tiene seguridad, sino calidad de vida, estabilidad social y crecimiento económico. Considerar que todo depende únicamente de la seguridad es una simplificación”, dice.
Además, Claudia Pérez enfatiza en que el riesgo real no es que Mérida “pase de moda”, sino que el segmento más especulativo, como lotes sin urbanizar y proyectos sin desarrollo consolidado, sea el primero en expulsar capital cuando surja un nuevo destino atractivo.
Fragilidad en la capital
Referente a la situación en Quintana Roo, comparte que la concentración excesiva de capital especulativo en un solo motor, como el turismo, llevó a una fragilidad estructural cuando ese sector se vio afectado.
“Mérida tiene la ventaja de contar con múltiples motores: crecimiento poblacional, inversión industrial, turismo médico y demanda habitacional local genuina. Esto la hace más resistente a ciclos especulativos”, explica.
Aunque no hay indicadores que sugieran un éxodo inminente de inversionistas, la presidenta de la AMPI local reconoce que el mercado está en un proceso de normalización, con un análisis más profundo y decisiones menos impulsivas por parte de los inversionistas.
“Lejos de ser una amenaza, esto es una señal de madurez del mercado”, asegura.
Sin embargo, advierte que el mercado local aún no ha construido todos los mecanismos de absorción necesarios para enfrentar un eventual ciclo de salida de capital externo.
“Debemos trabajar en ello ahora, cuando el mercado es fuerte”, subraya.
La especialista considera que un mercado inmobiliario sostenido por familias yucatecas es más estable que uno dependiente del capital externo.
“Resolver el problema de accesibilidad es clave. Cuando el yucateco de ingreso medio puede comprar en Mérida, el mercado tiene una base sólida que no se va en el siguiente vuelo de regreso a la Ciudad de México”, recalca.
Por lo anterior, Claudia Pérez Aguilar invita al sector inmobiliario a reflexionar sobre el futuro del mercado y la importancia de construir un entorno más sólido y resiliente.
