• Ante el inicio del ciclo escolar, especialistas sugieren recuperar en forma gradual las rutinas y atender las emociones de niños y adolescentes
  • Especialistas sugieren involucrar a los menores en la preparación para el regreso a clases, con el fin de disminuir los nervios y la ansiedad

El regreso a clases está cerca y no solo implica preparar mochilas, uniformes y útiles escolares. Para niños y papás también significa dejar atrás los horarios relajados de las vacaciones, volver a levantarse temprano, cumplir con tareas y adaptarse nuevamente a las exigencias de la escuela.

Estos cambios pueden generar preocupación, nerviosismo o ansiedad.

Retomar poco a poco los horarios de sueño, alimentación y actividades escolares puede hacer más llevadera la transición después de las vacaciones.

Especialistas en salud infantil como el pediatra Héctor Hernández recomiendan que este proceso no se haga de manera brusca.

Se deben recuperar gradualmente los hábitos escolares. Mantener una comunicación abierta con los menores y prestar atención a sus emociones puede ayudar a que el regreso a las aulas sea más tranquilo.

El galeno sugiere platicar en casa con los chicos para conocer sus temores ante el nuevo ciclo escolar, ya que quizá tendrán maestros, compañeros nuevos o incluso el cambio de escuela.

Es clave preguntarles sobre las metas que les gustaría alcanzar, alentándolos a recuperar el ritmo al menos una semana antes del regreso a clases.

La psicoterapeuta Shadahi Flores sugiere tomar en cuenta un paso específico al hablar con los estudiantes.

“Lo primero es preguntar al menor cómo se siente ante el regreso a clases y, sobre todo, escuchar sin minimizar sus preocupaciones”, explica.

Para algunos niños la inquietud puede estar relacionada con volver a convivir con sus compañeros; para otros, con el cambio de maestro, las exigencias académicas, alguna materia que se les dificulta, separarse de sus padres o el temor de enfrentar nuevamente alguna situación de acoso escolar.

De acuerdo con la experta, este tipo de inquietudes se puede manifestar con nervios, ansiedad e incluso malestares físicos, como dolor de estómago, sudoraciones, náuseas o dificultad para concentrarse.

El pediatra Hernández refiere que durante las vacaciones es común que los menores se acuesten y despierten más tarde. Cambiar de golpe esos horarios puede convertir las primeras mañanas de clases en una batalla contra el despertador.

La estrategia que recomienda es comenzar varios días antes del regreso a modificar progresivamente la hora de dormir y despertar, hasta aproximarla al horario que tendrán durante el ciclo escolar.

También es importante establecer una rutina nocturna constante, cenar a una hora adecuada, preparar mochila y uniforme con anticipación, realizar alguna actividad tranquila y evitar dispositivos electrónicos antes de dormir.

¿Cuánto debe dormir un niño en edad escolar?

Por su parte, la psicoterapeuta invita a tener hábitos de sueño saludables. Refiere que los niños en edad escolar necesitan de nueve a 12 horas de sueño por noche, en tanto que los adolescentes requieren entre ocho y 10 horas.

“Dormir adecuadamente no solo ayuda a reducir el cansancio, también favorece la concentración, el aprendizaje y el estado de ánimo en la jornada escolar”, señala.

Otro de los puntos importantes, de acuerdo con los expertos, es que en la temporada vacacional suelen aumentar las horas frente al celular, televisión, videojuegos o tabletas.

Por ello, el regreso a clases puede ser un buen momento para establecer nuevamente límites claros.

La recomendación no necesariamente consiste en retirar de manera abrupta todos los dispositivos, sino en recuperar horarios definidos para su uso y evitar que interfieran con el sueño, las comidas, las tareas o la convivencia familiar.

“Es importante tener horarios previstos para despertar y levantarse, así como comer, jugar, realizar tarea y dormir”, comparte el doctor Hernández.

Esto proporciona al niño una estructura que puede hacerlo sentir más seguro ante los cambios, asegura.

Una recomendación un tanto más difícil, pero muy conveniente, es conocer previamente la escuela, el salón y, si fuera posible, al nuevo maestro o maestra, un acercamiento así podría ayudar a disminuir la incertidumbre del menor.

“También puede ser útil hablar sobre los aspectos positivos del regreso, como reencontrarse con amigos o conocer compañeros nuevos”, comparte la psicóloga Flores.

En los días previos también se puede involucrar a los menores en la preparación de sus útiles, uniforme y mochila. Convertir estas actividades en parte de la transición puede ayudar a que perciban el regreso como algo conocido y no como un cambio repentino.

La doctora Flores refiere que la recuperación de la rutina también debe incluir alimentación adecuada y movimiento, por lo que insta a mantener comidas saludables y no saltarse el desayuno, además de procurar actividad física diaria.

“Una vuelta a la manzana corriendo, caminar por el parque, el uso de la bicicleta, saltar en una cama elástica podrían ser buenos y divertidos momentos”, dice la experta.

Además de animar a comenzar sencillas tareas o actividades didácticas, estableciendo pequeños períodos de estudio acompañados de pausas. Y menciona que para algunos menores puede resultar útil utilizar horarios visibles, listas de actividades o temporizadores que les permitan saber qué tienen que hacer y cuánto tiempo dedicarán a cada actividad.