Fotografía proporcionada por la Dra. María Elena Torres de un baldío al que se fumigó con glifosato.

El uso de glifosato para eliminar la maleza de lotes baldíos podría representar un riesgo ambiental para las familias que dependen de pozos artesanales en colonias periféricas de Mérida y otras zonas habitacionales con acceso limitado a la red de agua potable, advierte un análisis de la doctora en Arquitectura María Elena Torres Pérez.

En opinión, de la especialista en Urbanismo, el uso de herbicidas como el glifosato para controlar la vegetación puede derivar en que durante las lluvias, los contaminantes presentes en la superficie pueden desplazarse con el agua hacia el subsuelo. En regiones con suelos permeables y formaciones de roca caliza fracturada, como Yucatán, la infiltración puede facilitar el traslado de sustancias hacia el acuífero.

Lotes baldíos, un problema urbano

La investigadora de la Facultad de Arquitectura de la Uady señala que el uso de herbicidas puede resultar una alternativa más económica y rápida que el deshierbe manual o mecánico. No obstante, advierte que esa práctica puede trasladar el problema de la superficie al subsuelo, especialmente cuando se realiza sin considerar las características del terreno y la cercanía de pozos domésticos.

En un análisis enviado a esta casa editorial, la arquitecta señala que los residuos de herbicidas no deben evaluarse de manera aislada. En terrenos utilizados como tiraderos clandestinos pueden coexistir con metales pesados y otros compuestos procedentes de residuos industriales, productos químicos y materiales desechados.

Una de las principales preocupaciones expuestas por María Elena Torres Pérez es la dependencia de pozos domésticos en colonias donde la infraestructura de agua potable es insuficiente.

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La autora advierte que el riesgo de un terreno contaminado no necesariamente se limita a las viviendas colindantes. El agua subterránea se desplaza y, dependiendo de las condiciones hidrogeológicas, los contaminantes podrían alcanzar otros puntos del acuífero. No obstante, establecer la dirección y el alcance de ese desplazamiento exige conocer el flujo del agua subterránea y realizar estudios en cada zona.

Riesgos para la salud y necesidad de evidencia local

El documento refiere investigaciones sobre el glifosato y sus posibles efectos ambientales y en la salud humana. También recuerda que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, organismo especializado de la Organización Mundial de la Salud, clasificó en 2015 al herbicida como «probablemente cancerígeno para los seres humanos».

En el caso de las colonias que dependen de pozos domésticos, la falta de análisis periódicos dificulta conocer la calidad del agua que se utiliza para beber, preparar alimentos y realizar actividades cotidianas.

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Entre las medidas planteadas por la doctora Torres se encuentra establecer reglas más estrictas para el mantenimiento de lotes baldíos, con vigilancia sobre los métodos empleados para eliminar la vegetación.

La autora propone privilegiar el deshierbe manual y mecánico, así como establecer restricciones y sanciones para el uso de glifosato y otros productos similares en estos terrenos.

Otra imagen de la Colonia Nuevo Yucatán

Proponen regular el deshierbe y analizar el agua

También plantea que las autoridades estatales y municipales prioricen el monitoreo de la calidad del agua en pozos ubicados en zonas de riesgo y aceleren la ampliación de las redes de abastecimiento de agua potable.

El objetivo sería evitar que la limpieza de predios se realice a costa de la salud de las comunidades y atender de manera conjunta dos problemas urbanos: el abandono de terrenos y la vulnerabilidad de las familias que dependen del agua subterránea.

La investigadora concluye que el mantenimiento de los lotes baldíos debe abordarse como un asunto de planeación urbana, protección ambiental y salud pública. Para dimensionar el problema en Mérida y sus alrededores, será necesario contar con estudios de campo que permitan identificar las prácticas de deshierbe, las condiciones de los pozos y la calidad del agua que consumen las familias.

A continuación, el artículo compartido por la Dra. María Elena Torres.