La hepatitis A es la más frecuente a escala mundial, en especial en los niños, indica la gastroenteróloga Lourdes Lol-Be Pinzón Te.
También se contagian adultos mayores, precisa. La forma de contagio del germen es por transmisión fecal oral, o sea, al consumir alimentos contaminados o agua con residuos de materia fecal que tienen el virus.
“Cuando el germen se desarrolla en el cuerpo en realidad tiene manifestaciones un tanto inespecíficas”, explica la especialista, quien cuenta con una alta especialidad en motilidad gastrointestinal.
La hepatitis es el término que se utiliza para hablar de la inflamación del hígado, recuerda.
La doctora dice que existen varias causas del virus de la hepatitis. Aquellas que son de origen infeccioso y las más habituales son la A, B y C, con diferencias entre sí.
En el caso de la hepatitis A, sus síntomas son fiebre, malestar general e ictericia (coloración amarillenta en la piel y ojos). Incluso la orina es oscura o más concentrada, mientras que las heces fecales son un poco más pálidas (acolia).
“Lo bueno de la hepatitis tipo A es que hace cambios y posteriormente se va. No hay daños crónicos. Tiene un tiempo de estancia en el cuerpo del huésped”.
Vigilancia sobre la hepatitis
La entrevistada recalca que la hepatitis A sí amerita vigilancia del paciente, porque a veces suele presentarse una inflamación mayor del hígado que provoca tiempos prolongados de coagulación y sangrados, o que haya más actividad inflamatoria en el cuerpo de manera general.
“La mayor parte de los pacientes pueden ser vigilados en casa y progresivamente el virus se va eliminando, y no deja secuelas crónicas en el hígado”.
En ediciones anteriores, el Diario publicó sobre casos detectados de hepatitis A en dos escuelas en Chan Cenote, comisaría de Tizimín.
Las autoridades de salud implementaron acciones preventivas, entre ellas que los alumnos tomaran sus clases en línea.
La experta comenta que ante casos de esta enfermedad en colegios es más probable que sea del tipo A y la fuente de contaminación es en alimentos o agua contaminadas con residuos de materia fecal.
El factor más importante para desencadenar un brote es la contaminación de comida. Una medida preventiva eficaz es preparar los alimentos con higiene.
Menos frecuentes
Por otro lado, subraya que es distinto con las hepatitis B y C, que son menos frecuentes. Éstas son causadas por virus diferentes, los cuales se alojan habitualmente en el hígado, pero con comportamientos distintos y ambas pueden volverse crónicas.
Presentan manifestaciones inespecíficas y no tan llamativas como la hepatitis A, incluso pueden ser asintomáticas.
“Puede ser que el paciente tenga ictericia y un período corto de coluria (orina oscura o marrón) y acolia, síntoma que pasa desapercibido”, comparte.
Las formas de contagios también son diferentes: generalmente por vía sexual o sanguínea, o transmisión de mamá a bebé.
“Esas son las fuentes más cercanas y los grupos de riesgo son diferentes. Tendríamos que buscar a las personas que tienen relaciones sexuales con su mismo sexo, varón con varón, o las personas usuarias de drogas o que viven en lugares donde hay una concentración masiva de gente, como las cárceles o los asilos, donde comparten algunos instrumentos como la rasuradora, la aguja de una jeringa, etcétera”, apunta.
“Por eso, las hepatitis B y C ahora son menos frecuentes. Antes, en la época de nuestros abuelos que tienen 70 años, eran las causas más frecuentes de hepatitis crónica”, añade.
Campañas
En cuanto a las campañas de erradicación del sistema de salud, Lourdes Lol-Be Pinzón enfatiza que no se implementan, en algunos lugares la hepatitis C se considera erradicada y la B cada vez es menos frecuente.
No obstante, recalca que ambas pueden convertirse en crónicas y se suele ignorar a los niños, población que puede padecerlas.
“Cuando la hepatitis es crónica quiere decir que el virus que produce la enfermedad está de manera persistente en el cuerpo e inflama el hígado. Diferente a la hepatitis A que solo ingresa, hace cambios y después se elimina”.
La hepatitis B y C son curables, ya que hay medicamentos para eliminarlas y tienen una tasa de curación de hasta el 95%, sobre todo la C. De hecho, en México se cuenta con medicación oral para su erradicación.
Por el contrario, el tratamiento de la B puede ser por un tiempo indefinido, aunque sí es curable.
Cirrosis hepática
La doctora expone que podrían ser causa de la cirrosis hepática y la hepatitis A no tiene esta capacidad para producirla.
“Puede producir daño hepático agudo en los casos complicados que es muy infrecuente. En el caso de la hepatitis B y C puede persistir la infección crónica y producir cirrosis hepática”, puntualiza.
La experta reitera que la hepatitis más común en los niños en Yucatán es la A, así como en el mundo.
“Lo más frecuente es que haya una buena evolución del paciente y solo en casos muy seleccionados hay complicaciones. Por eso, consideramos que la mayor parte de los pacientes cursará la hepatitis A con buena evolución, se les vigila en casa y se les enseña a los padres cómo vigilar. De dos a tres semanas ya no debe haber síntomas”.
