El apagón que dejó sin servicio a cientos de miles de usuarios domésticos en Yucatán y otros estados del sureste volvió a evidenciar que la falla se originó en el sector de transmisión. Las grandes líneas de 400 kilovoltios se han convertido en objetivos vulnerables, advirtió Alberto Ojeda Arauza, presidente del Colegio de Ingenieros Mecánicos y Electricistas de Yucatán (Cimey).
La interrupción del servicio afectó principalmente a una gran cantidad de usuarios del sector doméstico-residencial, así como a varios poblados, colonias y sectores urbanos que no forman parte de los circuitos estratégicos (clínicas, hospitales, centros de seguridad y el aeropuerto, entre otros).
A nivel mundial se han documentado intentos de sabotaje contra torres y subestaciones, como los casos recientes en Dormagen, Alemania, donde se hallaron lanzadores artesanales de cohetes dirigidos a líneas de alta tensión. Incluso el Departamento de Energía de Estados Unidos considera estas estructuras como posibles blancos de terrorismo y sabotaje.
Riesgo en calles
En Mérida es visible en las calles el deterioro de la infraestructura de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), con postes de concreto cuarteados, transformadores sin mantenimiento por más de una década y tapas de registros eléctricos dañadas en el Centro Histórico. Esta situación incrementa el riesgo de explosiones o accidentes si un vehículo impacta contra cables de media tensión.
La infraestructura de la CFE requiere mantenimiento urgente en la red eléctrica. Los postes de concreto presentan claro deterioro y representan un riesgo de caída sobre peatones o transporte público; además, existe el peligro de que se desprenda material sobre los transeúntes. Por su parte, los transformadores muestran evidencias de no haber recibido servicio en los últimos 15 años.
Rezago físico
Además del rezago físico, el especialista enfatizó la necesidad de revisar la formación continua de las empresas contratistas y los programas internos de capacitación de la CFE, con el fin de garantizar trabajos con la calidad requerida.
Respecto a la línea de 400 kV Escárcega-Ticul, dice que resulta poco probable que el origen del fallo fuera una simple falta de mantenimiento, dado su carácter crítico. Es preciso esperar el peritaje oficial, recordando que los tiempos de respuesta dependen de las condiciones de seguridad y que no se debe arriesgar la vida de ningún trabajador ni de pacientes en terapia intensiva o quirófano por decisiones que buscan un beneficio personal y no el social.
El problema central de la península radica en que solo existe una línea de torres de transmisión de 400 kV (Escárcega-Ticul). Ante cualquier eventualidad, la zona de control peninsular se ve obligada a desconectar circuitos no prioritarios, correspondientes por lo general a las colonias, lo que amplifica el impacto social.
Las centrales eléctricas ubicadas en Mérida y Valladolid continuaron operando normalmente; prueba de ello es que persistió el suministro de la energía en determinadas zonas de la ciudad.
Circuitos resguardados
El Centro Nacional de Control de Energía desplegó una oportuna operación para mantener el flujo en los circuitos estratégicos, como hospitales y clínicas, evitando así un colapso total del sistema.
El tiempo de respuesta del personal especializado depende de múltiples factores, pues las maniobras cambian drásticamente entre el día y la noche o bajo condiciones de lluvia. Ante todo, no es posible comprometer la integridad física de los trabajadores.
Ningún beneficio personal justifica poner en peligro la vida de seres humanos convalecientes en áreas de terapia intensiva o quirófanos, dijo.
