La expansión de las inmobiliarias en la ciudad y la zona metropolitana representa una severa presión para la Reserva Ecológica Cuxtal, donde la especulación con terrenos, los tiraderos clandestinos y las actividades no compatibles con la conservación ponen en riesgo este importante territorio natural.

  • El uso no autorizado de maquinaria pesada devasta extensiones en Cuxtal, destruyendo la fauna local y comprometiendo la infiltración del agua

La detección de al menos 12 desmontes ilegales ha sido el resultado de la vigilancia en la reserva este año, con una afectación estimada de 125 hectáreas de selva baja caducifolia, de acuerdo con información proporcionada por Jorge Bacab, coordinador de Comunicación Social de la zona protegida.

La expansión inmobiliaria es uno de los principales problemas que enfrentan actualmente, señala en entrevista Sandra García Peregrina, directora de la Reserva Cuxtal.

La actividad del ramo, añade, ha alcanzado a este espacio debido al crecimiento de la ciudad, lo que genera una presión cada vez mayor sobre las casi 12 mil hectáreas que lo conforman.

Presión, contaminación

Los tiraderos clandestinos de basura que se han formado en su interior se ubican como el segundo problema en importancia. Aunque algunos residuos parecieran ser inertes y únicamente modificar el paisaje, advierte la directora, otros pueden generar lixiviados que terminen infiltrándose en el suelo y alcanzando el manto freático.

La preocupación cobra relevancia debido a la función que cumple Cuxtal, sobre todo en la protección de la zona donde se extrae parte del agua que abastece a Mérida, de acuerdo con Sandra García. Cualquier actividad que afecte las condiciones del suelo y la infiltración del vital líquido, advierte la funcionaria, representa también una amenaza para el recurso hídrico.

A seis meses de que autoridades ambientales y de seguridad reforzaran la coordinación para atender las denuncias relacionadas con la remoción ilegal de vegetación y el cambio de uso de suelo, se han efectuado seis operativos conjuntos con participación de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), la Guardia Nacional y personal de la propia reserva.

Operativos y sanciones

Resultados concretos en materia de inspección y contención muestra el balance: durante las acciones realizadas en lo que va de este calendario se clausuraron seis sitios donde se desarrollaban actividades consideradas contrarias al equilibrio ecológico; asimismo, se aseguraron dos maquinarias pesadas y una nave industrial presuntamente vinculadas con dichas labores.

Un protocolo y un equipo de vigilancia que realiza recorridos por calles y brechas son parte de la protección de la reserva, según la directora, a lo que se suma el uso de drones para supervisar zonas de difícil acceso.

Vigilar un territorio de esta extensión representa un reto, destaca la funcionaria, sobre todo porque en su interior existen ocho comunidades y vialidades que conectan comisarías e incluso municipios.

La denuncia ciudadana es fundamental, subraya, ya que permiten ampliar la capacidad de observación y detectar las posibles irregularidades.

La estrategia parte de la vigilancia continua que realiza el personal de la reserva, junto con avisos de los habitantes. Cuando se detecta una posible afectación, la administración de Cuxtal da aviso a las autoridades competentes, cuyos inspectores acuden al sitio para realizar las diligencias correspondientes; al determinarse la posible comisión de actividades ilegales, se procede a la clausura y al aseguramiento de maquinaria, según corresponda.

El ingreso de motocicletas y vehículos todoterreno por las brechas figura entre los reportes recurrentes. Hasta ahora, indica, lamentablemente no ha sido posible identificar a quienes realizan estas actividades ni determinar su frecuencia. Años atrás, recuerda Sandra García, una situación similar ya se había presentado.

La presencia de motocross en la parte sur de la reserva constituyó en ese entonces el problema, actividad que posteriormente dejó de realizarse tras las gestiones y pláticas con sus responsables.

El impacto de estos vehículos es menor frente al que pueden provocar las actividades que utilizan maquinaria pesada, como las retroexcavadoras para realizar desmontes, considera la directora.— Ilse Noh Canché / Darinka Ruiz Morimoto

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