CIUDAD DE MÉXICO (Por Elia Baltazar, corresponsal de Diario de Yucatán/AEE).— Sucede que en Ciudad de México, así como en otros estados del país, los gobiernos no han tenido la previsión de instalar algún lugar donde los migrantes deportados puedan vivir temporalmente. Hay refugios para gente en situación de calle, dice Ana Laura López, pero ellos no son indigentes. Son migrantes que en Estados Unidos trabajaban, pagaban impuestos, tenían casa, auto, una familia, y de pronto lo perdieron todo.

Como Ana Laura López o Adán Jácome León, un hombre de 46 años que residía en Las Vegas, Nevada, desde el año 2000 y fue deportado en diciembre pasado, cuando lo detuvieron por un incidente de tránsito.

Ahora él forma parte de Deportados Unidos y cada martes, junto con otros integrantes del colectivo, va al aeropuerto de Ciudad de México a esperar el avión que trae de vuelta a los mexicanos expulsados, quienes viajan esposados de pies y manos hasta aterrizar en su país. “Es una situación tristísima”, dice Adán.

Los voluntarios de Deportados Unidos “los recibimos, hablamos con ellos, les prestamos los teléfonos, los acompañamos al Metro o los llevamos a alguna dirección porque no saben andar en la ciudad, no la conocen”, explica Ana Laura. “Es lo básico que puede hacer un ser humano por otro”.

También tienen la opción de permanecer en las instalaciones de Deportados Unidos en la Lucha, donde además pueden incorporarse al taller de serigrafía.

“Los traemos aquí para que descansen mientras encuentran a su familia, dos o tres días después”, dice.

Ahora hay cinco viviendo en las instalaciones de la organización. Uno de ellos, Eleazar Hernández, está lesionado y necesita una operación. Solo cuentan por ahora con los recursos que obtienen de la venta de sus productos y de las donaciones de ropa usada que ellos venden para ayudar.

 

Trabajo Dificultad

Un puesto de trabajo formal es un lujo al que no aspiran los mexicanos deportados.

Discriminación

“No nos dan empleo, nos discriman o piensan que somos delincuentes porque estuvimos detenidos en una estación migratoria”, comenta con tristeza Adán Jácome León.