Eduardo Sotelo recalcó en su ponencia “Autismo, contextos y apoyos: un enfoque humano para la inclusión”, que la equidad, la inclusión y la diversidad garantizan una enseñanza que responda a las necesidades de los alumnos. En la foto, dirige una dinámica con la audiencia
Eduardo Sotelo recalcó en su ponencia “Autismo, contextos y apoyos: un enfoque humano para la inclusión”, que la equidad, la inclusión y la diversidad garantizan una enseñanza que responda a las necesidades de los alumnos. En la foto, dirige una dinámica con la audiencia

Construir un sistema educativo de calidad requiere observar tres principios distintos e inseparables: equidad, inclusión y diversidad, así lo expresó Eduardo Sotelo, profesor de educación física especializado en autismo, quien ayer participó en el Foro Internacional de Formación en Autismo.

El Foro se lleva al cabo en la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco) Mérida, donde el invitado ofreció la conferencia “Autismo, contextos y apoyos: un enfoque humano para la inclusión”.

El maestro contó un cuento a la audiencia para ejemplificar cómo se sienten las personas con autismo cuando se enfrentan a ciertas situaciones, y cómo el enojo y el berrinche luego se convierten en tristeza, en el deseo de quedarse en casa y no convivir con los demás, así como esto se puede revertir cuando hay comprensión y apoyo.

Apuntó que así como al mirar un cuadro se puede tener un enfoque en lo técnico, el contexto o lo emoción, construir un sistema educativo de calidad requiere observar tres principios distintos e inseparables: equidad, que hace referencia al sistema; inclusión, en la escuela en este caso; y diversidad en el aula, pues ninguno es suficiente por sí solo.

El ponente resaltó cómo es el sentir de los niños autistas en una escuela que, ejemplificó, es como dar clases sin anteojos, cuando éstos se necesitan una semana.

Cuestionó el por qué en la docencia hay maestros que diversifican su práctica, entendiendo que hay niños y niñas en distintas situaciones, se pero les dificulta poner apoyos visuales, que es exactamente lo mismo, diversificar el acceso a la información.

Se refirió a la inclusión y a la exclusión. Recalcó que estar en el patio de recreo no demuestra por si solo inclusión, ya que compartir el espacio físico no garantiza el derecho a la educación inclusiva. En su opinión, lo ideal es la participación significativa, que implica la interacción con pares, acceso al contenido pedagógico y un rol elegido y significativo.

Sobre la exclusión, dijo que hay personas que son excluidas y que sufren desigualdades por distintas características humanas.

“En muchas sociedades convive la desigualdad, y todos esos sectores viven lo mismo. Son estigmatizados, se les discrimina y se les vulnera los derechos, como los pueblos originarios, las personas en situación de pobreza, las personas que se perciben de otro género, las personas con diversidad funcional y las neurodivergentes. Todas viven exactamente lo mismo”.

“Es sumamente importante visibilizar, porque lo que se pone en juego no es la empatía, y uno tiene empatía con quien considera semejante, con quien no me pone en amenaza, y eso lo vemos con nuestros chicos y chicas, jóvenes y adultos. La empatía se bloquea, porque me pongo en estado de supervivencia. Lo mismo pasa con los niños y niñas autistas”.

El especialista señaló que muchas veces las familias de niños y niñas y jóvenes divergentes quieren inclusión para sus hijos en la escuela, aunque discriminan a esa persona que vive en la calle, por lo que cuestionó si en realidad quieren una sociedad más incluyente o lo que quieren es construir su propia normalidad.

“Una sociedad más diversa es una sociedad más compleja y más incómoda, porque yo voy a tener que sostener la escucha y la mirada a alguien que tal vez no esté de acuerdo conmigo sin embargo, voy a sostener la mirada y la escucha para entrar en diálogo con el otro, porque sin entrar en diálogo con el otro difícilmente podamos construir una solución”.

Planteó la aplicación de facilitadores en clase, enfocados al espacio, los materiales, las reglas, la información, la organización y la cooperación y apoyo entre compañeros.

Aseguró que con modificar estratégicamente el entorno escolar físico se puede regular el estímulo, antes de que ocurra una crisis, facilitando el aprendizaje y la diversión. La acústica, la secuencia espacial, los espacios de escape, la compartimentación, las zonas de transición, la zonificación sensorial y la seguridad son aspectos que se deben trabajar para lograrlo.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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