SANTA ELENA.— En el campo yucateco, observar el cielo, reconocer los cambios en las plantas, identificar la floración de los árboles y atender las señales de los animales forma parte de los conocimientos que se transmiten de generación en generación.
Para las mujeres mayas que trabajan la tierra, cuidan las abejas y conservan las semillas, estas observaciones son parte de su relación cotidiana con la naturaleza. Ahora, a esa experiencia se suman los registros de una estación meteorológica que les permitirá conocer, con información medible, cómo se comporta el clima en su territorio.
La Red de Mujeres Guardianas del Puuc ahora cuenta con una segunda estación meteorológica comunitaria, instalada en Santa Elena, como parte de un proceso que busca fortalecer las capacidades de las productoras de la región ante los efectos del cambio climático.
La primera se instaló el año pasado en Tzucacab, y ambas forman parte de una iniciativa que apuesta por la participación de las mujeres en la generación y el aprovechamiento del conocimiento científico.
El equipo instalado en Santa Elena transmite información en tiempo real y actualiza sus registros cada cinco minutos, lo que permite consultar las condiciones meteorológicas de la localidad, como la temperatura, la humedad, el viento y las precipitaciones, variables que pueden aportar información útil para las actividades agrícolas y la crianza de abejas.
La instalación estuvo acompañada de una capacitación impartida por el meteorólogo yucateco Juan Antonio Palma Solís, quien explicó a las participantes el funcionamiento de los sensores, las variables que registran el equipo y las aplicaciones prácticas de esos datos en el campo.
Propósito
El propósito va más allá de colocar un aparato y conectarlo a internet. La intención es que las mujeres comprendan la información que produce, aprendan a interpretarla y puedan incorporarla a sus actividades cotidianas.
“Estamos haciendo ciencia ciudadana, ciencia del pueblo”, señaló Palma Solís al explicar la importancia de ampliar el acceso a las herramientas de observación meteorológica y capacitar a las comunidades para que aprovechen sus beneficios.
Complementación
El especialista destacó que los datos científicos no sustituyen el conocimiento ancestral de las comunidades mayas, por el contrario, pueden complementarlo.
Las observaciones del cielo, las plantas, los árboles y los animales, que funcionan como indicadores naturales de cambios ambientales, pueden analizarse junto con los registros numéricos para comprender mejor el comportamiento de la atmósfera.
Esta combinación permite que la experiencia acumulada por las mujeres encuentre nuevas herramientas para documentar lo que sucede en su entorno.
También abre posibilidades para investigar las condiciones particulares de la región yucateca, a partir de información generada desde las propias comunidades.
Contribución
Para las personas que se dedican a la apicultura y la meliponicultura, por ejemplo, conocer las variaciones de temperatura y lluvia puede contribuir a identificar condiciones que afectan a las abejas y la disponibilidad de alimento.
En la milpa y otros sistemas productivos, los registros pueden ayudar a reconocer períodos de calor intenso, cambios en las precipitaciones y otras condiciones relevantes para la planeación de las actividades.
Asimismo, Palma Solís resaltó el valor de contar con mediciones para documentar posibles afectaciones económicas relacionadas con fenómenos meteorológicos.
Ante una sequía, temperaturas extremas o lluvias que dañen una cosecha, disponer de registros locales permitiría aportar evidencia sobre las condiciones que enfrentó una comunidad, en lugar de depender únicamente de testimonios sobre las pérdidas.
Acompañamiento
Para Mineth Beatriz Medina García, directora general de la Junta Intermunicipal Biocultural del Puuc (Jibiopuuc), el acompañamiento especializado resulta fundamental para que la adquisición de estos equipos se traduzca en conocimiento útil.
La estación, indicó, no es proyecto aislado, sino parte de un trabajo que busca vincular a las mujeres con redes de monitoreo, intercambios de experiencias y procesos de aprendizaje.
La información generada también podría compartirse con otras redes e instituciones para ampliar su aprovechamiento.
La Red de Mujeres Guardianas del Puuc reúne a productoras de distintos municipios y comunidades que participan en actividades como la apicultura, la meliponicultura, la agricultura, la ganadería, la elaboración de artesanías y los bordados.
Hay mujeres involucradas en iniciativas de conservación de semillas, manejo comunitario del agua y ahorro colectivo.
El trabajo es acompañado por la Jibiopuuc, organismo que cumplió 12 años el pasado 10 de octubre, y cuenta con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La Junta promueve proyectos relacionados con la conservación ambiental, el desarrollo rural sustentable, la educación con enfoque biocultural, el fortalecimiento de capacidades y la participación de las mujeres.
En este proceso, la red busca hacer visible una contribución que con frecuencia queda relegada en las actividades productivas del campo.
“Visibilizar la participación de las mujeres en las actividades productivas” es uno de los propósitos que destacó Mineth Medina García, no solo para reconocer a quienes producen, sino también mostrar los conocimientos que poseen, las decisiones que toman y el trabajo que realizan para sostener las actividades de sus familias y comunidades.
La necesidad de fortalecer esa participación se relaciona, además, con las condiciones de acceso a la tierra y a los recursos productivos. En ocasiones, explicó la directora de la Jibiopuuc, los proyectos rurales se concentran en los hombres porque son quienes figuran como titulares de las tierras.
La Red de Mujeres Guardianas busca ampliar ese reconocimiento y generar espacios para que ellas también participen en la toma de decisiones y el desarrollo de sus comunidades.
Entre sus iniciativas figuran las casas de semillas, donde se resguardan variedades locales que pueden compartirse cuando una productora pierde sus reservas; las casas de la miel, que contribuyen a crear mecanismos de ahorro para apoyar la alimentación de las abejas en el siguiente ciclo productivo; y tres casas del agua, plantas purificadoras administradas por mujeres en comunidades de la región.
En estos proyectos, la organización colectiva permite generar recursos, compartir conocimientos y prepararse ante situaciones adversas. Las estaciones meteorológicas se incorporan a esa misma lógica: registrar las condiciones ambientales, reconocer riesgos y contar con información que ayude a decidir qué medidas tomar.
La experiencia también se extiende a las infancias y juventudes. A través de talleres y actividades comunitarias, niñas y niños han participado en ejercicios de observación de aves, reforestación, elaboración de hoteles para abejas, creación de semilleros y preparación de composta. Estas actividades buscan acercarlos al conocimiento de su entorno y promover el cuidado de los recursos naturales.
Para Mineth Medina García, formar parte de este proceso tiene un significado personal. Originaria de Oxkutzcab, creció entre los apiarios y la milpa, donde aprendió de su madre, también productora, labores relacionadas con la cosecha de miel y la siembra. Hoy, desde su trabajo en la Junta, busca contribuir a que esos conocimientos se fortalezcan y encuentren nuevas oportunidades de desarrollo.
La organización también ha impulsado intercambios entre comunidades y acciones para defender las condiciones necesarias para la producción. Entre ellas están las gestiones para ajustar los horarios de fumigación contra mosquitos en zonas cercanas a meliponarios, a fin de reducir los riesgos para los polinizadores.
Hacer ciencia también significa observar el territorio, registrar sus transformaciones y organizarse para responder a ellas. La tecnología no llega para reemplazar lo que las mujeres saben, es para aportar nuevos elementos a sus decisiones y dar mayor alcance a una experiencia construida durante años de convivencia con la tierra.
Con la segunda estación, las Guardianas del Puuc amplían una red en la que la ciencia se construye desde las comunidades y en la que las mujeres no son únicamente beneficiarias de proyectos ambientales, participan en la generación de información, el cuidado de los recursos naturales y la búsqueda de alternativas para enfrentar un clima cada vez más variable.
