Alimento funcional es aquel que, además de aportar los nutrientes básicos (proteínas, grasas y carbohidratos), contiene componentes activos que benefician a la salud, previenen enfermedades o mejoran el rendimiento físico y mental, señaló el nutriólogo Ángelo Durán en el marco del webinar “Más allá de la nutrición básica: Transformar tu salud con alimentos funcionales”.
Los alimentos nutritivos se clasifican en tres grupos:
- 1) Protectores celulares (antioxidantes): Compuestos biomédicos que neutralizan los radicales libres y reducen el estrés oxidativo en las células, previniendo el daño celular prematuro y disminuyendo el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas y degenerativas.
- 2) Prebióticos y probióticos: Comprenden las bacterias benéficas (probióticos) y la fibra no digerible que las alimenta (prebióticos), los cuales trabajan en conjunto para optimizar la salud intestinal, fortalecer el sistema inmunológico y favorecer una adecuada absorción de nutrientes.
- 3) Antiinflamatorios: Corresponde a nutrientes y fitoquímicos clave (ácidos grasos omega-3 y polifenoles) que ayudan a modular y mitigar los procesos inflamatorios crónicos en el organismo, promoviendo la recuperación muscular y protegiendo la salud cardiovascular y articular.
Naturales y modificados
El especialista indicó que hay alimentos funcionales naturales y modificados.
“Los primeros son aquellos alimentos enteros y en su estado original que contienen componentes bioactivos en forma intrínseca, los cuales aportan beneficios para la salud y previenen enfermedades sin haber sido alterados mediante procesos industriales”.
“El mejor ejemplo de estos son las frutas, verduras, hortalizas, hojas, semillas o frutos secos”.
“Los modificados son aquellos que han sido formulados, enriquecidos o fortificados biotecnológicamente para añadir, aumentar o potenciar la presencia de nutrientes o compuestos beneficiosos”, explicó.
Entre los ejemplos de alimentos funcionales naturales destacan el tomate (cocinado), cuyo compuesto clave es el licopeno (un potente antioxidante).
Su beneficio funcional es proteger la salud cardiovascular y reducir el riesgo de problemas en la próstata. El licopeno se absorbe mejor cuando el tomate está cocinado y acompañado de una grasa saludable.
Otro es el ajo crudo. Su compuesto clave es la alicina y se activa al machacarlo. Su beneficio funcional es que actúa como un antibiótico y antifúngico natural, además de ayudar a regular la presión arterial.
Se recomienda picarlo o machacarlo, dejarlo reposar durante cinco minutos antes de comerlo y de este modo se activa la alicina.
El pescado azul (salmón, sardinas, atún) con los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA) también entra en esta categoría de alimentos naturales nutritivos.
Su beneficio radica en los antiinflamatorios naturales. Cuida el corazón, reduce los triglicéridos y mejora la función cerebral.
La avena integral, que contiene betaglucanos (un tipo de fibra soluble), funge como una esponja en el intestino, atrapando el colesterol malo y regulando los niveles de azúcar en la sangre.
Entre los alimentos funcionales modificados destacan el yogur y el kéfir (fermentados), cuyos compuestos clave son los probióticos (bacterias vivas como “lactobacillus” o “bifidobacterium”). Su beneficio está en su comunidad de bacterias que restaura la microbiota intestinal y mejora las defensas.
El compuesto de la sal yodada es el yodo, que previene en forma masiva el bocio y los problemas de la glándula tiroides.
Los jugos de fruta con calcio y vitamina D tienen como compuestos clave el citrato de calcio y colecalciferol. Diseñados para personas intolerantes a la lactosa o veganas, permiten obtener los nutrientes clave para la salud ósea sin consumir lácteos.
Mitos
El ponente aclaró algunas dudas sobre los alimentos funcionales mediante ejemplos de mitos y verdades.
“Los alimentos funcionales empaquetados del supermercado son mejores que la comida natural. Un alimento ultraprocesado adicionado con vitaminas sigue siendo un ultraprocesado”.
“La matriz del alimento importa. Siempre será infinitamente mejor un alimento funcional que un producto industrializado que intenta imitar a la naturaleza”, manifestó.
“Los alimentos funcionales curan enfermedades por sí solos”, agregó.
“Si un alimento funcional es bueno, entre más consuma, mejor”.
El experto dijo que tomar un shot de jengibre y cúrcuma el domingo no compensará una semana de dormir mal, estrés crónico y comida chatarra. Funcionan como un equipo: potencian tu salud si tu estilo de vida general los respalda.
El nutriólogo recalcó que la clave de la nutrición funcional es la constancia.
Por ejemplo, los alimentos ricos en fibra soluble son maravillosos para el intestino, pero si una persona que no está acostumbrada empieza a comerlos en exceso, terminará con una inflamación severa, gases y malestar estomacal.
“Para aprovechar los alimentos funcionales no hay que gastar mucho en alimentos exóticos. Los mejores alimentos funcionales son locales, económicos y se encuentran en cualquier mercado. No se necesita gastar una fortuna para hacer nutrición funcional de alto nivel”, puntualizó.
“La medicina del futuro comienza en tu cocina, pequeñas decisiones cotidianas generan una transformación duradera en tu salud y bienestar”, subrayó.


