Mérida cuenta con 3,550 kilómetros de vialidades, pero no todas concentran el mismo flujo de vehículos. El especialista René Flores Ayora llama a conducir con plena atención ante el aumento de accidentes
Imágenes de un accidente en la colonia Dolores Otero.- Gabriel Chan

El parque vehicular se incrementa cada año, hoy hay más vehículos circulando por todo Yucatán que ayer.

Si bien la ciudad crece, no lo hace al mismo ritmo que el número de automotores y la infraestructura de tránsito se planifica para un determinado flujo.

Cuando la realidad supera la planeación, el número de incidentes viales crece y hoy día existen diversos factores que los propician.

El aumento del parque vehicular es tan solo la punta del iceberg del problema: según el Inegi, en Mérida transitan 913,000 automotores, de los cuales más de 553,000 son particulares.

La capital yucateca tiene 3,550 kilómetros de vialidades, entre éstas las alrededor de 50 del Anillo Periférico, la más larga y transitada de la urbe.

Aunque suena a mucho espacio para circular, del universo de calles y avenidas algunas concentran los mayores flujos de circulación.

Accidentes viales en Yucatán

Al ritmo de vida, las prisas, el estrés, los distractores, los mínimos requisitos para obtener la licencia de conducir, la falta de un verdadero conocimiento del reglamento y de responsabilidad al manejar, la desidia, el consumo de alcohol o el conducir bajo los efectos de un medicamento se suman las deficiencias de las vialidades y rebasar los límites de velocidad.

Adicionalmente, la proliferación de dispositivos móviles que permiten captar en tiempo real fotos y vídeo de hechos de tránsito crean la percepción de que hoy ocurren más accidentes que en otros tiempos.

Este verano el número de hechos de transito se disparó respecto al mismo período de 2025. Las causas fueron diversas y el número de fallecidos y lesionados se torna relevante.

Aunque la SSP despliega toda su capacidad operativa para prevenir accidentes, si los ciudadanos no cooperan, asumen su responsabilidad y hacen su parte para alcanzar el objetivo, nada será suficiente para bajar estas cifras.

Conocimiento clave

“Hay que conducir con los cinco sentidos, porque el 99% no basta”, señala René Flores Ayora, ingeniero de tránsito, en entrevista con el Diario.

“No existe ningún otro lugar como las calles, avenidas, periféricos y carreteras, donde tantas personas de distintas procedencias, edades, sexo, razas, clases, credos, preferencias políticas, opciones de estilo de vida o niveles de estabilidad psicológica se entremezclan libremente; no hay atasco, el atasco eres tú”, abunda.

La velocidad de un vehículo puede convertir un choque en un impacto equivalente al de una caída desde varios metros de altura. Las distracciones, la ingesta de alcohol, el desconocimiento del reglamento de tránsito y la falta de responsabilidad también elevan los riesgos
La velocidad de un vehículo puede convertir un choque en un impacto equivalente al de una caída desde varios metros de altura. Las distracciones, la ingesta de alcohol, el desconocimiento del reglamento de tránsito y la falta de responsabilidad también elevan los riesgos

Es evidente que el parque vehicular ha crecido sobremanera. En las calles, avenidas y carreteras hay cada vez más vehículos de todo tipo, y si bien esto ya es un factor que incrementa el número de hechos de tránsito, existen otros factores que son aún más determinantes.

“De cada 10 automovilistas que transitan en el estado, dos habrán hojeado superficialmente el reglamento de tránsito, los otros ocho ni eso”, advierte el experto.

“Hoy día numerosas personas obtiene una licencia de conducir con un examen de conocimiento básico y demostrando que saben estacionarse en cordón en un espacio limitado, pero lo cierto es que esto podría ser algo irrelevante cuando no se conocen bien las habilidades y destrezas del conductor”.

“No hay forma de evaluar sus capacidades en las calles y avenidas, y eso se refleja en los registros de accidentes que se suceden a diario”, explica.

No se puede responsabilizar del todo a las autoridades, pues hay por lo menos dos factores que hacen de facto al buen conductor.

El primero es leer el reglamento de tránsito. Es lo menos que se espera de alguien que va al volante de un automotor, ahí está lo que se debe hacer ante cualquier situación.

Muchos de los accidentes son resultado de la ignorancia que existe sobre qué hacer en las calles, límites de velocidad, lugares para estacionarse o no, cómo dar una vuelta correcta, cómo hacer un alto en una intersección, el significado de las señales, etcétera.

El segundo factor es el sentido común y de responsabilidad de cada persona. Estar al volante de un vehículo ya supone por sí mismo una gran responsabilidad.

Quien conduce un automotor es el primer responsable de su propia seguridad, de sus acompañantes, de otros guiadores y de los peatones.

Toda acción tiene una consecuencia y éstas se tornan mucho más graves cuando está de promedio la integridad física o la vida de otros.

Ese sentido común y de responsabilidad al conducir hace al buen conductor anticiparse a lo posible e inesperado.

La mayor causa

El factor velocidad suele ser una de las principales causas de hechos viales. Circular en un vehículo requiere atención, buenos reflejos y coordinación motriz.

Estos tres últimos requisitos pueden estar presentes en la gran mayoría de las personas que conducen, pero en la medida en que circular se torna más rápido, la capacidad de reacción se vuelve más lenta.

El estilo de vida actual, especialmente en las grandes urbes, nos suele exigir más rapidez, algo que no es recomendable en una ciudad donde hay mucho tránsito vehicular y donde todos quieren llegar al mismo punto antes que los demás.

Así, el manejo rápido, agresivo y temerario aflora en la medida en que se va perdiendo la conciencia sobre la responsabilidad de nuestros actos y se echa todo a la suerte.

“Un choque de un vehículo con un objeto fijo rígido puede traducirse como ir en caída libre desde una determinada altura, en función de la velocidad a la que circula”, señala Flores Ayora.

“Una colisión a 55 kph equivale a caer de 12 metros de altura; a 70 kph, alrededor de 20 metros; a 100 kph serían 40 metros, a 120 kph el impacto sería como de 57 metros y arriba de 150 kph se estaría equiparando a caer de casi 100 metros”.

“Respetar los límites de velocidad es algo que por sí mismo evita accidentes o minimiza sus consecuencias: el límite de velocidad en los estacionamientos es de 5 a 10 kph; en zonas escolares y hospitalarias, 20 kph; en el centro de la ciudad, colonias o zonas habitacionales, 30 kph; avenidas, entre 50 y 60 kph, y hasta 80 kph en Periférico”, recuerda el entrevistado.

La desidia, factor de riesgo

El estrés al volante abona a la cuota de accidentes de tránsito. Un conductor estresado por la pesadez del tránsito, el calor, la presión que ejercen otros guiadores, etcétera, se traduce en un conductor impredecible o poco concentrado al manejar.

Otros distractores que causan accidentes son el celular, la radio, objetos sueltos dentro del vehículo, pasajeros inquietos… Todos son factores que pueden apartar la atención del conductor el tiempo suficiente para provocar un percance.

La desidia es frecuente en aquellos conductores que, a sabiendas de que un determinado tipo de maniobra no está permitida por cuestiones de seguridad vial, las realiza porque al fin y al cabo “no hay un agente de tránsito que le sancione”.

Dar vueltas en U, estacionarse en franja amarilla o doble fila, no respetar la distancia respecto a las esquinas, ignorar los pasos peatonales, transitar en sentido contrario y más son actitudes de personas que no tiene sentido común, responsabilidad o mínimo respeto hacia otros.

La desidia se hace presente en aquellos motociclistas que anteponen sus intereses y costumbres a lo establecido en el reglamento de tránsito, que los obliga a portar casco protector reglamentario clasificación DOT.

Un alto porcentaje de motociclistas lesionados o fallecidos en hechos de tránsito en las carreteras del interior del estado, donde estos vehículos son el medio de transporte más utilizado por la población, suceden por no portar casco, casco reglamentario o no llevarlo debidamente colocado.

El estado del vehículo es responsabilidad de quien lo conduce. Que circule con sistemas de freno operantes, llantas en buen estado, luces adecuadas, cinturones de seguridad, espejos y otros dispositivos de seguridad básicos evita accidentes.

Un factor recurrente en hechos viales son aquellos que suceden cuando está presente el consumo de bebidas alcohólicas.

El consumo etílico reduce las capacidades motoras de la persona, los reflejos y el grado de conciencia.

La ingesta de medicamentos que producen somnolencia también constituye un riesgo para quien conduce. El consumo de psicotrópicos, sustancias nocivas, enervantes y drogas prohibidas son un potencial riesgo al conducir.

No siempre se puede contar con vialidades en excelentes condiciones para pasar. Las vías del estado demandan un alto nivel de atención por parte de quienes avanzan por ellas e incluso se recomienda reducir la velocidad en caso de lluvia o neblina.

No siempre la señalética está en buen estado o cuenta con los requisitos mínimos básicos para ser funcional, como es el tamaño y la forma adecuados, la colocación precisa y los elementos reflejantes para ser visibles de noche.

Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.

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