El crecimiento de la mancha urbana en la ciudad y la pérdida de cobertura vegetal reducen la capacidad de filtración del agua del subsuelo y favorecen problemas como las inundaciones, advierte una académica
El crecimiento de la mancha urbana en la ciudad y la pérdida de cobertura vegetal reducen la capacidad de filtración del agua del subsuelo y favorecen problemas como las inundaciones, advierte una académica

En los últimos años Yucatán registra un aumento en el deterioro y la pérdida de suelo como consecuencia de la expansión de la mancha urbana, el desarrollo de megaproyectos y la deforestación de ecosistemas, fenómenos que colocan en una situación crítica la salud de este recurso natural.

Lo anterior lo advierte Diana Alejandra González Róbelo, profesora de Ingeniería Ambiental de la División de Ingeniería y Ciencias Exactas de la Universidad Anáhuac Mayab.

La especialista señala que entre las principales amenazas para los suelos del estado se encuentran los procesos de degradación ambiental derivados de actividades industriales, ganaderas y agrícolas, así como la contaminación ocasionada por la generación y la inadecuada disposición de residuos.

Asimismo, destaca que el cambio de uso de suelo representa uno de los mayores problemas ambientales, pues zonas que antes contaban con ecosistemas saludables son ahora destinadas al crecimiento urbano y al establecimiento de nuevos asentamientos humanos.

“Esto provoca compactación del suelo, pérdida de cobertura vegetal y la sustitución del suelo natural por planchas de concreto”, explica.

La académica indica que la expansión urbana representa una de las problemáticas más graves en la actualidad, ya que el crecimiento de las ciudades demanda nuevos espacios para las viviendas, lo que ha propiciado la deforestación de las áreas naturales.

Entre las principales consecuencias menciona la pérdida de la capacidad de infiltración del agua hacia el subsuelo debido a la impermeabilización del terreno, además del incremento en la generación de residuos sólidos y aguas residuales provenientes de viviendas, comercios e industrias.

Respecto a la agricultura intensiva, la experta dice que esta práctica provoca una disminución en la calidad, fertilidad y salud del suelo debido a la sobreexplotación para mantener determinados cultivos.

Para sostener la productividad, añade, con frecuencia se recurre al uso de fertilizantes, pesticidas y otras sustancias químicas que alteran la estructura del suelo y aceleran su degradación.

La profesora recuerda que Yucatán depende en gran medida de su acuífero subterráneo y que los suelos cumplen una función esencial como filtro natural para la recarga del agua.

Sin embargo, alerta que la contaminación por residuos, sustancias químicas y aguas residuales en la superficie termina infiltrándose hacia el subsuelo, afectando las reservas de agua que abastecen a la población y dañando los ecosistemas que dependen del acuífero.

En contraste, puntualiza que en las zonas urbanizadas y cubiertas por concreto la infiltración prácticamente desaparece, lo que reduce la recarga del acuífero y favorece la probabilidad de inundaciones.

“El agua ya no tiene hacia dónde infiltrarse y termina acumulándose en calles, viviendas y colonias, situación que se agrava por la falta de infraestructura adecuada para mitigar estas problemáticas”, concluye.