Los hombres no lloran, no expresan sus sentimientos, saben sobreponerse a las presiones sociales, económicas o laborales y no dejan al descubierto sus debilidades porque pierden su masculinidad.
Para Alejandro González Novelo, director de la Escuela de Psicología de la Universidad Anáhuac Mayab, estos sesgos de identidad atribuidos a los hombres son un pesado lastre a su salud mental.
A su vez, las presiones y los problemas recaen sobre sus hombros, no encuentran un escape que les permita sobrellevarlos, lo que les conduce a formas poco sanas de hallar el equilibrio emocional, sea con el consumo de alcohol o sustancias e incluso en casos extremos, caer en tendencias suicidas.
La presión del “¿qué dirán?” suele ser muy fuerte en los hombres al buscar ayuda profesional, al menos en aquellos adultos maduros, educados en un tiempo donde la masculinidad implicaba ser duro, inflexible y protector del hogar.
Los adultos más jóvenes han cambiado esta percepción y son más abiertos a pedir ayuda profesional cuando sienten comprometida su salud mental, aunque las mujeres recurren más a los especialistas.
“Definitivamente las mujeres recurren más al apoyo profesional en lo que respecta a la salud mental; que asistan a psicoterapia o a consultas psiquiátricas no está mal visto, quizá porque a los hombres se les educa para no ser expresivos o dejar al descubierto sus sentimientos, ellos deben ser los fuertes, los cuidadosos, vigilantes, sostén de la pareja y la familia, protector y proveedor”.
“Eso definitivamente se vuelve un peso cada vez más difícil de llevar sin apoyo”, comenta el entrevistado.
“El problema de que los hombres no puedan liberar sus emociones más legítimas, se tornan vulnerables porque tienen que esconder miedos, tristeza, afectos, una carga emocional que no puede aflorar porque no es de hombres. Por ello, el hombre busca la forma de dar salida a esa presión emocional a través del alcohol, las sustancias, etcétera”.
Aumento de casos
Después de la pandemia del Covid-19, los casos de depresión en hombres aumentaron 18%, mientras que en lo que respecta a la ansiedad el incremento fue del 15%.
Estas estadísticas evidencian que algunos varones acudieron a recibir apoyo profesional de salud mental en un contexto donde no siempre recurre a ayuda especializada “para salir adelante”.
“Los hombres que llegan a consulta con un especialista por lo general llegan referidos por sus parejas, sus familias o las empresas donde laboran, por sí mismo es un poco más difícil”, subraya González Novelo.
“Un adulto con un problema de salud emocional puede perder el interés por cosas que antes le apasionaban, son más irritables, más violentos, más silenciosos, todo lo ven de manera pesimista, se encierran en sí mismos, se apartan de la relación con los demás, pueden beber más y consumir sustancias como antes no lo hacían”, agrega.
Otros síntomas de alarma son dormir mucho o no conciliar el sueño, explosiones de ira, bajo rendimiento laboral o, por el contrario, no querer otra cosa que estar trabajando, distanciamiento con la pareja, entre otros.
Factores familiares, sentimentales, laborales o económicos pueden detonar cuadros de ansiedad o depresión. El experto explica los hombres rara vez hablan entre sí de sus problemas e inquietudes emocionales, mostrar debilidad ante otros es algo que no se pueden permitir, a menos que se trate de algo muy especial y profundo como para sincerarse.
De hecho, los hombres que dan el paso para buscar ayuda profesional, ya sea por sí mismos o referidos, suelen poner a prueba a sus terapeutas, abrirse o sincerarse, es cuestión de tiempo y de afinidad.
Generalmente, cuando el paciente se convence de las capacidades del psicólogo o el psiquiatra, todo lo demás fluye y se encamina hacia una franca recuperación.
“Ya sea un psicoterapeuta o un psiquiatra, ambos especialistas poseen las herramientas para abordar la salud mental en los hombres. El primero trabaja más en la parte emocional, mientras que el segundo complementa su terapia con el uso de determinados fármacos que se suministran si existe una deficiencia química determinante en la condición con la cual llega el paciente a consulta”, puntualiza el experto.
“Hay que estar muy pendientes de las señales de alerta. Un hombre en depresión o con ansiedad, en el peor de los escenarios puede desembocar en tendencias suicidas si no recibe apoyo de inmediato”.
