Los cementerios de Xoclán y General registran escasa concurrencia de personas y bajas ventas de flores después de los Días de Muertos
Los cementerios de Xoclán y General registran escasa concurrencia de personas y bajas ventas de flores después de los Días de Muertos

Los muertos han reclamado para sí su paz eterna, el silencio de nuevo se hizo presente en el Cementerio General de Mérida. Ahí el tiempo parece detenerse, entre tumbas y nichos, lápidas y osarios, ancestrales mausoleos y exquisitas esculturas de fino tallado que hablan y dicen sin palabra pronunciar. El cementerio volvió a la normalidad tras la celebración del Día de Muertos, presencia de difuntos ausencia de vivos.

A dos días de la solemnidad del Día de Muertos, luego del bullicio y la algarabía, tras haberles dado la bienvenida entre velas, aromas y flores, ayer estuvieron vacíos los estrechos corredores que conducen a los deudos a la última morada de sus finados.

Apenas roto el silencio, por el accionar del compactador del camión de basura de servilimpia, que devora de facto el contenido de numerosos botes de basura del lugar, no hay nada que indique presencia de persona alguna, son pocos los que llegan a depositar algunas flores para honrar a sus seres amados que al más allá se han adelantado.

Las tumbas estaban en su mayoría desiertas y descuidadas, ya nadie las procura o visita, se han vuelto lúgubres y ruinosas, poco queda del esplendor que alguna vez tuvieron, ni siquiera los suntuosos mausoleos de fino mármol escapan del implacable castigo del tiempo y la falta de mantenimiento.

Los sepultureros estaban inactivos, algunos ayudaban a levantar sillas y mobiliario de plástico habilitado días previos al Hanal Pixán. Tampoco se vendieron flores después de los días principales, las ventas se cayeron de manera estrepitosa.

Pocas tumbas tenían flores frescas en sus floreros. Destacaban el mausoleo del ex gobernador socialista Felipe Carrillo Puerto y la estela neomaya dedicada a Alma Reed.

El cementerio de Xoclán recuperó ayer martes su actividad habitual, luego de las jornadas de mayor afluencia por las celebraciones de Fieles Difuntos. Los pasillos, que recibieron a numerosas familias, estaban prácticamente vacíos y el movimiento vehicular en los alrededores disminuyó. Desde el exterior del camposanto se observaba una jornada distinta.

Había menos automóviles, las florerías atendían sin aglomeraciones y ya no era necesaria la presencia de policías para dirigir la circulación. El servicio del Va y Ven también realizaba sus recorridos con normalidad.

A diferencia de anteayerlunes, las rejas de acceso permanecían abiertas y se permitía el ingreso de vehículos particulares. Los peatones, por su parte, podían recorrer libremente los pasillos, donde apenas se observaba a algunos visitantes.

Pese a la disminución de personas, todavía quedaban muestras de las visitas recientes. Varias tumbas conservaban flores frescas, decoraciones y globos colocados por familiares para conmemorar cumpleaños.

Las floristas que durante los días anteriores ofrecieron sus arreglos a los marchantes ya no se encontraban en el interior del cementerio. La actividad comercial también había disminuido y los accesos recuperaban su funcionamiento habitual.

Trabajadores del Ayuntamiento retiraban las últimas vallas metálicas que delimitaban el recorrido del transporte público durante los días de mayor actividad. El espacio donde se celebró la misa de Fieles Difuntos también se encontraba vacío.

Entre los pocos visitantes estaba Juan Ramírez Quintana, quien aprovechó el ambiente de tranquilidad para dar mantenimiento a las tumbas de sus hijas.

Recordó que ambas fallecieron en el accidente ocurrido en la plaza de toros. Aunque no es originario de Mérida, explicó que decidió permanecer en la ciudad para no dejarlas solas.— Emanuel Rincón Becerra/ Ilse Noh Canché

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