Gastar más de lo que se gana responde tanto a ingresos insuficientes como al consumo impulsivo y la falta de planeación financiera, señala Iván Martínez Díaz, coordinador de Negocios Internacionales de la Universidad Anáhuac Mayab, al hablar sobre la educación financiera de los yucatecos.
En una entrevista con el Diario, el especialista en economía recomienda elaborar un mapa de deudas y concentrar los pagos adicionales en el crédito con mayor tasa de interés mediante el método avalancha, o en el de menor saldo, con el método bola de nieve.
También considera fundamental registrar los ingresos y gastos para conocer el margen financiero real, una práctica recomendada por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef).
Presión social
Al preguntarle por qué las personas gastan más de lo que generan, Martínez Díaz explica que vivimos en una sociedad de consumo en la que existe una constante presión para adquirir productos y servicios.
“Vivimos en una sociedad de consumo: la sociedad requiere que haya movilidad comercial, las empresas dependen de las ventas, prácticamente harán magia para vender y nosotros estamos en medio, porque necesitamos ciertos productos y también deseamos ciertos productos debido al marketing”, señala el experto.
Para dimensionar el problema, cita la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi) 2023, la cual reportó que el 30.5% de los adultos en México no tuvo dinero suficiente para cubrir sus gastos sin recurrir al endeudamiento.
A partir de este panorama, identifica tres razones por las que las personas gastan más de lo que ganan.
La primera es contar con un presupuesto sin margen para imprevistos, como una enfermedad o una reparación, situaciones que pueden obligar a solicitar dinero prestado.
La segunda es la acumulación de compromisos financieros. Las mensualidades de las tarjetas de crédito, por ejemplo, pueden parecer manejables de manera individual, pero al sumarse absorben una parte importante de la liquidez familiar. Esto puede llevar a las personas a solicitar nuevos préstamos.
La tercera razón son las decisiones de compra sin una visión completa de las finanzas personales. Esto ocurre cuando se adquieren productos por impulso, al aprovechar una rebaja, una oferta o simplemente porque algo llamó la atención.
Para evitar estas compras, recomienda aplicar la regla de las 24 horas: esperar un día antes de adquirir un producto y preguntarse si realmente se necesita y si es oportuno realizar ese gasto.
“Si después de 24 horas verdaderamente sigo necesitando el producto y considero que es una decisión oportuna, entonces lo compro”, indica.
Control de las deudas
Martínez Díaz hace hincapié en que también es importante elaborar un presupuesto, identificar los gastos innecesarios y, sobre todo, ordenar las deudas.
“Esto es súper importante: identificar cuál es la deuda que más liquidez me está quitando, cuál cobra más intereses y cuál necesito controlar de manera prioritaria”, puntualiza.
En el caso de Yucatán, señala que entre 2022 y 2024 se registró una diferencia entre el crecimiento del gasto y el ingreso de los hogares.
De acuerdo con los datos que cita, el gasto corriente monetario promedio por hogar aumentó un 21.8%, mientras que el ingreso corriente creció un 16%.
Esta diferencia, considera, permite observar que los gastos de los hogares están aumentando a un ritmo mayor que sus ingresos.
“Cuando financiamos un faltante que se repite cada mes, debemos tener en mente que estamos comprometiendo un ingreso que todavía no hemos ganado. Esto puede explicar por qué la gente gasta más de lo que genera”, opina.
Actualmente, dice, existe una amplia variedad de recursos para informarse sobre métodos y técnicas para liquidar deudas.
Entre ellos menciona la información pública de la Condusef, los apartados de educación financiera de los bancos, cursos y vídeos disponibles en internet e incluso herramientas de inteligencia artificial, que pueden ayudar a conocer y organizar distintas estrategias.
Así, sugiere comenzar por consultar la información de la Condusef y revisar los estados de cuenta. También recomienda leer los contratos de crédito, pues contienen datos importantes sobre las condiciones de cada financiamiento.
Guía de acción
El primer paso, insiste, es construir un mapa de deudas que responda preguntas básicas: ¿A quién debo? ¿Cuánto debo? ¿Qué tengo que pagar? ¿Cuánto debo destinar mensualmente? y ¿Cuándo vence cada compromiso?
Este ejercicio funciona como un diagnóstico de las finanzas personales. En él deben incluirse los ingresos, la liquidez disponible y los compromisos económicos, así como los gastos básicos que no pueden dejar de cubrirse.
Una vez elaborado el diagnóstico, propone dos estrategias para organizar los pagos adicionales: avalancha y bola de nieve.
El primero consiste en mantener los pagos mínimos o requeridos de todas las deudas y destinar el dinero adicional a aquella que genera la mayor tasa de interés.
El objetivo es reducir el costo del financiamiento y pagar menos intereses a lo largo del tiempo.
El segundo método, conocido como bola de nieve, también considera mantener los pagos requeridos de las demás deudas, pero concentra el dinero adicional en la que tiene el menor saldo pendiente.
La ventaja de esta estrategia es que permite liquidar una deuda en menos tiempo y avanzar progresivamente hacia las siguientes, lo que puede generar una mayor motivación para mantener el plan.
“Podremos concretar, finalizar y después pasar a la siguiente deuda. Al final, la elección del plan debe considerar los costos y, sobre todo, la posibilidad de mantenerlo”, propone.
El especialista advierte que uno de los errores es abandonar la estrategia después de uno o dos meses, cuando se trata de un plan que requiere 12 meses o más. En esos casos, aunque se consiga reducir ligeramente alguna deuda, no se logra liquidarla y se mantienen los compromisos que siguen generando intereses.
En su opinión, el proceso debe comenzar con información y un diagnóstico de las finanzas personales, continuar con el análisis de las alternativas disponibles y concluir con una decisión que permita mantener el control de los compromisos económicos.





