MÉRIDA.- La falta de planeación en el crecimiento de desarrollos inmobiliarios en comisarías de Mérida y municipios conurbados tiene ya graves impactos, que podrían empeorar si no se toman medidas adecuadas, alertan dos investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán. Ambos coinciden en que se ha visto a la ciudad como un negocio, sin tomar en cuenta las consecuencias; además de que ya han ocurrido incidentes violentos y problemas de desabasto de agua.
“Es notorio el desorden… las carencias de infraestructura, de agua potable, de electricidad, la complejidad del tránsito vehicular. Y todo eso se resume en una palabra: planeación.
Desgraciadamente hemos visto que la ciudad se administra como un negocio. Se vende como una ciudad con ventajas: seguridad para invertir, para vivir, suelo urbano barato, existencia de poblaciones ancestrales, que aparentemente tiene un superávit de infraestructura, un exceso de agua potable por la poca densidad y eso se traduce en políticas contrarias”, opina María Elena Torres Pérez, catedrática de la Facultad de Arquitectura de la Uady.
“Se busca usufructuar al máximo el uso del suelo, aumentar la densidad de vivienda bajo sofismas o falacias. Por ejemplo, decir que como la ciudad tiene baja densidad, entonces hay que aumentarla para optimizar el tendido de agua, para tener más calles, etcétera. Sin embargo, todas esas cualidades que aparentemente son una maravilla, las autoridades no se preocuparon en entender por qué son así. Simplemente las usaron como materia prima para vender”, agrega.
Casas que no son para gente de Mérida
En el mismo sentido opina Jorge Pacheco Castro, antropólogo del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi“, quien considera que los nuevos conjuntos no son para meridanos. “Estas son casas que que se están desarrollando para invitar a la gente a venir a vivir”.
“No podemos seguir diciendo que Mérida es la octava maravilla del mundo y que aquí vamos a vivir tranquilos, en paz. No. También tenemos problemas y deficiencias: el calor es una tragedia. El agua ya se está contaminando cada vez más con todos estos nuevos edificios que se están edificando”, opina el presidente del cuerpo académico sobre “Desarrollo regional, modernización y nuevos sujetos en Yucatán”.
El antropólogo afirma que hay muchas incertidumbres sobre el futuro de la ciudad y ve como una posibilidad que se agraven las carencias de servicios básicos como agua y luz, además del encarecimiento de la ciudad y la reducción de espacios de fácil acceso en el medio ambiente.
Y es que el investigador de la Unidad de Ciencias Sociales afirma que la ciudad ha ido creciendo como un “plato roto“. “Ya no es esa ciudad compacta, sino una ciudad dispersa. Lo que implica tener que llevar los servicios hasta esos lugares (lejanos), generando ciertos impactos también económicos de los que el propio gobierno no se ha percatado o no ha controlado”.
Fraccionamientos del tamaño de una ciudad

Por su parte, la doctora Torres Pérez agrega que las grandes proporciones de los nuevos desarrollos dificulta también dotarlos de servicios. “Hemos dicho muchas veces que un fraccionamiento de 10,000 ó 14,000 viviendas equivale a la fundación de una ciudad, pero sin equipamiento”. Para contextualizar, la investigadora precisa que colonias como la Miguel Alemán o Cordemex tienen 1,000 casas: “Y ve qué buena calidad tienen”, mientras que una ciudad como Motul está cerca de las 10 mil.
“A un desarrollo de 14,000 viviendas le llaman ‘fraccionamiento’, cuando lo único que tiene es que sus áreas verdes se están convirtiendo, una a una, en locales comerciales. No tienen el equipamiento necesario y consumen demasiada infraestructura. Entonces, ese déficit tienen que venir a buscarlo a Mérida“, reclama.
En su opinión, no está mal pensar en edificios de departamentos. “Es una muy buena opción para gente que ya no cuida sus patios… Pero también hay que hacer un estudio, porque no puedes establecer que la vivienda mínima sea en edificios”.
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Edificios verticales, “una camisa de fuerza”
“Estás metiendo a la gente en una especie de camisa de fuerza donde no puede crecer su vivienda… Los edificios están muy bien para optimizar el uso del suelo y servicios, para concentrar, pero deben estar rodeados de áreas verdes”.
Y enfatiza: “El área verde, en nuestro estado, no es una opción: es la única forma de mitigar el calor”.
Sobre la densificación (concepto que se refiere a expandir el territorio de manera vertical con la finalidad de concentrar a la población), la doctora en arquitectura considera que es correcta, “pero hay que estudiar los límites, y los límites los da la capacidad del gobierno para generar y dotar infraestructura, movilidad y transporte”.
La especialista en desarrollo y planeación urbana recordó que en una de sus investigaciones documentó que vecinos de colonias ubicadas por fuera del Periférico de Mérida como Ciudad Caucel, Piedra de Agua o San Marcos Sustentable “tuvo que renunciar a sus empleos porque les cuesta más de lo que ganan salir y entrar”.
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Enfrentamientos con los que vienen a vivir a Mérida
“Entonces, también hay problemas de competencia. Unos ven a los campesinos como posibles asesinos porque andan con su machete. Y los otros ven a los recién llegados como invasores. Abres tu patio, y lo que antes era monte, el caminito a tu milpa, ya no lo puedes usar porque ahora hay fraccionamientos. Y ya lo quieren hacer un ‘residencial’, porque es negocio”, opina la arquitecta Torres Pérez.

A estos choques también se refiere el antropólogo Pacheco Castro. Lo llama alteridad: “O sea, el choque cultural que se da con los pobladores originarios de estas poblaciones”.
En ese sentido, el egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, se refiere a lo que ocurre con la llegada de extranjeros o connacionales. “Cuando llegan acá se enfrentan con usos y costumbres que van en contra de sus modos de vida, y hay un choque cultural: la forma de manejar, de ser, de actuar, de llevarse con la gente, de comer, hasta de vestir. Y después se ponen a criticar nuestras comidas, nuestras costumbres, y empieza a haber toda esa polémica entre la sociedad, y empieza a fraccionarse toda esa unidad que teníamos anteriormente”.
¿Qué hacer en Mérida con los desarrollos de vivienda?
Sobre las posibles soluciones, la doctora Torres Pérez opina que hay que revisar las normas de construcción. “Esta tendencia del ‘mínimo-mínimo-mínimo‘ ya está pasando factura. Hay casas con muy poca vida útil. Casas que tardas 30 años en pagar y, a los 10 años —o incluso a los 3 meses de nuevas— ya tienen desperfectos… Mientras más cantidad de vivienda se construye, más dudosa es la calidad“, opina la especialista.
La arquitecta considera que hace falta más supervisión y controlar los permisos. “Hay colonias enteras donde la mayoría de las construcciones se hacen sin permiso”. Sin embargo, la doctora es enfática cuando se le pregunta cómo debe ser el crecimiento de la ciudad.
Frenar el crecimiento de Mérida
“Yo creo que el crecimiento ya hay que frenarlo. Debe tener límites, de acuerdo con la demanda”, opinó la arquitecta. Agregó que hay casas vacías ya sea por abandono o porque no se pueden comprar, además de que otras se adquieren para alquilar.
Sobre qué hacer para que las familias tengan acceso a una casa, la arquitecta se refiere a los lotes con servicios. “Darle a la gente tierra y que ellos se organicen para construir sus viviendas. Y me refiero a ese porcentaje de la población que no tiene y no la puede comprar”.
“Entonces, si esos lotes se ofrecieran ordenados, lotificados, con infraestructura adecuada…, ellos mismos generarían sus viviendas. Y con un poco de orientación profesional de arquitectos, por ejemplo, podrían hacer construcciones más ordenadas. Pero, de que son eficientes las casas que ellos construyen, lo son”.
Por su parte, el doctor Pacheco Castro señala que tiene que haber una regulación. “Tiene que haber un mercado inmobiliario que vaya de acuerdo al crecimiento demográfico de la ciudad. Tiene que haber una política que mediatice o que regule esa venta despiadada que se ha hecho de la ciudad hacia extranjeros”.
“Entonces, cuidado. Sí, esta ciudad de la paz puede convertirse en la ciudad del desastre, no sólo social, sino también ambiental y en todos los campos de la vida de nuestra ciudad”, advierte el doctor Pacheco Castro.
