Investigadores promueven crear políticas acordes con la vulnerabilidad de los sistemas kársticos. En la imagen, las grutas de Tzabnah, en Tecoh
Investigadores promueven crear políticas acordes con la vulnerabilidad de los sistemas kársticos. En la imagen, las grutas de Tzabnah, en Tecoh

El origen del Día Internacional de las Cuevas y el Karst, que se conmemoró este domingo 13 de septiembre, se encuentra en iniciativas de la sociedad civil, particularmente de la Unión Internacional de Espeleología, y posteriormente del gobierno de Eslovenia, señala Ana Katalina Celis, directora de Karst Lab México.

Esta es una organización dedicada al estudio, conservación y difusión de los ecosistemas kársticos y los cenotes de la Península de Yucatán.

Ana Katalina Celis destaca la participación de México y de la sociedad civil en estos procesos: nuestro país que votó a favor de la declaración de la celebración y Karst Lab México también apoyó la propuesta.

“Las cuevas son un eslabón clave para conectar los ecosistemas, tanto en zonas urbanas como rurales”, comparte la directora, quien hace un llamado a reconocerles ese rol e incluir la voz de los especialistas sobre las cuevas y el karst, con el fin de colocarlas en la agenda nacional de biodiversidad, agua y cambio climático.

A pesar de la larga historia de la relación entre la humanidad con el karst y las cuevas, así como de la importancia que estos territorios tienen para nuestra subsistencia material y espiritual, Francisco Bautista, investigador del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la UNAM y socio fundador de la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Karst (AMEK), considera que “ni los que vienen ni los que ya están viviendo en los territorios kársticos saben cómo hacerlo”.

En todo el mundo los paisajes kársticos “son de baja densidad poblacional, para no contaminar el agua y por su baja productividad agroforestal”.

En la Península de Yucatán, advierte el experto, “en las últimas dos décadas la población ha aumentado dramáticamente”.

De un millón 800 mil habitantes en 2005 a más de dos millones y medio en 2025, un crecimiento del 38.18%, superior al 27.7% nacional.

El crecimiento de la población ha traído también “infraestructura como aeropuertos, trenes, fraccionamientos habitacionales, campos de golf, industria, apertura de tierras para la agricultura y ganadería (cerdos, aves, vacas)”, precisa Francisco Bautista.

La bióloga Yameli Aguilar Duarte también expone los “impactos acumulativos” asociados con estas actividades: “pérdida de relieves, rocas, suelos, sobreextracción de agua subterránea, aumento de la intrusión salina, inducción a socavones, inundaciones, contaminación de suelos y agua y afectaciones a la salud en general”.

Para Francisco Bautista, “la alternancia de partidos en el gobierno ha servido para seguir casi igual, ya que tampoco saben gobernar en el karst”.

Ciertamente, “no todas las personas tienen la posibilidad de bucear y recorrer las extensas cavernas que forman parte de los sistemas kársticos”, apunta Neftaly Gijón Yescas, investigador posdoctoral del Cinvestav.

Sin embargo, podemos conocer estos sistemas “simplemente al caminar por senderos y observar las diferentes formas del terreno, como cenotes, haltunes y sartenejas”, así como “mediante el uso de drones o incluso a través de imágenes aéreas y satelitales”.

Para el experto, el estudio de las diferentes escalas espaciales y temporales de los sistemas kársticos, desde las milimétricas hasta las kilométricas, son fundamentales para “ayudarnos a identificar indicios de procesos que podrían representar un peligro, como inundaciones, colapsos, intrusión salina y contaminación”.

Por estas razones, el Día Internacional de las Cuevas y el Karst representa una oportunidad para recordar la urgencia del “reconocimiento de la fragilidad de los entornos kársticos”, expresa Yameli Aguilar.

Normativas

Para Rodrigo Llanes Salazar, investigador del Cephcis, las leyes, reglamentos y normas que pueden ser efectivas para otros contextos no necesariamente lo son para los territorios kársticos.

Por tanto, se necesitan normas particulares que reconozcan la singular vulnerabilidad de estos entornos, como lo hace la Norma oficial mexicana 001-Semarnat-2021 sobre los límites permisibles de contaminantes en las descargas de aguas residuales en cuerpos receptores propiedad de la nación.

Aquella reconoce límites permisibles específicos para suelos kársticos.

Asimismo, enfatiza que la exigencia del reconocimiento específico de la particularidad kárstica de Yucatán y otras áreas del país ha sido una demanda de organizaciones de la sociedad civil y especialistas que se ha manifestado en propuestas como la Iniciativa ciudadana de Ley general de aguas.

A pesar de su importante presencia en el territorio nacional, el karst permanece prácticamente inexistente en las leyes mexicanas.

Ana Katalina Celis advierte que, aunque existen declaratorias de áreas naturales protegidas en zonas kársticas, como la Reserva estatal geohidrológica Anillo de Cenotes, en muchos casos faltan programas de manejo y de conservación que atiendan a las especificidades recomendadas por los lineamientos internacionales para la conservación de estos delicados entornos.

Héctor Estrada Medina, profesor-investigador y responsable del Laboratorio de Análisis de Suelos, Plantas y Agua de la Uady, señala que “el suelo representa la primera barrera de protección del acuífero”.

Por ello, resulta necesario “mantener la cobertura vegetal, aplicar prácticas agroecológicas y manejar sustentablemente nuestros ecosistemas y agroecosistemas”.

Para conocer más sobre el karst, del 4 al 6 de noviembre próximos se llevará a cabo la X Reunión Amek. “Explora, comprende y protege el karst”, en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Uady.